martes, 28 de febrero de 2017

TANGOGRAFÍA 2 (28/02/2017)

CUÁNTOS AÑOS LLEVAS BAILANDO TANGO...

¿Los años nos igualan? ¡Y una mierda! ¿Eres tú, tengas la edad que tengas, igual que todos los que tienen tu edad... aprendiste lo mismo? Plantéatelo unos segundos...
Entonces... si no es el caso, ¿por qué tendría que ser decisivo, importante o una garantía de algo los años que llevas bailando tango...?
Yo supongo que es una pregunta que debemos de hacer por inercia, pero me asusta cuando hay gente con pocas luces que se toma esos años sin pensar en nada más como garantía de no sé qué. Si les engañas diciendo "llevo quince o veinte" te respetan o de forma mágica apareces ante sus ojos como una gran bailarina y si les dices que llevas sólo tres, se vuelven imbéciles "ipso facto" y empiezan a ejercer el rol absurdo de profesores de baile.
Y es que se me ocurren de golpe un sinfín de preguntas con las que increpar a los que habitualmente me hacen esa pregunta. Pongamos ejemplos: ¡Umnnn...! Cuando me preguntas los años de baile... ¿Tienes en cuenta la gente que sale a menudo a las milongas, y a qué milongas? ¿Caes en la cuenta de si la gente va sólo a clase un día por semana y luego desconecta de lo que le enseñaron o consideras también si hay un grupo de gente que practica además en su casa para avanzar?¿Tienes en cuenta su actitud (porque hay personas que, por más que el profesor les diga mil veces lo que tienen que mejorar, se niegan a mejorar...) y en cambio, en un mismo grupo, hay otra gente entusiasmada, autocrítica, exigente y con muchas ganas de aprender?¿Y en cuanto a las aptitudes o habilidades... las contemplaste (porque hay gente que capta las cosas al instante y otros a los que les cuesta horrores saber de qué va)?¿Cuentan dentro de esos años si escuchas música o no, si sabes qué puñetas bailas y porqué lo bailás así o asá...?¿Y la observación... eso queda dentro o fuera...?- lo aclararía porque hay personas que ven, pero que les cuesta mucho observar... ¿Y el carácter, la sensibilidad, lo que te movió a bailar, lo que encontraste en el baile, tus experiencias, errores, aciertos, descubrimientos... todo esto... dónde lo sumamos o restamos...?
En fin, si hiciese todas estas preguntas cada vez que sienten curiosidad por saber los años que llevo bailando, perdería por lo menos dos tangos de una tanda, y mi pareja otros dos, como mínimo, buscando las respuestas. Así que prefiero dejarlo aquí por escrito como reflexión y añado además mi propia conclusión.
A veces hay gente que lleva veinte años con los mismos vicios y errores, sin capacidad crítica ni curiosidad y eso no es en absoluto experiencia ni maestría en el tango: son años poco aprovechados en el baile. Y a veces veo gente apasionada y con una especial sensibilidad que convierte dos o tres años en una fuente inagotable de oportunidades, aprendizajes y retos. No sé vosotros, pero yo, en vez de usar como rasero los años, me quedo con cómo aprovechan el tiempo las personas y en cómo son en su conjunto. Para mí esa es la garantía del éxito en la vida y en el tango.

jueves, 19 de enero de 2017

TANGOGRAFÍA (19/01/2017)

¿Y SI NOS TOMÁRAMOS CON SERIEDAD LA GRAN LABOR DE ENSEÑAR TANGO?

En esta semana ya van dos ofertas de clases de tango que yo no he solicitado: una para unas clases mientras bailaba con un amigo de quien las dictaba y otra oferta, sin consentimiento y por intromisión en mi correo personal (a saber cómo encontraron mi dirección).
Tanta insistencia en una semana me ha hecho cuestionarme este tema y llegar a una firme conclusión: "¡Malo! Cuando el profesor te busca o te persigues sin que tú lo solicites... hay algo que no huele bien o no es agua clara... ¿será el negocio, quizá?¿Será que en el grupo hay pocos?¿Será que quieren que tenga más éxito su escuela o milonga...? Porque lo normal sería que cuando un alumno está interesado en recibir clases vaya él a buscar al profesor que le interesa o que busque publicidad de las ofertas, y no a la inversa.
Empieza a molestarme un poco esta moda e inercia de atreverse todo el mundo a dar clases de este baile. De manera humilde, antes de lanzarse cualquiera a esta misión, uno debería preguntarse si está realmente preparado para ello, y preparado en dos cosas: 1) en experiencia del baile y 2) para saber enseñar.
Quizá es que mi profesión como docente me hace cuestionarme estas cosas casi a diario. Tener alumnos a los que enseñar, si quieres hacerlo bien, es una gran responsabilidad. Y enseñar lo que es el tango, fuera de un baile de moda, con toda la complejidad cultural, musical y de consciencia corporal y de movimiento aún es mayor responsabilidad. Porque de esos profesores depende, así como del buen criterio y la consciencia de los alumnos, que el tango del presente y el futuro sea algo hermoso y profundo, en vez de un baile superficial, que se aprende rápido, de cualquier manera y sin personalidad.

