Lo más difícil del tango, como en la vida, es hacerte respetar como persona y como bailarina. Creo que a veces las mujeres perdemos el norte, principalmente cuando comenzamos en este mundo, parece que nuestro objetivo es que nos saquen más hombres y bailar más. Así se vende y así se cree, yo también caí al principio en este planteamiento erróneo.
Con el tiempo te das cuenta de que lo prioritario es preguntarse: "¿qué estoy buscando yo en este baile?" Lo digo porque esto puede evitarte un sinfín de enredos y confusiones.
Hace unos días un compañero de milonga me comentó en broma: "Algún día bailarás con los que están en el otro extremo de la pista, con los de la zona VIP... jajajajaja". A mí la verdad es que aquel comentario, más que causarme risa o parecerme un cumplido, me generó repelús. No estaba en mi lista de aspiraciones ese propósito, sinceramente, me daba cuenta de que mi deseo no era bailar con gente que domina una técnica pasando por alto mi valor como persona, o bien con gente que no entrega algo profundo al bailar. Me parecía humillante ir persiguiendo un baile con un hombre que me ignorara a priori por mi nivel. Es más, se me hacía que el hombre era tonto por fijarse sólo en eso... yo estoy, sin duda, por encima de todas esas cosas, el baile es mucho más que imitar pasos como un mono, requiere de un sinfín de habilidades personales que no todos los expertos tienen.
He bailado ya con bastantes hombres, y de momento tengo claro lo que me hace sentir bien: yo busco en el baile la parte humana, la conexión, la entrega. He vivido esta experiencia con hombres que comenzaban y también con maestros de muchos años (gente humilde y cercana sin aires de soberbia) . Así que hay que tener mucho cuidado cuando se cita la cuestión de los niveles, a mi entender es una actitud prejuiciosa. Supongo que quien la practica tiene esa inseguridad de no ser buen bailarín en el fondo (porque el buen bailarín baila bien con cualquiera y se adapta a todo) y porque, en el fondo, vive viendo su baile desde el exterior, sin contemplar la posibilidad de que el baile es disfrutar y sentir algo con alguien y aceptar el reto de la novedad.
Luego está ese otro tipo de hombre que no te respeta porque le parece que hay gente increíble bailando y entonces te rebaja comparándote con ellos. Pero lo cierto es que tú no quieres entrar en ese juego de comparaciones, sabes entonces que ese tipo de personas viven mirando y juzgando, y lo peor, no creo que con ese carácter débil lleguen a encontrar su estilo personal. A lo sumo serán copias de esas personas tan admiradas. Y serán esa masa criticona y rígida en las milongas.
Y ya por último, encontramos los dos especímenes peores. El que te saca para llenar un baile, sin ningún interés ni implicación, y el que te saca para lucirse, llámese narcisista. Éste último, además de anularte completamente o convertirte en la mujer florero, se mostrará insatisfecho y te exigirá que hagas adornos que él quiere y figuras hipercomplicadas que, en el caso de no seguir, luego te dará una lección, o bien aprovechará la propia pista para ello. Es un tipo peligroso, porque en el fondo quiere una bailarina brillante para canalizar su frustración como bailarín.
A mi entender, un baile puede convertirse en algo tóxico si se produce alguna de estas situaciones que he citado. Nunca hay que perder de vista todo lo que vales y puedes dar, si alguien cree lo contrario, o busca excusas diversas, es sencillamente porque no es la pareja de baile que te mereces.
martes, 29 de julio de 2014
TANGOGRAFÍA 72:
Me gustaría crear una revista que se titulara "Malena calla el tango como ninguna" o bien "Las malenas". Se me ha ocurrido ahora, ya cansada de visitar miles y miles de páginas dedicadas al tango, y de que entre ellas no aparezca ni una sola en la que una mujer cuente sus dificultades y luchas en este baile. Tantos seminarios, tantas clases, tantos encuentros... y hay algo que siempre permanece oscuro en la mujer: su proceso. Éste es un monólogo que ya cada una se solucionará, pero que es común a todas. No deja de hacerme gracia ir a las milongas y escuchar lamentaciones de mujeres que se pasan horas esperando un baile, mujeres que callan bailes deseados y que se sienten insatisfechas con sus parejas de bailes. Todo está latente, todo es común, todo está callado. La situación me recuerda a esos grabados de Goya donde se entrevén mujeres hablando en la nebulosa de sombra.
TANGOGRAFÍA 71:
- ¿Y qué sentido tiene que una mujer vaya aprendiendo figuras que luego apenas alguien le hará? ¿Vale la pena el esfuerzo, la ilusión y el tiempo que una dedica a practicar lo que quizá nunca verá la luz?¿Será acaso masoquismo o interés por lo inútil?
(Él está al otro lado del teléfono y contesta enseguida: "Te entiendo, a mí me pasa lo mismo")
Replico enseguida:
- No, no es lo mismo, el tango es machista y depende de tu elección como hombre. Ahora podemos practicar esa colgada que quieres y cuando te apetezca la incluyes en un baile, salga bien o salga mal, será tu elección. Yo, en cambio, tengo que esperar a recibirla. ¿Sabes lo que me recuerda esto? Es como hablar swahili en España, para encontrar a alguien que hable ese idioma ya puedes esperar sentado y mientras tanto ir practicando diariamente tres o cuatro horas esa lengua inusual.
(Con eso quise despedirme y tirar la toalla por hoy, pero él se me adelantó: "Pues ¿sabes qué? No estoy de acuerdo, merece la pena todo esto por un solo tango, un solo tango que sientas especial, que bailes con placer, con esa persona que te hará volar") Callé unos segundos y pensé "eso es lo que hacen las madres con sus hijos, eso es lo que haces con tus pasiones después de tanto luchar, eso es lo que haces con la persona que amas y que es especial".
Retomé el auricular y contesté: ¿A qué hora habíamos quedado para ensayar? Me vino la certeza de que ese baile especial iba a llegar.
TANGOGRAFÍA 68:
Me envía un amigo una imagen con este mensaje "En las milongas no se corrige ni se enseña a bailar". Hay milongueros que, efectivamente, no entienden la diferencia entre una clase de tango y una milonga. Son esos que siempre te dicen "¿Me permites un consejo?" mientras bailas, cortando todo tipo de empatía o magia, si es que a priori la había. Y es muy gracioso el comentario, porque si dices "No" generas mal rollo y es muy probable que te quedes sin compañero. En realidad es una pregunta con trampa, porque el consejo te lo dará independientemente de lo que digas... por supuesto, sin caer en la cuenta de que si tú quisieses a priori un consejo se lo pedirías tú de antemano.También es interesante la apreciación de que quien da el consejo se convierte automáticamente en experto.
Pero aún hay algo más importante en los bailes de las milongas, es algo que me inquieta sobremanera: son las intenciones de tu baile y lo que vas a buscar tú en las milongas. Hay quien va a divertirse y a socializarse como prioridad y el baile es algo ligero, es como una charla distendida con los pies y, mientras la mantienes, puedes saludar a otros, hablar con la pareja, ver a los que bailan delante, etc. Hay quien va a lucirse y piensa que todos lo están mirando, motivo por el cual sólo puede bailar con gente de "qualité" o gente a la que dar muchos consejos y, los hay, por último, que buscan en el baile algo profundo y de entrega y que se toman cada baile como algo muy especial y serio.
De momento, por lo que llevo de experiencia, lo normal son los dos primeros grupos, los que miran hacia afuera, en vez de mirar hacia adentro. La verdad es que es una pena, porque sin quererlo, muchos bailes están perdidos y se transforman en algo vacío, sin alma, sin entrega. Es lo que menos me gusta del tango.
Pero aún hay algo más importante en los bailes de las milongas, es algo que me inquieta sobremanera: son las intenciones de tu baile y lo que vas a buscar tú en las milongas. Hay quien va a divertirse y a socializarse como prioridad y el baile es algo ligero, es como una charla distendida con los pies y, mientras la mantienes, puedes saludar a otros, hablar con la pareja, ver a los que bailan delante, etc. Hay quien va a lucirse y piensa que todos lo están mirando, motivo por el cual sólo puede bailar con gente de "qualité" o gente a la que dar muchos consejos y, los hay, por último, que buscan en el baile algo profundo y de entrega y que se toman cada baile como algo muy especial y serio.
