jueves, 19 de enero de 2017

TANGOGRAFÍA (19/01/2017)

¿Y SI NOS TOMÁRAMOS CON SERIEDAD LA GRAN LABOR DE ENSEÑAR TANGO?

En esta semana ya van dos ofertas de clases de tango que yo no he solicitado: una para unas clases mientras bailaba con un amigo de quien las dictaba y otra oferta, sin consentimiento y por intromisión en mi correo personal (a saber cómo encontraron mi dirección).
Tanta insistencia en una semana me ha hecho cuestionarme este tema y llegar a una firme conclusión: "¡Malo! Cuando el profesor te busca o te persigues sin que tú lo solicites... hay algo que no huele bien o no es agua clara... ¿será el negocio, quizá?¿Será que en el grupo hay pocos?¿Será que quieren que tenga más éxito su escuela o milonga...? Porque lo normal sería que cuando un alumno está interesado en recibir clases vaya él a buscar al profesor que le interesa o que busque publicidad de las ofertas, y no a la inversa.
Empieza a molestarme un poco esta moda e inercia de atreverse todo el mundo a dar clases de este baile. De manera humilde, antes de lanzarse cualquiera a esta misión, uno debería preguntarse si está realmente preparado para ello, y preparado en dos cosas: 1) en experiencia del baile y 2) para saber enseñar.
Quizá es que mi profesión como docente me hace cuestionarme estas cosas casi a diario. Tener alumnos a los que enseñar, si quieres hacerlo bien, es una gran responsabilidad. Y enseñar lo que es el tango, fuera de un baile de moda, con toda la complejidad cultural, musical y de consciencia corporal y de movimiento aún es mayor responsabilidad. Porque de esos profesores depende, así como del buen criterio y la consciencia de los alumnos, que el tango del presente y el futuro sea algo hermoso y profundo, en vez de un baile superficial, que se aprende rápido, de cualquier manera y sin personalidad.

jueves, 12 de enero de 2017

TANGOGRAFÍA (11/01/2017)

UNAS PALABRAS PENDIENTES PARA GABRIEL MISSÉ

(El día que me presentaron a mi bailarín favorito,sentí unas ganas enormes de ocultarme tras aquel enorme espejo en el que me apoyaba y que ocupaba la pared entera del salón. Quise matar al artífice de la presentación...¿Qué se le puede decir de forma oportuna a la persona que admiras cuando la tienes ante ti...? Hoy vi un vídeo suyo y me dio por pensar nuevamente por qué me gusta tanto cómo baila Gabriel Missé. En esas reflexiones encuentro rastros de tango y yo también me descubro de forma sutil)

¡Quién no ha tenido alguna vez un ídolo! un ser sobrenatural, extraterrestre y endiosado que ocupaba gran parte de nuestro tiempo, nuestras paredes, marcos fotográficos o incluso carpetas de estudio, junto al gran espacio de nuestros sueños e ilusión. Mitad amigo invisible, mitad maestro secreto, alimento del corazón y del alma, era ese ser imposible que siempre, siempre, sin excepción, nos recogía en las caídas y nos empujaba hacia adelante, o hacia arriba, para continuar con nuestros sueños, nuestra esencia y nuestra pasión... allí, dentro de nosotros, sólo en nuestra imaginación, con vida en nuestra soledad.
Gabriel Missé ha sido esa especie de aliento para mí, ese milonguero y bailarín que un día me conectó de forma diferente con el tango. Él es el fantasma que viene, junto a Carlitos Gardel, cuando me canso de este baile y pienso una vez más en dejarlo. Él hace que recuerde en algún momento incierto uno de sus bailes, y que vaya a buscarlo y lo mire aún asombrada y con intriga, justo antes de volver a pisar una pista.
Muchas veces me he preguntado "¿Por qué un hombre y no una mujer? Una bailarina sería más fácil de estudiar en mi rol a la hora de bailar..." y aunque es muy difícil de racionalizar, es como si la intuición me dictara que Gabriel Missé entero es la reencarnación o el cuerpo mismo del tango, yo siento eso con intensidad cuando lo veo moverse o pararse al ritmo de la música haciendo un sutil y casi inapreciable balanceo. Missé es simple y complejamente Missé, él, único, con su estilo y prestancia. Pero misteriosamente es además un medium de toda la historia del tango (joven y viejo en el baile) es capaz de hacerme llorar viéndolo sencillamente caminar. Una y otra vez me pregunto "¿Cómo lo hace... para que parezca tan fácil, suave y natural?" No hay que buscar sus vídeos con tango de escenario para valorarlo o sorprenderse, basta con verlo acariciar con los pies el piso haciendo dibujos sutiles y precisos o caminando de forma felina; basta con observar sus pausas y ver en ellas un mundo con un montón de significados. Eso que parece simple, es precisamente lo que cuesta de encontrar, pero lo que distingue, junto con el estilo propio.
Lo conocí a través de su hermana: Andrea. Yo apenas comenzaba a caminar en ese baile y necesitaba buscar vídeos de referencia. Así descubrí a Andrea. Todos los días, a la hora de comer, me veía tres o cuatro de sus tangos. Un día, por casualidad, fui a parar con un vídeo en el que ella bailaba en grupo. Apenas era una adolescente y algunos de los integrantes del espectáculo eran niños. Entre ellos figuraba un tal "Gabriel Missé" que se movía con pericia, pese a su corta edad.
Y como soy curiosa, ya me conocéis, inmediatamente busqué vídeos con ese nombre. Viajé por su trayectoria, viendo cómo era su tango con diferentes bailarinas: su hermana, Guillermina Wilson, Geraldine, Guillermina Quiroga, Alejandra Mantiñán, Analía Centurión, Carla Espinoza... con todas cambiaba, pero seguía quedando algo propio intacto.
Missé es el bailarín completo de pista y de escenario, la conexión entre los jóvenes y los viejos milongueros; es el joven curtido de experiencia que desde niño mamó y aprendió el tango; es el galán bailando porque, pudiendo ser presuntuoso y teniendo recursos vistosos y elaborados, puede usar en el momento oportuno los sencillos y adecuados; es el bailarín dialogante: porque puede escuchar o hacer lucir a la dama; es el depurador perfeccionista del tango porque en su estilo ha sabido incorporar caminatas, cadencia y pausas, que es el esqueleto del tango; es el actor compositor del movimiento, porque toma la música y la interpreta, subrayando algunos momentos de intriga e intensidad y luego usando la relajación en otros momentos (creando gran emoción-tensión y calma). Y lo mejor de todo, es el tipo que sigue yendo a las milongas, rodeado de su séquito de amigos, buscadores de su aura o interesados (todo en conjunto quizá... eso también forma parte del tango) Pero pisa las pistas de las milongas y a veces baila, intentando camuflarse entre el resto de milongueros. Sin éxito, por supuesto, para sus competidores o envidiosos, o para aquellas humildes almas que lo admiramos y le seguimos el rastro entre codos, torsos y faldas. Porque su manera de bailar lo distingue, incluso cuando las pistas de baile están abarrotadas. Él es el rey del tango.