jueves, 12 de enero de 2017

TANGOGRAFÍA (11/01/2017)

UNAS PALABRAS PENDIENTES PARA GABRIEL MISSÉ

(El día que me presentaron a mi bailarín favorito,sentí unas ganas enormes de ocultarme tras aquel enorme espejo en el que me apoyaba y que ocupaba la pared entera del salón. Quise matar al artífice de la presentación...¿Qué se le puede decir de forma oportuna a la persona que admiras cuando la tienes ante ti...? Hoy vi un vídeo suyo y me dio por pensar nuevamente por qué me gusta tanto cómo baila Gabriel Missé. En esas reflexiones encuentro rastros de tango y yo también me descubro de forma sutil)

¡Quién no ha tenido alguna vez un ídolo! un ser sobrenatural, extraterrestre y endiosado que ocupaba gran parte de nuestro tiempo, nuestras paredes, marcos fotográficos o incluso carpetas de estudio, junto al gran espacio de nuestros sueños e ilusión. Mitad amigo invisible, mitad maestro secreto, alimento del corazón y del alma, era ese ser imposible que siempre, siempre, sin excepción, nos recogía en las caídas y nos empujaba hacia adelante, o hacia arriba, para continuar con nuestros sueños, nuestra esencia y nuestra pasión... allí, dentro de nosotros, sólo en nuestra imaginación, con vida en nuestra soledad.
Gabriel Missé ha sido esa especie de aliento para mí, ese milonguero y bailarín que un día me conectó de forma diferente con el tango. Él es el fantasma que viene, junto a Carlitos Gardel, cuando me canso de este baile y pienso una vez más en dejarlo. Él hace que recuerde en algún momento incierto uno de sus bailes, y que vaya a buscarlo y lo mire aún asombrada y con intriga, justo antes de volver a pisar una pista.
Muchas veces me he preguntado "¿Por qué un hombre y no una mujer? Una bailarina sería más fácil de estudiar en mi rol a la hora de bailar..." y aunque es muy difícil de racionalizar, es como si la intuición me dictara que Gabriel Missé entero es la reencarnación o el cuerpo mismo del tango, yo siento eso con intensidad cuando lo veo moverse o pararse al ritmo de la música haciendo un sutil y casi inapreciable balanceo. Missé es simple y complejamente Missé, él, único, con su estilo y prestancia. Pero misteriosamente es además un medium de toda la historia del tango (joven y viejo en el baile) es capaz de hacerme llorar viéndolo sencillamente caminar. Una y otra vez me pregunto "¿Cómo lo hace... para que parezca tan fácil, suave y natural?" No hay que buscar sus vídeos con tango de escenario para valorarlo o sorprenderse, basta con verlo acariciar con los pies el piso haciendo dibujos sutiles y precisos o caminando de forma felina; basta con observar sus pausas y ver en ellas un mundo con un montón de significados. Eso que parece simple, es precisamente lo que cuesta de encontrar, pero lo que distingue, junto con el estilo propio.
Lo conocí a través de su hermana: Andrea. Yo apenas comenzaba a caminar en ese baile y necesitaba buscar vídeos de referencia. Así descubrí a Andrea. Todos los días, a la hora de comer, me veía tres o cuatro de sus tangos. Un día, por casualidad, fui a parar con un vídeo en el que ella bailaba en grupo. Apenas era una adolescente y algunos de los integrantes del espectáculo eran niños. Entre ellos figuraba un tal "Gabriel Missé" que se movía con pericia, pese a su corta edad.
Y como soy curiosa, ya me conocéis, inmediatamente busqué vídeos con ese nombre. Viajé por su trayectoria, viendo cómo era su tango con diferentes bailarinas: su hermana, Guillermina Wilson, Geraldine, Guillermina Quiroga, Alejandra Mantiñán, Analía Centurión, Carla Espinoza... con todas cambiaba, pero seguía quedando algo propio intacto.
Missé es el bailarín completo de pista y de escenario, la conexión entre los jóvenes y los viejos milongueros; es el joven curtido de experiencia que desde niño mamó y aprendió el tango; es el galán bailando porque, pudiendo ser presuntuoso y teniendo recursos vistosos y elaborados, puede usar en el momento oportuno los sencillos y adecuados; es el bailarín dialogante: porque puede escuchar o hacer lucir a la dama; es el depurador perfeccionista del tango porque en su estilo ha sabido incorporar caminatas, cadencia y pausas, que es el esqueleto del tango; es el actor compositor del movimiento, porque toma la música y la interpreta, subrayando algunos momentos de intriga e intensidad y luego usando la relajación en otros momentos (creando gran emoción-tensión y calma). Y lo mejor de todo, es el tipo que sigue yendo a las milongas, rodeado de su séquito de amigos, buscadores de su aura o interesados (todo en conjunto quizá... eso también forma parte del tango) Pero pisa las pistas de las milongas y a veces baila, intentando camuflarse entre el resto de milongueros. Sin éxito, por supuesto, para sus competidores o envidiosos, o para aquellas humildes almas que lo admiramos y le seguimos el rastro entre codos, torsos y faldas. Porque su manera de bailar lo distingue, incluso cuando las pistas de baile están abarrotadas. Él es el rey del tango.