De momento, por lo que llevo de experiencia, lo normal son los dos primeros grupos, los que miran hacia afuera, en vez de mirar hacia adentro. La verdad es que es una pena, porque sin quererlo, muchos bailes están perdidos y se transforman en algo vacío, sin alma, sin entrega. Es lo que menos me gusta del tango.
TANGOGRAFÍA 66:
Esta noche bailé un tango que parecía un funeral. Nos arrastrábamos por la pista como cansados, como si estuviésemos en un desierto sin agua y luego nos reponíamos. Ha sido fantástico. Por unos momentos me recordó al Adagio de Albinoni, pero mucho más marcado.
TANGOGRAFÍA 67:
Qué triste que llegué tarde al tango para entenderlo en su complejidad. Siento la inquietud del desajuste entre lo que mi mente intuye que se puede hacer y que imagina y ese mundo tradicional de afuera donde se avanza con referencias y esquemas. Un tango de experimentación e investigación, que ahonde en su esencia, en cada aspecto, de forma diferente y que no tenga aún etiquetas. Lástima que la imaginación no tenga pies, lástima que los pies aún vayan torpes y esclavos al ritmo de lo convencional y dictado. El deseo de encontrar a alguien que sea la Pina Bauch o la Martha Graham del tango.
TANGOGRAFÍA 65:
El lápiz: el pie, la hoja de papel: la pista, el contenido: la pareja y la música, el resultado final, la obra: un tango. Bailar es tan parecido a dibujar...
TANGOGRAFÍA 64:
Yo bailaba por ahí sin darme cuenta de lo mágico que era en el baile respirar, hasta que alguien esta semana se detuvo en un paso mucho tiempo para alargarlo blandamente, y caer después como en una especie de montaña rusa o de cascada hasta llegar al siguiente paso. Me atrajo la sensación, así que le pregunté: "Oye, ¿cómo se llama este paso?". Me dijo: "Respirar". La respuesta me pareció aún más mágica que la sensación, descubrí que el baile no estaba muerto sino que tenía una vida interna. Era como un nacimiento y lo que estaba bailando era un ente vivo. Me puse contentísima con el descubrimiento, estaba fascinada "Oye, ¿podemos respirar unos bailes más?". Abrí los pulmones del alma y me puse a flotar por la pista, sin cuerpo, sintiendo sólo la ligereza de una respiración bailando.
Desde entonces cierro a menudo los ojos cuando salgo a la calle, voy al trabajo o me paro en algún semáforo. Inspiro hondo y suelto el aire, estoy respirando en secreto mientras dejo esbozado algún baile de tango.
Gracias, Alfonso.
Desde entonces cierro a menudo los ojos cuando salgo a la calle, voy al trabajo o me paro en algún semáforo. Inspiro hondo y suelto el aire, estoy respirando en secreto mientras dejo esbozado algún baile de tango.
Gracias, Alfonso.
TANGOGRAFÍA 63:
En realidad parecía más un ritual mágico que un consejo tanguero: "Cuando desees mucho bailar con alguien, tú mírale los pies insistentemente, milonga tras milonga, semana tras semana. Así hasta que te saque a bailar". Eso me pareció una auténtica estupidez, atrayente por lo incoherente, pero innovador, sin duda, años luz del cabeceo tradicional. ¿De dónde había sacado ese hombre tal consejo? Lo cierto es que no me lo quitaba de la cabeza. Durante una semana, estuve observando pies en las rondas en que nadie me sacaba. ¡Vamos a ver!¿Qué pies me gustarían más?¿Con qué pies desearía bailar? Unos eran amenazantes, parecían que iban a morder pies femeninos, otros se deslizaban ligeros y elegantes, otros volaban o se enroscaban, otros marchaban al estilo militar... Había unos con estilo, es cierto, y otros más torpes, tampoco es un secreto. Pero ¿por qué la importancia debía de radicar en los pies? Sólo los veía como un cimiento de la persona que sustentaban. Unos pies elegantes estarían bien, pero ¿qué haría luego si la persona no era elegante, le faltaba calidad humana o empatía o, sencillamente, no tenía alma? Consideré que había más parte de cuerpo desconocido en este consejo que porción interesante y que, por sí solos, unos pies no debían de ser determinantes. No quise arriesgarme, tomé la decisión de que si debía estar semana tras semana observando algo iba a ser el alma de la gente que bailaba. Siempre me atrajo en todo el espíritu de la gente y, luego, posteriormente, todo lo demás.
TANGOGRAFÍA 62:
Cómo desearía que hubiese una Virginia Woolf del tango... una mujer que dejase de bailar y se pusiese por unos momentos a escribir esa especie de "Habitación propia" de este baile, o "Una milonga propia", si se prefiere.
¿Dónde está esa libertad de la mujer al bailar? A veces la vislumbro y experimento bailando con algunos hombres que tienen una capacidad de escucha, de empatía, de apertura, de dejarte tiempo y voz. Son unos pocos hombres y unos pocos momentos mágicos.
Otras veces sencillamente es colaborar en el buen desarrollo de un baile ajeno a grandes rasgos. Suena una música que te encanta, que te emociona, que tu impulso te lleva a bailar de una manera. Y estás allá esclava, limitada, en los brazos de un hombre que le imprime a esa pieza que tanto te emociona otro ritmo, otro sentimiento, otro estado de ánimo. Es lo más parecido a coger un pájaro volando en el cielo y apretarlo. Eres una buena bailarina, te metes en la jaula, sueñas con el bailarín ideal que te haría volar en ese tango.
¿Dónde está esa libertad de la mujer al bailar? A veces la vislumbro y experimento bailando con algunos hombres que tienen una capacidad de escucha, de empatía, de apertura, de dejarte tiempo y voz. Son unos pocos hombres y unos pocos momentos mágicos.
Otras veces sencillamente es colaborar en el buen desarrollo de un baile ajeno a grandes rasgos. Suena una música que te encanta, que te emociona, que tu impulso te lleva a bailar de una manera. Y estás allá esclava, limitada, en los brazos de un hombre que le imprime a esa pieza que tanto te emociona otro ritmo, otro sentimiento, otro estado de ánimo. Es lo más parecido a coger un pájaro volando en el cielo y apretarlo. Eres una buena bailarina, te metes en la jaula, sueñas con el bailarín ideal que te haría volar en ese tango.
TANGOGRAFÍA 61:
Comparemos el tango con la adquisición de cualquier idioma, por ejemplo el inglés. Hay quien memoriza las frases esas típicas que aparecen en los manuales de idiomas, pero que se alejan de las expresiones y necesidades de la vida diaria. Ése sería el caso del tango que baraja figuras y las reproduce de memoria, independiente de la música, el momento o la pareja. Y luego está ese otro tipo de gente que toma consciencia del lenguaje, que profundiza y aprende con consciencia hasta que tiene tal dominio del idioma que lo que hace es mantener una conversación fluida con las palabras adecuadas y que necesita en cada momento concreto. Esta especie de conversación fluida sería el tango, el tango inagotable, el tango improvisado y de diálogo.
TANGOGRAFÍA 60:
Lo más difícil del tango no son los pasos, sino encontrar el estilo personal. Sucede como en todas las artes: hay quien con un lenguaje imita y hay quien con el mismo lenguaje crea. ¿Cuál es la diferencia? En el estilo personal hace falta una consciencia que se desarrolla en dos vertientes. Por un lado, se trata de entender que el tango requiere de una adquisición de un lenguaje y que, cuanto más basto sea éste, más recursos tendrás para expresarte. Por otro lado, es sumamente importante el trabajo personal de autodescubrimiento: tu carácter, tu cuerpo, tus experiencias, tu sensibilidad son factores que deberían influir en tu manera de bailar.
Es bello pensar este trabajo de construcción ¿Qué movimientos recogen mejor mi temperamento?¿Soy más de silencios o de movimientos rápidos?¿Soy monótono, equilibrado o suave o bien temperamental y de cambios bruscos?¿Soy detallista y me recreo en los adornos o me gustan las formas minimalistas y me centro más bien en los movimientos limpios que ganan valor por la simplicidad?¿Busco la intensidad emotiva o el placer por la forma y el movimiento?¿Quiero emocionar con un sentimiento o con un paso perfecto?
