Y TODA YO ME CONVERTÍA EN UN TANGO:
Soñé que nadaba en una piscina llena de tangos. Se me metían por la piel, me dejaba llevar por ellos, se me infiltraban en el cuerpo y circulaban como la sangre por todas partes. Me salían constantemente por los poros mientras me abandonaba con placer a ese simple fluir del baile. Los tangos movían mi cuerpo en la piscina como una marioneta. Habían tomado el mando de la razón y sabían perfectamente por dónde tenían que salir y cobrar forma en la pista.
"Qué sueño más lindo"- pensé esta mañana mientras iba en el autobús a trabajar...
Sé que aquellos dos tangos de la noche me marcaron profundamente hasta adquirir forma de revelación. Por eso tuve aquel sueño. No eran mis dos tango de la noche "ésos perfectos de no bailar más por hoy", eran los tangos de aquel milonguero que a mí me parecieron como propios. ¿Por qué bailaba diferente al resto?¿Por qué despertaba intensamente mi curiosidad? Había unos cuantos bailarines muy buenos en la pista: gente elegante, con técnica, con un buen abrazo, siguiendo e interpretando la música... y, sin embargo, no podía despegar los ojos de aquella figura que se movía por la pista con fluidez y con su manera tan particular de danzar.
Después de unas tandas observándolo lo comprendí. Aquel bailarín, no sólo interpretaba la música, saltando con fluidez de un compás a la melodía, a un instrumento, al cantor o a una emoción. Aquel bailarín hacía un todo con la música de un tango, se lo apropiaba y lo vivía, y luego lo sacaba como si fuese un tango con alma. Captaba la esencia y le daba forma al bailar.
Lo hacía con naturalidad, sin esfuerzo, como quien respira... Jugaba con la música y la sentía o se divertía. No exhibía, no hacía un amplio abanico de figuras. Era contenido, sencillo e íntimo al bailar.
Entonces lo vi claramente: ni elegancia, ni sensualidad, ni adornos, ni técnica, ni pasos inventados... yo quería aquello por encima de todo: meterme en la música, que me fluyese por todo el cuerpo y luego sacarla convertida en baile: pura, con emoción, como si la orquesta entera estuviese dentro y yo jugara con ella en cada uno de los bailes.
Ése sería mi estilo con los años, el esencial, el único.
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