viernes, 4 de marzo de 2016

TANGOGRAFÍA (04/03/16)



Se ha teorizado tanto el tango, existe tanta oferta de clases y eventos, tanto cuidar la técnica, los pasos, los estilos, los referentes, la nacionalidad, lo que te falta o no, lo que debes pulir... que pareciera que se ha perdido el hábito de sentir un tango desde dentro, en profundidad (su motor original, la primera piedra...), o quizá ni se cae en la cuenta. Sentir una letra y que te llegue al alma, ponerte a llorar y quedarte sin ganas de hablar, porque en su contenido hay mucha vida en pocas palabras y hay también una tragedia.
Yo diría que hay un tango para los alegres, los que disfrutan bailando y se lo pasan genial cuando van a las milongas.
Y luego aparte, quizá hay un tango introspectivo, uno sincero y coherente con las letras. Es un tango que no puede entender quien no ha sufrido o vivido cosas intensas en la vida (aunque baile muy bien), es un tango que conoce mejor alguna gente mayor por todas la vicisitudes de la vida, por el paso irremediable del tiempo y las ausencias. Es un tango que nadie te puede enseñar y que va con tus experiencias. Es el único tango que, sin pisar una pista, te acompaña en los peores momentos, te muestra quién eres y nunca te va a dejar. Es el tango de casa o conventillo, el de penumbra, el de confesión.
El tango lúdico no está mal, ni tampoco el de interpretar papeles, el de inventarte tu película o ir con máscaras para protegerse uno y ocultarse mientras baila, incluso el del espejo a veces tiene su gracia... pero encontrar a alguien con quien bailar un tango sincero e introspectivo, además de inusual, debe de ser una experiencia sublime y descomunal.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

TANGOGRAFÍA (26/08/15)

EL DÍA QUE ME CAMBIARON LA PELÍCULA DE TANGO:

Todos los que bailamos tenemos aquel día horrible que dejó grave secuela en toda nuestra historia tanguera. Ayer recordé el mío y volví a tener la certeza de que aún cayéndome en la pista o quedándome en paños menores en un voleo, nada podría ser ya peor.
Aquella especie de vacuna anticipada del baile llegó el día de mi aniversario, cuando la cordial anfitriona de la milonga a la que asistí me hizo salir a bailar. Apenas llevaba un año y unos meses bailando y notaba encima de mí todas aquellas miradas escrutadoras. En aquel vals tan extraño, más o menos a media interpretación, abrí los ojos y me encontré frente mí al que yo consideraba el mejor bailarín de Barcelona, aquel de porte elegante, pisadas felinas y que clavaba a la perfección la música. Se acercaba sonriente cada vez más, sin la pantalla de los vídeos en medio y sin bailarina y era muy tarde para huir. "¿Qué hace este señor aquí?"- me pregunté cuando finalmente me abrazó. Tuve la impresión repentina que por algún accidente del azar se habían combinado dos películas distintas. Me quedé inmóvil, de bloque de piedra, no entendía lo que pasaba. Pero el vals tenía que continuar... El bailarín intentaba mover aquella especie de momia en la que me había convertido de la mejor manera. Yo solo recuerdo que tenía unas ganas tremendas de que se abriese rápidamente el suelo y que se tragase a aquel señor, que no quedase ni rastro. El tiempo pasaba eternamente lento. Estaba a punto de entrarme un ataque de corazón. Siglos y siglos en medio minuto, aumentaba mi desesperación: "Quítenme de encima a este bailarín, ¡Caballeros! que salga otro ya..." Eso es lo que yo intensamente deseaba, pero allá no se movía ni dios.
Por suerte, pude superar aquel día en que un gesto bonito se convirtió en un infierno para mí. Era hermosa la lección de saberme ridícula y vulnerable en un momento y aceptarlo. Volver a la consciencia de que todos somos en parte algunas veces así y que nadie es perfecto.
Pero ese día aún me regalaron para mi cumpleaños algo mejor. Quizá parezca una tontería, pero a veces los detalles son grandes: aquel señor que no me conocía y que bailaba tan bien, salió a bailar conmigo, mientras que otros conocidos milongueros no se atrevieron quizá por el qué dirán o por llevar yo tan poco bailando. Las milongas tienen eso que, para bien o para mal, siempre hay gente que te sorprende.