Lo que me gusta más del tango es todo esto, que sea un medio más de autoconocimiento, que sea una herramienta más para expresar eso esencial de ti que has vuelto a descubrir.
Lamentablemente, o por suerte, los estilos personales no se enseñan en las academias ni escuelas, forman parte del reto personal e individual. Aunque hay gente que lo confunde y piensa que bailar con estilo es bailar como los profesores o como los grandes, eso es imitación. Y una imitación siempre estará por debajo del modelo real. Todo lo que bailes desde ti, será auténtico y sin errores en lo esencial. El resto es un trabajo de pulir formas y de ampliar la semilla personal.
Es bello pensar este trabajo de construcción ¿Qué movimientos recogen mejor mi temperamento?¿Soy más de silencios o de movimientos rápidos?¿Soy monótono, equilibrado o suave o bien temperamental y de cambios bruscos?¿Soy detallista y me recreo en los adornos o me gustan las formas minimalistas y me centro más bien en los movimientos limpios que ganan valor por la simplicidad?¿Busco la intensidad emotiva o el placer por la forma y el movimiento?¿Quiero emocionar con un sentimiento o con un paso perfecto?
Lo que me gusta más del tango es todo esto, que sea un medio más de autoconocimiento, que sea una herramienta más para expresar eso esencial de ti que has vuelto a descubrir.
Lamentablemente, o por suerte, los estilos personales no se enseñan en las academias ni escuelas, forman parte del reto personal e individual. Aunque hay gente que lo confunde y piensa que bailar con estilo es bailar como los profesores o como los grandes, eso es imitación. Y una imitación siempre estará por debajo del modelo real. Todo lo que bailes desde ti, será auténtico y sin errores en lo esencial. El resto es un trabajo de pulir formas y de ampliar la semilla personal.
TANGOGRAFÍA 59:
Hay cuatro cosas que te hacen invencible: tener pasión por lo que te gusta, creer en ti, pensar que la vida es un constante aprendizaje y ser perseverante con lo que quieres.
TANGOGRAFÍA :
Hay profesores muy buenos, expertos en su materia, y hay profesores aún más buenos, completos, que van más allá de aquello técnico que enseñan. Son esos profesores con alma, pasión y corazón que con su actitud, ejemplo y punto de vista te hacen ver las cosas que enseñan de una manera diferente y especial. Dos de esas personas extraordinarias son Osvaldo y Graciela, mis profesores de tango.
Desde hace ya ocho meses, yo sabía que eran buenos, pero ayer, después de una actuación suya, caí en la cuenta con mayor consciencia y detenimiento. Fue en ese preciso instante en que un milonguero me comentó: "¿Sabes lo bueno de Osvaldo, lo que le diferencia de otros profesores de tango que conozco...?" Intrigada le contesté: "Dime..." A lo que él comentó:" Osvaldo es un experto del tango humilde, que baila con todas las chicas, independientemente de si son principiantes o avanzadas. Es un tipo que no va con esas tonterías de si lo miran o no lo miran cuando baila, su intención no es lucirse sino disfrutar. Y eso para mí es importantísimo y admirable porque es un bailarín que se adapta a cada una de ellas".
Yo, en realidad, aquello ya lo sabía, pero el comentario ajeno y la comprobación hizo que me sintiese orgullosa de haber ido a parar por casualidad a aquella academia. Estaba en el lugar indicado, con unos profesores increíbles, a nivel humano y profesional. Su noción de tango era la que me enriquecía, la que iba conmigo, la que hacía que fuese algo atractivo e inagotable, algo personal y humano. Seguramente lo hubiese dejado ya si no fuese por ellos y por unas cuantas personas con la misma concepción. El tango no es neutro sino que uno le insufla personalidad, consciente o inconscientemente, y corren por esas pistas de Dios tanta gente con aires de grandeza... Pero el comentario de ayer me hizo pensar "Hay que centrarse en la gente que merece la pena y valorar cada tango bailado con alguien que te regala un sentimiento, una escucha o una complicidad". Ahí está el tango humano, el que trasciende la técnica y queda para siempre.
Desde hace ya ocho meses, yo sabía que eran buenos, pero ayer, después de una actuación suya, caí en la cuenta con mayor consciencia y detenimiento. Fue en ese preciso instante en que un milonguero me comentó: "¿Sabes lo bueno de Osvaldo, lo que le diferencia de otros profesores de tango que conozco...?" Intrigada le contesté: "Dime..." A lo que él comentó:" Osvaldo es un experto del tango humilde, que baila con todas las chicas, independientemente de si son principiantes o avanzadas. Es un tipo que no va con esas tonterías de si lo miran o no lo miran cuando baila, su intención no es lucirse sino disfrutar. Y eso para mí es importantísimo y admirable porque es un bailarín que se adapta a cada una de ellas".
Yo, en realidad, aquello ya lo sabía, pero el comentario ajeno y la comprobación hizo que me sintiese orgullosa de haber ido a parar por casualidad a aquella academia. Estaba en el lugar indicado, con unos profesores increíbles, a nivel humano y profesional. Su noción de tango era la que me enriquecía, la que iba conmigo, la que hacía que fuese algo atractivo e inagotable, algo personal y humano. Seguramente lo hubiese dejado ya si no fuese por ellos y por unas cuantas personas con la misma concepción. El tango no es neutro sino que uno le insufla personalidad, consciente o inconscientemente, y corren por esas pistas de Dios tanta gente con aires de grandeza... Pero el comentario de ayer me hizo pensar "Hay que centrarse en la gente que merece la pena y valorar cada tango bailado con alguien que te regala un sentimiento, una escucha o una complicidad". Ahí está el tango humano, el que trasciende la técnica y queda para siempre.
TANGOGRAFÍA XLVII:
Hay dos tipos de agotamiento en el tango. Lo descubrí por casualidad el otro día mientras bailaba. Uno es el agotamiento físico, que más tarde o más temprano te llega después de unos cuantos bailes o de una milonga completa. El otro agotamiento es emocional y personal. Es de un breve tiempo, a veces un solo baile. Me sucedió mientras bailaba un D'Arienzo. Sentí por unos momentos que me vaciaba, volcando todas mis emociones exclusivamente en la música y en los movimientos de mi pareja. Yo ya no existía, dejé de ser yo, salvo el latir de algo intenso que se desarrollaba, a veces con un gran temperamento, pasión y energía y de repente algo suave, sutil, elegante, seductor y delicado. Entonces desapareció todo, la pista, el público, la técnica, el raciocinio; el momento fluía, se desarrollaba, pero era eterno. El silencio se volvió sonoro y regresamos a la realidad de la pista. Me dirigí a la silla, agotada de todo lo que había dado en un solo baile. Fue increíble. Era como si hubiese abierto la caja prohibida de los misterios. Esbocé una sonrisa interna. Me sentí como Pandora. Había descubierto EL SECRETO.
TANGOGRAFÍA XLVI:
La pasión del tango, en mi caso, no viene por un fluir de sentimientos que se va volcando mientras se desarrolla el baile. Viene principalmente por esa victoria de la lucha entre querer dejarlo constantemente y continuar. Lo más bonito de este baile es paradójicamente lo más limitador: la pareja. Todo nace, crece y muere aquí. Hay veces en que quieres avanzar, pero todo te frena. El tango es la escuela de la paciencia.
TANGOGRAFÍA XLV:
Toda historia personal del tango tiene dos momentos, que corresponden en realidad con dos nacimientos: uno correspondería con todos esos momentos en que uno se ve desde dentro en el baile, y el otro sería el momento en que uno se convierte en observador de su propio baile y se ve bailando desde fuera. Este segundo nacimiento es revelador, da paso a la comunidad, al cuerpo y a los movimientos en sí, a todo lo que técnicamente hay que mejorar. En cambio, el primer nacimiento siempre es un secreto entre dos. El otro día al descubrirme por casualidad bailando en un vídeo tuve la certeza de que este baile funciona como una cinta de Moëbius. Lo externo y lo interno están continuamente enlazados. Comprendí que todos nos imaginamos bailando, pero que era muy diferente verte realmente bailando.
TANGOGRAFÍA XLII:
Hay sitios en los que para bailar debería incluirse en la entrada de la milonga la siguiente advertencia "Aquí sólo bailarán los profesores, tangueros de espectáculo, conocidos del mundo del tango, amigos de fulanito o menganito y aquellos de muchos años de experiencia que ya se avengan con nosotros. El resto puede mirar o, si lo prefiere, bailar con los tres o cuatro que también se nos colaron". No es cierto que las milongas sean un espacio democrático para bailar y empatizar con gente muy diversa. Las hay que sí y las hay que son auténticas endogamias tangueras y santuarios de veneración y competencia en la pista. Ayer tomé la decisión de no volver a una de ellas. Echo de menos a mi abuelito tanguero que lo da todo cuando baila, echo en falta al señor noble y caballeroso que me regala una sonrisa cuando acabamos, echo en falta al señor apasionado del tango que siempre se disculpa y me dice "a mí esto no se me da muy bien, ¿verdad?, aunque lo sienta", echo en falta los bailes de Fernando, de Kiko, de Aquilino, Juan, Carlos, Pere,Francisco, Joan... de unos cuantos hombres que bailaron conmigo desde el principio, sin discriminarme, y que además de enseñarme muchas cosas de este baile me han regalado momentos de entrega, complicidad y comunicación. Después de siete meses bailando sigo pensando que eso es lo esencial para mí: el tango es el encuentro con otro ser, es una complicidad. Mi mayor desgracia sería convertirme en una bailarina de pasos perfectos dejando de sentir, de emocionarme a cada paso, con cada canción, con todo diálogo.
TANGOGRAFÍA XL:
Bien pensado, si algunos tangos te llaman la atención y son muy tuyos no te entran ganas de bailarlos con cualquiera. Y entonces es quizá que una se vuelve muy selectiva y está ya en otra fase diferente a esa de "Quiero bailarlo todo" y "con cualquiera". Así, cuando una advierte que su pareja es alegre y sin muchos problemas en la vida prefiere bailar una milonga con ella y, en cambio, en esos tangos que son auténticos dramones de corazón herido, soledad, exilio o de estado existencial una prefiere bailar con alguien que haya sentido eso mismo profundamente o que al menos tenga determinada sensibilidad. Así que le parece a una hasta un pecado y una falta se respeto que, mientras suena un tango que hasta te haría llorar, el tipo que te abraza te esté comentando quién ha venido o no ha venido a la milonga, si fulanito baila con menganita o zotanita, si llueve o no llueve en la calle y si la semana fue ajetreada o tranquila. Y ya el caso extremo es cuando tienes los ojos cerrados porque estás intentando conectar internamente y te están diciendo "¿ves esto?¿ves aquello?... Y te entran ganas de decir "si quieres ver, vete al cine, guapo..."
Alguien ya me llamó bien en su momento "Espíritu de la contradicción": antes me moría de ganas por que me sacaran a bailar y ahora me muero de ganas por que la mayoría no lo haga. Más vale un tango bien bailado y especial que no muchos y todos iguales o de cualquier manera. Esto se sabe cuando una misma persona baila diferente contigo según el tema.
Alguien ya me llamó bien en su momento "Espíritu de la contradicción": antes me moría de ganas por que me sacaran a bailar y ahora me muero de ganas por que la mayoría no lo haga. Más vale un tango bien bailado y especial que no muchos y todos iguales o de cualquier manera. Esto se sabe cuando una misma persona baila diferente contigo según el tema.
TANGOGRAFÍA XXXIX:
¿Qué me gusta a mí del tango y forma parte de mí?
1) En primer lugar que es un baile que abre las puertas al sentimiento y a la intuición. Y eso es una liberación absoluta, porque a pesar de que la mayoría me considera muy intelectual y racional, yo soy en esencia así. Es el momento extremo en el que me despojo de mis discursos y construcciones sociales y paso a ser yo.
2) Luego está esa cuestión de la pose, de ir estirado por el mundo, con cierto orgullo, a pesar de los obstáculos. Siento que paso así por el mundo, ante cualquier circunstancia, con la cabeza alta y el pecho afuera a pesar de las penas. El estilo desgarbado de la salsa no me contemplaba en cuanto a historia corporal ni carácter. Vine a encontrar aquí un hilo conductor entre el ballet clásico, que bailaba a los siete años, y este nuevo baile.
3) También por las letras y la música, hay algo melancólico y profundo en mí que me acompaña. Es algo cultural. Cuando bailaba salsa, tuve que aprender a abstraer las letras, porque la mayoría eran venganzas despiadadas contra la mujer: o eran malas, o iban a llorar o se volvían locas o tenían que cargar con algún gandul que se pasaba el día diciendo "No hago más ná"... además de que la letra era ligera y poco elaborada. En cambio, en el tango, la mujer es respetada, incluso en los peores casos, y los artistas escriben auténticos poemas. Hay una reflexión profunda y filosófica en cada tango. A eso hay que añadir que siempre me he considerado una exiliada, alguien sin patria, y eso también está latente en muchos temas.
4) El respeto y la educación era otro punto interesante; respeto hacia tu pareja y hacia el resto de los bailarines. Que haya unas normas de circulación para no molestar, que esté mal visto ocupar más espacio cuando la pista está llena, que sea desconsiderado plantar a tu pareja sin acabar el baile o la ronda. De todos los bailes, me parece el más civilizado.
4) Y luego está la libertad, que no haya normas, que cada baile sea diferente, que sea democrático, que se note fácilmente quién baraja figuras y quiénes dialogan. Esto me lleva a valorar ese fantástico hecho de que el tango sea cosa de dos. La idea de compartir es fantástica. Quizá se consigue aquí eso que es tan difícil de ver en las parejas de la vida diaria. Es una historia de amor breve que pone en juego la entrega, que es sincera, y despierta sentimientos variados. Es el momento mágico en el que un hombre y una mujer se entienden, en vez de discutir o distanciarse por las diferencias.
5) A todo esto cabría añadir la música. A mí me hubiese gustado ser intérprete de un instrumento. Jugar con una melodía, cargarla de sensaciones personales, más allá de la partitura. Entrar dentro, eso es lo que deseaba, fuera de la barrera de la oyente atenta. Y el baile permite eso: estar dentro de la música, interpretarla con el cuerpo entero.
Seguramente bailo tango por más cosas, tampoco es importante saberlas todas. Ni siquiera éstas, si no me vinieran de vez en cuando como "flashes". Lo importante es sentir que éste es tu baile y que te aporta un sinfín de experiencias gratificantes y de descubrimiento personal.
1) En primer lugar que es un baile que abre las puertas al sentimiento y a la intuición. Y eso es una liberación absoluta, porque a pesar de que la mayoría me considera muy intelectual y racional, yo soy en esencia así. Es el momento extremo en el que me despojo de mis discursos y construcciones sociales y paso a ser yo.
2) Luego está esa cuestión de la pose, de ir estirado por el mundo, con cierto orgullo, a pesar de los obstáculos. Siento que paso así por el mundo, ante cualquier circunstancia, con la cabeza alta y el pecho afuera a pesar de las penas. El estilo desgarbado de la salsa no me contemplaba en cuanto a historia corporal ni carácter. Vine a encontrar aquí un hilo conductor entre el ballet clásico, que bailaba a los siete años, y este nuevo baile.
3) También por las letras y la música, hay algo melancólico y profundo en mí que me acompaña. Es algo cultural. Cuando bailaba salsa, tuve que aprender a abstraer las letras, porque la mayoría eran venganzas despiadadas contra la mujer: o eran malas, o iban a llorar o se volvían locas o tenían que cargar con algún gandul que se pasaba el día diciendo "No hago más ná"... además de que la letra era ligera y poco elaborada. En cambio, en el tango, la mujer es respetada, incluso en los peores casos, y los artistas escriben auténticos poemas. Hay una reflexión profunda y filosófica en cada tango. A eso hay que añadir que siempre me he considerado una exiliada, alguien sin patria, y eso también está latente en muchos temas.
4) El respeto y la educación era otro punto interesante; respeto hacia tu pareja y hacia el resto de los bailarines. Que haya unas normas de circulación para no molestar, que esté mal visto ocupar más espacio cuando la pista está llena, que sea desconsiderado plantar a tu pareja sin acabar el baile o la ronda. De todos los bailes, me parece el más civilizado.