TANGOGRAFÍA (02/09/15)



Y TODA YO ME CONVERTÍA EN UN TANGO:
Soñé que nadaba en una piscina llena de tangos. Se me metían por la piel, me dejaba llevar por ellos, se me infiltraban en el cuerpo y circulaban como la sangre por todas partes. Me salían constantemente por los poros mientras me abandonaba con placer a ese simple fluir del baile. Los tangos movían mi cuerpo en la piscina como una marioneta. Habían tomado el mando de la razón y sabían perfectamente por dónde tenían que salir y cobrar forma en la pista.
"Qué sueño más lindo"- pensé esta mañana mientras iba en el autobús a trabajar...
Sé que aquellos dos tangos de la noche me marcaron profundamente hasta adquirir forma de revelación. Por eso tuve aquel sueño. No eran mis dos tango de la noche "ésos perfectos de no bailar más por hoy", eran los tangos de aquel milonguero que a mí me parecieron como propios. ¿Por qué bailaba diferente al resto?¿Por qué despertaba intensamente mi curiosidad? Había unos cuantos bailarines muy buenos en la pista: gente elegante, con técnica, con un buen abrazo, siguiendo e interpretando la música... y, sin embargo, no podía despegar los ojos de aquella figura que se movía por la pista con fluidez y con su manera tan particular de danzar.
Después de unas tandas observándolo lo comprendí. Aquel bailarín, no sólo interpretaba la música, saltando con fluidez de un compás a la melodía, a un instrumento, al cantor o a una emoción. Aquel bailarín hacía un todo con la música de un tango, se lo apropiaba y lo vivía, y luego lo sacaba como si fuese un tango con alma. Captaba la esencia y le daba forma al bailar.
Lo hacía con naturalidad, sin esfuerzo, como quien respira... Jugaba con la música y la sentía o se divertía. No exhibía, no hacía un amplio abanico de figuras. Era contenido, sencillo e íntimo al bailar.
Entonces lo vi claramente: ni elegancia, ni sensualidad, ni adornos, ni técnica, ni pasos inventados... yo quería aquello por encima de todo: meterme en la música, que me fluyese por todo el cuerpo y luego sacarla convertida en baile: pura, con emoción, como si la orquesta entera estuviese dentro y yo jugara con ella en cada uno de los bailes.

Ése sería mi estilo con los años, el esencial, el único.

lunes, 8 de septiembre de 2014

TANGOGRAFÍA 127: EL DÍA EN QUE SABRÁS BAILAR



Suena una música y el primer interruptor que se te enciende es la imaginación. Entras en una especie de trance arrollador y te sorprendes bailando con una fluidez... llevas el compás, los pies se deslizan con elegancia y ligereza, entiendes a tu pareja a la perfección, te salen unos voleos de vértigo y todo lo que haces en el baile, todo, todo... es una sorpresa oportuna: ¡Anda, mira que bien ha quedado esto aquí en este golpe de campanilla, o este vuelo de pierna con el violín...!
Pero no todo es este baile feliz que sirve como autopropulsión, luego llega el cuerpo y te jode el plan. El cuerpo es ese ser anciano con achaques, del que constantemente debes ir tirando: "¡Vamos, abuelo, que llegamos tarde en el compás, arrastra usted los pies como si cargase sacos de tierra, esos voleos además parecen coces y le viene a usted pisando desde hace un rato su compañero!"
Si no fuese por el cuerpo, el baile sería tan bello... pero le faltaría la casa al baile... Por eso hay que seguir mejorando ese hogar, hacer que la imaginación se alíe con esa carne y esos huesos que un día, con técnica, llegarán a ser más ligeros. Yo sólo me digo a veces con esperanza "Ya verás, imaginación, lo bella que te vas a ver el día en que te atrape el cuerpo". Será el día en que por fin sabrás bailar un tango.