4) Y luego está la libertad, que no haya normas, que cada baile sea diferente, que sea democrático, que se note fácilmente quién baraja figuras y quiénes dialogan. Esto me lleva a valorar ese fantástico hecho de que el tango sea cosa de dos. La idea de compartir es fantástica. Quizá se consigue aquí eso que es tan difícil de ver en las parejas de la vida diaria. Es una historia de amor breve que pone en juego la entrega, que es sincera, y despierta sentimientos variados. Es el momento mágico en el que un hombre y una mujer se entienden, en vez de discutir o distanciarse por las diferencias.
5) A todo esto cabría añadir la música. A mí me hubiese gustado ser intérprete de un instrumento. Jugar con una melodía, cargarla de sensaciones personales, más allá de la partitura. Entrar dentro, eso es lo que deseaba, fuera de la barrera de la oyente atenta. Y el baile permite eso: estar dentro de la música, interpretarla con el cuerpo entero.
Seguramente bailo tango por más cosas, tampoco es importante saberlas todas. Ni siquiera éstas, si no me vinieran de vez en cuando como "flashes". Lo importante es sentir que éste es tu baile y que te aporta un sinfín de experiencias gratificantes y de descubrimiento personal.
TANGOGRAFÍA XXXVIII:
San Carlitos Gardel, cómo me has cambiado la vida desde aquella tarde en Medellín. Yo iba a buscar una salsa sentida y no académica en Colombia y me acabé encontrando sobre el tablado de tu museo cuatro personas aprendiendo tango. No había nadie más en el lugar, me senté en una silla de las gradas y me dije mientras observaba "Éste es mi baile, yo soy así" . Y aún no sabía el porqué yo sólo sentía que eso es lo quería bailar.
TANGOGRAFÍA XXXVII:
Dejo aquí unas palabras de mi profesora, Graciela, que me encantaron, que me hicieron encontrar el centro, ése que nos estira hacia arriba y que hace que los pies se muevan ligeros, como en un estado de flotación también en lo espiritual.
Se enseñe o se aprenda el tango, yo creo que lo importante es la actitud del que aprende, su escucha en todo, su entusiasmo para querer comprender algo y mejorar. No importan la experiencia o los años en esto, sino aquella famosa frase que ya Goya inmortalizó frente a un viejito con bastón y que es en sí una actitud ante todo: "Aún aprendo". Ése es el motor.
"Hoy el Tango se "enseña"... antes se aprendía! Si, suena raro, pero esa era la realidad de aquella sociedad de hace 130 años. El tango se aprendia en las esquinas de los barrios de las orillas, casi instintivamente. Pero en la actualidad, lamentablemente, el instinto es algo que tambien se tiene que aprender; el instinto de la comunicación. Por ejemplo, un hecho curioso que siempre mencionamos: cada vez que alguien se comunica para preguntar por las clases de Tango, la consulta que nunca falta; "¿En cuánto tiempo ya estaré bailando tango?" "¿Con un trimestre ya será suficiente, verdad?" (a veces pienso que quizas provenga de no se que "ley de la efectividad"). Entonces, durante las primeras clases, luego de lidiar y disipar la "ansiedad" del tiempo, comienza un camino de descubrimiento del "lenguaje" Tango para aprender a baila!... pero en realidad, todo se trata de un "engaño"; porque el verdadero descubrimiento, es el de Uno mismo, y es ahí realmente cuando náce "la comunicación", esa que te permite dialogar con el cuerpo, sin palabras. Sin esperar eficiencia, sin esperar un resultado, sólo dispuesto a recibir el momento, abierto completamente a ofrecer "tu sentir" sin esperar nada a cambio, buscando la oportunidad de escuchar al otro... atrapando el instante de la Emoción!"
Se enseñe o se aprenda el tango, yo creo que lo importante es la actitud del que aprende, su escucha en todo, su entusiasmo para querer comprender algo y mejorar. No importan la experiencia o los años en esto, sino aquella famosa frase que ya Goya inmortalizó frente a un viejito con bastón y que es en sí una actitud ante todo: "Aún aprendo". Ése es el motor.
"Hoy el Tango se "enseña"... antes se aprendía! Si, suena raro, pero esa era la realidad de aquella sociedad de hace 130 años. El tango se aprendia en las esquinas de los barrios de las orillas, casi instintivamente. Pero en la actualidad, lamentablemente, el instinto es algo que tambien se tiene que aprender; el instinto de la comunicación. Por ejemplo, un hecho curioso que siempre mencionamos: cada vez que alguien se comunica para preguntar por las clases de Tango, la consulta que nunca falta; "¿En cuánto tiempo ya estaré bailando tango?" "¿Con un trimestre ya será suficiente, verdad?" (a veces pienso que quizas provenga de no se que "ley de la efectividad"). Entonces, durante las primeras clases, luego de lidiar y disipar la "ansiedad" del tiempo, comienza un camino de descubrimiento del "lenguaje" Tango para aprender a baila!... pero en realidad, todo se trata de un "engaño"; porque el verdadero descubrimiento, es el de Uno mismo, y es ahí realmente cuando náce "la comunicación", esa que te permite dialogar con el cuerpo, sin palabras. Sin esperar eficiencia, sin esperar un resultado, sólo dispuesto a recibir el momento, abierto completamente a ofrecer "tu sentir" sin esperar nada a cambio, buscando la oportunidad de escuchar al otro... atrapando el instante de la Emoción!"
TANGOGRAFÍA XXXI:
¿Y QUÉ ES UN TANGO?- Últimamente le rondaba esa pregunta en el trayecto a casa a las dos o las tres de la madrugada. La cuestión aparecía justo después de un cúmulo de experiencias variadas relacionadas con este baile.
Cuanto más bailaba, y más gente conocía, mayor era la idea de que el tango era algo cargado de impresiones y necesidades muy diferentes. Así que era muy peligroso recogerlo todo por igual cuando se citaba esa palabra.
Fue así como descubrió al cabo de las semanas que el tango era para unos principalmente un medio para relacionarse, para romper la rutina o conocer gente nueva. Daba igual, pues, que fuese este baile u otro cualquiera. La gente se emperifollaba y se animaba para encontrarse y quedar, huyendo de la soledad. Era gente que por encima de todo buscaba la hermandad.
Luego estaban aquellos que probaban bailes. Que llegaban al tango inevitablemente después de haber practicado otros ritmos, otras técnicas, otros ambientes. Muchos de ellos alternaban los bailes: viernes tango, domingo salsa y jueves lindy-hop, por ejemplo. Los tenían en democracia y sin preferencia alguna. Sabía por intuición que este tipo de gente, tarde o temprano abandonaría y se dedicaría a otra inquietud o novedad sin que el tango hubiese dejado una huella más profunda que otro baile cualquiera.
También había quien en el baile le daba por comunicarse, por saber de ti... ¿Qué tal la semana?¿a qué milongas fuiste últimamente? Tienes cara de ser de no-sé-dónde... sin olvidar los que quieren ligar mientras bailas e intentan conseguir a toda costa el número de teléfono, facebook, cita o email. Este grupo en concreto era el que más concentración le exigía, pues, mientras escuchaba las palabras, intentaba captar al mismo tiempo la música y mantener un sentimiento adecuado, que se diluía entre racionalidad y pasos.
Y existía también esa tribu de los que se sentían a gusto mandando y dando órdenes a su pareja. Les encantaba dirigir y que el otro se amoldara a sus ideas. Eran los criticones, los expertos, los exigentes ajenos y con nula capacidad autocrítica. Eran los que pensaban que la pista de baile era como un gobierno que necesariamente debía pasar por su revisión, quién sabe si huyendo de su condición diaria de explotados o bien reforzando su rol del explotadores. Mejor dicho: eran los jueces y gobernantes del tango (por no decir tiranos). Dentro de este grupo también había quien quería ser estrella o protagonista en medio de la pista. El síndrome holliwoodiense, pero en espacio limitado.
Y todas estas actitudes, necesidades y objetivos no estaban mal. Ella pensó si acaso, algunas de éstas no se desarrollarían parcialmente también en su persona, pero aún así sentía que ninguna de éstas era la primordial. Y eso marcaba la diferencia que empezaba a vislumbrar con escándalo secreto entre un tipo de tanguero y otro tipo de tanguero.
Para ella ponerse los zapatos era mágico. Empezaba el cosquilleo de poder bailar. Era un amor por el baile. Esas ganas incontrolables de mover los pies. De que suene la música, de que alguien te saque, de saber amoldarte, de imaginarte cómo te vas a entender en un nuevo baile donde los pasos no siempre son los mismos, donde cada música y persona es diferente, donde no sabes aún siquiera lo que vas a sentir ni a manifestar. Le gustaba la idea de la complicidad, de crear algo en conjunto sin normas establecidas, de expresarlo desde adentro si el otro también está. Le gustaba esa idea de ir acompañada en el viaje, el reto del qué saldría, del abrazo en una sociedad que no se toca pero que constantemente escribe o dice "Un abrazo".
Y fue descubriendo así el sentido del tango en ella. Fue dándole forma hasta encontrar una imagen concreta para ese baile. En realidad era como un pozo en el que siempre había agua. Esa agua era ella, así que el tango era una vía para su autoconocimiento y también el canal de su expresión. Supo esto y vio que necesitaba más lenguaje para comunicarse: más técnica, más pasos, más atención, más observación, más experiencias. Tenía claro una cosa: había que avanzar para esa búsqueda personal y de expresión. No quería repetir año tras año, canción tras canción, pareja tras pareja siempre el mismo tango.
Cuanto más bailaba, y más gente conocía, mayor era la idea de que el tango era algo cargado de impresiones y necesidades muy diferentes. Así que era muy peligroso recogerlo todo por igual cuando se citaba esa palabra.
Fue así como descubrió al cabo de las semanas que el tango era para unos principalmente un medio para relacionarse, para romper la rutina o conocer gente nueva. Daba igual, pues, que fuese este baile u otro cualquiera. La gente se emperifollaba y se animaba para encontrarse y quedar, huyendo de la soledad. Era gente que por encima de todo buscaba la hermandad.
Luego estaban aquellos que probaban bailes. Que llegaban al tango inevitablemente después de haber practicado otros ritmos, otras técnicas, otros ambientes. Muchos de ellos alternaban los bailes: viernes tango, domingo salsa y jueves lindy-hop, por ejemplo. Los tenían en democracia y sin preferencia alguna. Sabía por intuición que este tipo de gente, tarde o temprano abandonaría y se dedicaría a otra inquietud o novedad sin que el tango hubiese dejado una huella más profunda que otro baile cualquiera.
También había quien en el baile le daba por comunicarse, por saber de ti... ¿Qué tal la semana?¿a qué milongas fuiste últimamente? Tienes cara de ser de no-sé-dónde... sin olvidar los que quieren ligar mientras bailas e intentan conseguir a toda costa el número de teléfono, facebook, cita o email. Este grupo en concreto era el que más concentración le exigía, pues, mientras escuchaba las palabras, intentaba captar al mismo tiempo la música y mantener un sentimiento adecuado, que se diluía entre racionalidad y pasos.
Y existía también esa tribu de los que se sentían a gusto mandando y dando órdenes a su pareja. Les encantaba dirigir y que el otro se amoldara a sus ideas. Eran los criticones, los expertos, los exigentes ajenos y con nula capacidad autocrítica. Eran los que pensaban que la pista de baile era como un gobierno que necesariamente debía pasar por su revisión, quién sabe si huyendo de su condición diaria de explotados o bien reforzando su rol del explotadores. Mejor dicho: eran los jueces y gobernantes del tango (por no decir tiranos). Dentro de este grupo también había quien quería ser estrella o protagonista en medio de la pista. El síndrome holliwoodiense, pero en espacio limitado.
Y todas estas actitudes, necesidades y objetivos no estaban mal. Ella pensó si acaso, algunas de éstas no se desarrollarían parcialmente también en su persona, pero aún así sentía que ninguna de éstas era la primordial. Y eso marcaba la diferencia que empezaba a vislumbrar con escándalo secreto entre un tipo de tanguero y otro tipo de tanguero.
Para ella ponerse los zapatos era mágico. Empezaba el cosquilleo de poder bailar. Era un amor por el baile. Esas ganas incontrolables de mover los pies. De que suene la música, de que alguien te saque, de saber amoldarte, de imaginarte cómo te vas a entender en un nuevo baile donde los pasos no siempre son los mismos, donde cada música y persona es diferente, donde no sabes aún siquiera lo que vas a sentir ni a manifestar. Le gustaba la idea de la complicidad, de crear algo en conjunto sin normas establecidas, de expresarlo desde adentro si el otro también está. Le gustaba esa idea de ir acompañada en el viaje, el reto del qué saldría, del abrazo en una sociedad que no se toca pero que constantemente escribe o dice "Un abrazo".
Y fue descubriendo así el sentido del tango en ella. Fue dándole forma hasta encontrar una imagen concreta para ese baile. En realidad era como un pozo en el que siempre había agua. Esa agua era ella, así que el tango era una vía para su autoconocimiento y también el canal de su expresión. Supo esto y vio que necesitaba más lenguaje para comunicarse: más técnica, más pasos, más atención, más observación, más experiencias. Tenía claro una cosa: había que avanzar para esa búsqueda personal y de expresión. No quería repetir año tras año, canción tras canción, pareja tras pareja siempre el mismo tango.
TANGOGRAFÍA XXX:
Uno debería colgarse un cartelito en el que constase: nombre, reconocimiento y años de baile antes de entrar en las milongas. De esa manera se evitarían situaciones divertidas que pueden ocurrir entre principiantes y veteranos. Dejo aquí un ejemplo.
Me acababa de sacar a bailar un señor mayor, muy gentil y caballeroso que rondaría los setenta años, para nada aparentes según emoción y agilidad. Finalizado el primer baile le comento encantada: "Baila usted muy bien". El señor sonríe, me mira y me pregunta confiado: "¿No sabes quién soy?". Me sorprende la pregunta y lo primero que se me ocurre para mis adentros es " No, ¿Sabe usted acaso quién soy yo...?", pero me muerdo la lengua y le respondo que No con cordialidad, algo extrañada. Su pregunta no me parece una buena estrategia para relajarme en el siguiente baile, más bien enciende mi alarma y enseguida pienso "o este tipo es peligroso o este tipo es alguien que conoce mucha gente o este tipo es uno de esos que filosofan y se están preocupando siempre por la identidad..." Me dice que se llama Domingo Rey y yo le digo que encantada, que yo me llamo Julia Peralta. E insiste en la puñetera pregunta "¿Ahora sí?" "Pues no" - le digo- aunque el nombre me suena de algo y no sé de qué. En el siguiente cambio de música me dice que lleva cuarenta y cinco años enseñando tango y muchos más bailando. Yo sonrío y le digo que podría ser su tataranieta en este baile, que nos llevamos cuarenta y cuatro años y medio de diferencia en esta experiencia, más todos los otros años que no me cuenta. Acaba la ronda y el señor me besa la mano y me acompaña hasta mi mesa. ¡Qué galán!- pienso- ¡Lástima que ya no queden hombres así...!
Suena otra vez la música, una chica se me sienta al lado. Tiene pinta de haber bailado unos cuantos años. La curiosidad hace que la distraiga un momento y le pregunte:
- Perdona, ¿Tú sabes quién es Domingo Rey?
- Sí, aquel señor de allá...
- Y me puedes decir, si no es mucha indiscreción, ¿a qué se dedica?
- Tiene una milonga y es profesor y bailarín.
(¡Vaya!- me digo- ahora entiendo la sonrisa. Es como si a Leo Messi le digo que se le da bien jugar con la pelota...) Son cosas extrañas que pasan en todos los círculos, cuando llegas nuevo todo el mundo es ajeno. Y cuando estás adentro el extraño es el que llega. Aún así, hay algo que está por encima de todos los nombres, identidades y años de tango y es el simple hecho de encontrarse, de compartir unos bailes y de entablar complicidad.
Me acababa de sacar a bailar un señor mayor, muy gentil y caballeroso que rondaría los setenta años, para nada aparentes según emoción y agilidad. Finalizado el primer baile le comento encantada: "Baila usted muy bien". El señor sonríe, me mira y me pregunta confiado: "¿No sabes quién soy?". Me sorprende la pregunta y lo primero que se me ocurre para mis adentros es " No, ¿Sabe usted acaso quién soy yo...?", pero me muerdo la lengua y le respondo que No con cordialidad, algo extrañada. Su pregunta no me parece una buena estrategia para relajarme en el siguiente baile, más bien enciende mi alarma y enseguida pienso "o este tipo es peligroso o este tipo es alguien que conoce mucha gente o este tipo es uno de esos que filosofan y se están preocupando siempre por la identidad..." Me dice que se llama Domingo Rey y yo le digo que encantada, que yo me llamo Julia Peralta. E insiste en la puñetera pregunta "¿Ahora sí?" "Pues no" - le digo- aunque el nombre me suena de algo y no sé de qué. En el siguiente cambio de música me dice que lleva cuarenta y cinco años enseñando tango y muchos más bailando. Yo sonrío y le digo que podría ser su tataranieta en este baile, que nos llevamos cuarenta y cuatro años y medio de diferencia en esta experiencia, más todos los otros años que no me cuenta. Acaba la ronda y el señor me besa la mano y me acompaña hasta mi mesa. ¡Qué galán!- pienso- ¡Lástima que ya no queden hombres así...!
Suena otra vez la música, una chica se me sienta al lado. Tiene pinta de haber bailado unos cuantos años. La curiosidad hace que la distraiga un momento y le pregunte:
- Perdona, ¿Tú sabes quién es Domingo Rey?
- Sí, aquel señor de allá...
- Y me puedes decir, si no es mucha indiscreción, ¿a qué se dedica?
- Tiene una milonga y es profesor y bailarín.
(¡Vaya!- me digo- ahora entiendo la sonrisa. Es como si a Leo Messi le digo que se le da bien jugar con la pelota...) Son cosas extrañas que pasan en todos los círculos, cuando llegas nuevo todo el mundo es ajeno. Y cuando estás adentro el extraño es el que llega. Aún así, hay algo que está por encima de todos los nombres, identidades y años de tango y es el simple hecho de encontrarse, de compartir unos bailes y de entablar complicidad.
TANGOGRAFÍA XXVIII:
Dejaron afuera todas sus penas, preocupaciones y problemas y se pusieron a bailar. Eran como dos acuarelas diluyéndose por el efecto fluido de la música.
TANGOGRAFÍA XXVII:
(Para Raúl, por hacerme caer en la cuenta de la importancia de los silencios en el tango y de lo mucho que pueden molestar las parejas que hablan durante un baile. A mi profesor, Osvaldo, porque constantemente nos lo recuerda cada vez que bailamos: "Señores, aquí no se habla, si tienen que decir algo, díganselo con el cuerpo". Supongo que él ya sabe que las palabras rompen la magia del baile)
Antes los tangos se hablaban. Se decían cosas hermosas como por ejemplo: siento tu perfume envolviéndome, tu mano firme en mi espalda, noto los compases en tu corazón y tu aliento en mi mejilla, también tu respiración... Siempre que bailamos un tango juntos siento que nuestros pasos se ablandan, se estiran, se elevan, giran, se enroscan... hay una música que nos abraza, soñamos con ella juntos en la noche de nuestros cuerpos. Hay cambios anímicos en mí que tú provocas: vuelo, soy suave, quiero atacar con fuerza este baile, ser pasión, dulzura, húmeda nostalgia... o no ser nada, si queremos, salvo el instante que se despliega y vamos tejiendo...
Así se entendían y se entienden todavía hoy los bailarines. Ése era el lenguaje de la pista. La emoción era tan fuerte entre ellos que las palabras sobraban, sólo los silencios tenían el poder de comunicar. Los había de muy diferentes formas: silencios de emoción, de ternura, de amor, de plenitud, de disfrute, de complicidad... pero todos tenían en común dos cosas; eran profundos y provocaban adicción. Por eso, cuando empezaba otra canción, los bailarines sólo escuchaban, muy sutilmente, la música y el sonido apenas perceptible de los zapatos. Se disponían entonces a crear más silencios de nuevos tangos hablados.
Antes los tangos se hablaban. Se decían cosas hermosas como por ejemplo: siento tu perfume envolviéndome, tu mano firme en mi espalda, noto los compases en tu corazón y tu aliento en mi mejilla, también tu respiración... Siempre que bailamos un tango juntos siento que nuestros pasos se ablandan, se estiran, se elevan, giran, se enroscan... hay una música que nos abraza, soñamos con ella juntos en la noche de nuestros cuerpos. Hay cambios anímicos en mí que tú provocas: vuelo, soy suave, quiero atacar con fuerza este baile, ser pasión, dulzura, húmeda nostalgia... o no ser nada, si queremos, salvo el instante que se despliega y vamos tejiendo...
Así se entendían y se entienden todavía hoy los bailarines. Ése era el lenguaje de la pista. La emoción era tan fuerte entre ellos que las palabras sobraban, sólo los silencios tenían el poder de comunicar. Los había de muy diferentes formas: silencios de emoción, de ternura, de amor, de plenitud, de disfrute, de complicidad... pero todos tenían en común dos cosas; eran profundos y provocaban adicción. Por eso, cuando empezaba otra canción, los bailarines sólo escuchaban, muy sutilmente, la música y el sonido apenas perceptible de los zapatos. Se disponían entonces a crear más silencios de nuevos tangos hablados.
TANGOGRAFÍA XXVI:
La música del tango tiene ese don de apagar el interruptor de mi consciencia. Ebria de algo que ya no soy, me desplazo instintivamente por la pista, abandonada en los brazos de algún hombre, anestesiada de placer, fluyo, vuelo, abro los ojos hacia adentro. Siento que entro en la verdadera realidad: soy ese inconsciente sabio. Allí me encuentro.
TANGOGRAFÍA XXV:
Hay tantas historias secretas de amor dibujadas en los suelos de las milongas... esbozos hechos con los pies en tinta transparente, historias que se superponen, historias que se resaltan o se borran, líneas muy marcadas, o casi inapreciables, florituras, curvas, trayectorias zigzagueantes, líneas de retorno, dudosas, no captadas, rectas, saltos, un pie que caminaba solo, colisiones, cambios de camino, pisotones con disculpa cariñosa... ¡Qué pena que los zapatos no tengan suela de grafito para poder apreciar con detalle este tapiz de sentimientos, estos garabatos e historias que se superponen en el mismo suelo!
TANGOGRAFÍA XXIV:
Duerme razón en cada nota, mientras el corazón se ensancha y el cuerpo se desnuda de su peso. Queda la esencia: el fluir de todo, el sentimiento puro que se mueve.
TANGOGRAFÍA XXIII:
Empieza a sonar la música. Sus soledades se funden. Sus cuerpos son un mismo mar de bocas que se besan ansiosas en el transcurso de un tango, así vienen y van, indiferentes, ante otras miradas, perdidos en lo común, ajenos, en su mundo paralelo.
TANGOGRAFÍA XXI:
Hoy me ha dado por recordar mis primeras clases de tango. Lo hacía tan mal... no me cabía en la cabeza como algo que me gustaba tanto podía adoptar una forma tan torpe. Un mes después un compañero me confesó: "Yo cuando te vi bailar al principio pensé: esta mujer es una negada absoluta para el tango. No le va a salir nunca": Menos mal que no le hice caso, porque... bien pensado... ¿quién es alguien para decir de otra persona si sirve para algo o no?¿es acaso Dios? La única certidumbre es que siempre los demás se equivocan cuando tú tienes claro lo que te apasiona y crees en ti. No importa el tiempo, ni las comparaciones, lo único importante es lo que quieres. Y así debería ser siempre.
TANGOGRAFÍA XXº:
De todas las figuras y pasos que se bailan en el tango, hay una que sobresale y que es irresistiblemente bella. Es ese gesto sencillo y espontáneo en el que un hombre lleva su mano y la tuya junto a su pecho. Sabes entonces que ese tango va a ser algo especial, de esos profundos, de esos con entrega, de esos con sentimiento.
No es nada fácil ni común hacer este paso.
No es nada fácil ni común hacer este paso.
TANGOGRAFÍA XX
Cabe la posibilidad de que en uno de esos bailes inesperados encuentres a esa personas que en pocos minutos, entre baile y nota, te desnude el alma. Desde entonces todo es una repetición de aquellos instantes y aquellas emociones donde bailabas sin máscaras e ibas de un lado a otro de forma extraordinariamente liviana. Es lo más parecido que se me ocurre al paraíso tanguero.
TANGOGRAFÍA XIX:
A veces sucede que hay bailes y parejas que enamoran. Entonces suena una de esas músicas en la pista de baile y pides para tus adentro que no, que en ese baile en concreto no te saquen a bailar o que alguien te pise muy fuerte para retirarte. Prefieres quedarte sentada en un butacón o una mecedora recordando con exquisita delicia y detalle ese baile que has visto miles de veces, a cámara lenta, por fragmentos, de todas las maneras y aún con el mismo entusiasmo y sentimiento... Son esos bailes que, cuando suena la música, deseas que nadie te los toque y que sea otra vez exactamente igual que tantas veces. Suena "Poema" y vuelves a tener ante ti, en vivo y en directo, a Geraldine y Javier. Suena "Que falta que me haces" y solo hay ojos para Andrea y Javier. Escucho "Toda mi vida" y me viene a la memoria Luna Palacios y Meng Wuang. Entonces la pista se oscurece, todo parece borroso y lento, y el único escenario con luz está adentro.
TANGOGRAFÍA XV: "PRÍNCIPES DE LA PISTA"
Por esos hombres que te parecen sensacionales en ese momento en que se te acercan y te invitan a bailar cuando ya llevas mucho tiempo apoltronada en un asiento, en una especie de impotencia indescriptible por no poder bailar. Son los príncipes azules de la pista, los que en medio de la rabia y una sensación melancólica aún te hacen pensar que este baile no es algo reservado a un grupo de amigos o de gente conocida, que sirve para conocer gente y compartir una emoción con personas muy variadas.
TANGOGRAFÍAS V:
He descubierto que el tango es parecido a esos viajes que una emprende en solitario hacia lugares lejanos y desconocidos. Tienen en común ese encuentro con personas muy variadas que te regalan momentos intensos y emotivos. Hay quien mientras bailas te ofrece una canción al oído, de ésas que debe de haber tarareado mil veces porque le encanta, hay quien te pone la mano en su corazón y te la acaricia suavemente mientras baila recordando no sé que amor perdido, hay quien quiere volar con la música, perderse en las notas con los pasos y te invita a ser ritmo cómplices sin cuerpo, sintiendo sólo curvas en el baile, deslices y levedad, un vuelo agradable de pocos minutos, hay quien te suelta y te deja recostada en su pecho mientras te vuelve a abrazar lentamente y desliza su mano por tu mano hasta volver a ser espejo, hay quien te coge muy fuerte, como atada a su cuerpo y cuando acaba la música te comenta emocionado ¡Qué bonito nos ha quedado, ay Dios, qué bonito!... Son esos momentos intensos que quedan grabados, que te hacen sentir, que nos acercan en algo, en vez de separarnos.
TANGOGRAFÍAS III:
Hoy he bailado con un hombre que me ha sacado a bailar emocionado. Se ha acercado y me ha dicho: "Es increíble el parecido que guardas con Anna Depenbusch (una cantante alemana). Si bailas conmigo será como si bailase con ella"... Una ronda después otra pareja de baile me ha preguntado "¿De dónde eres? Tienes cara de rumana..." A lo que he tenido que responder que el tipo de antes me había confundido con una alemana y que, una semana antes, alguien me preguntó que si era venezolana. Acabo esa ronda, intento descansar, pero cinco bailes después otro señor me pide el turno. Antes de comenzar me comenta: "Llevo varias semanas observándote y ya no he podido aguantar la curiosidad de preguntarte:"¿Tú de donde eres? Tienes cara de ser en parte árabe, en parte de descendencia mongola, en parte tártara, pero de la zona de Kazán, aunque los ojos los ojos rasgados parecen de procedencia asiática..." En fin, como para fiarse de la gente... creo que llevo recorrido medio mundo sólo a través de mi cara. De lo que no hay duda, en estas cuestiones del baile, es que para que te saquen a bailar no hay que ponerle pies al asunto, es más bien cuestión de ponerle cara... Dejo aquí una foto de la tal Depenbusch.
BAILEN CON LAS FEAS
(Con mucho cariño a mi profesor de tango, aunque a primera vista no lo pareciese. Dejo aquí esta reflexión)
Cada vez que escucho de mi profesor de baile la expresión "Chicas, bailen con los feos", entro en una extraña contradicción y me pregunto el origen de este consejo y de esta afirmación. Siempre me acaba quedando esa sensación de que hay que darle la vuelta a la tortilla y que en realidad el mensaje oculto tendría que ser: "Chicos, bailen también con las feas" y "con las de más de cuarenta años" (añadiría). Digo esto porque en las milongas no son las mujeres sino los hombres los que van a buscar una pareja cada vez que el cambio de música sugiere una nueva ronda. Las mujeres están sencillamente allí, sentadas, esperando, a ver cuál será el hombre que se les acercará para pedirles un baile. Y si llevan ya mucho rato en una silla no están para ser muy exigentes, les da igual si el hombre que les pide el baile es feo, es calvo o si es un peligro en la pista de baile. La mujer sencillamente quiere bailar y no se anda con demasiados remilgos si hay ganas. Dicho esto, queda claro entonces que son los hombres los que, por alguna misteriosa razón, siempre acaban sacando a las mujeres más bellas y jóvenes a la pista, salvo que tengan alguna amiga que les exija el cumplimiento y consolidación de su amistad. Por eso yo soy partidaria de cambiar el género del lema o bien proponer que en las milongas sea cada vez más habitual y normal que las chicas empiecen a arrollar a los chicos y los lleven por iniciativa propia a las pistas de baile. De esta manera nos ahorraríamos ese mal trago que se pasa cuando suenan los tangos que te gustan y estás ahí sentadita, viendo a los demás bailar y sintiendo cómo los pies y el corazón se te disparan mientras esperas. Pero como me parece a mí que esta última propuesta aún tardará cierto tiempo en darse, yo propongo valorar la ventaja de bailar con las mujeres feas "Como tienen más ganas de bailar, su entrega será total". Además, si los feos ya bailan bien, imagínense las mujeres, por alguna extraña razón, se dice que cogen antes el ritmo y los truquillos del baile que los hombres, y como encima dicen que somos unas sentimentales... pues esa parte ya está. Sólo hay que sacarlas a bailar. Así que chicos, ya lo saben "Bailen también con las feas"...
Cada vez que escucho de mi profesor de baile la expresión "Chicas, bailen con los feos", entro en una extraña contradicción y me pregunto el origen de este consejo y de esta afirmación. Siempre me acaba quedando esa sensación de que hay que darle la vuelta a la tortilla y que en realidad el mensaje oculto tendría que ser: "Chicos, bailen también con las feas" y "con las de más de cuarenta años" (añadiría). Digo esto porque en las milongas no son las mujeres sino los hombres los que van a buscar una pareja cada vez que el cambio de música sugiere una nueva ronda. Las mujeres están sencillamente allí, sentadas, esperando, a ver cuál será el hombre que se les acercará para pedirles un baile. Y si llevan ya mucho rato en una silla no están para ser muy exigentes, les da igual si el hombre que les pide el baile es feo, es calvo o si es un peligro en la pista de baile. La mujer sencillamente quiere bailar y no se anda con demasiados remilgos si hay ganas. Dicho esto, queda claro entonces que son los hombres los que, por alguna misteriosa razón, siempre acaban sacando a las mujeres más bellas y jóvenes a la pista, salvo que tengan alguna amiga que les exija el cumplimiento y consolidación de su amistad. Por eso yo soy partidaria de cambiar el género del lema o bien proponer que en las milongas sea cada vez más habitual y normal que las chicas empiecen a arrollar a los chicos y los lleven por iniciativa propia a las pistas de baile. De esta manera nos ahorraríamos ese mal trago que se pasa cuando suenan los tangos que te gustan y estás ahí sentadita, viendo a los demás bailar y sintiendo cómo los pies y el corazón se te disparan mientras esperas. Pero como me parece a mí que esta última propuesta aún tardará cierto tiempo en darse, yo propongo valorar la ventaja de bailar con las mujeres feas "Como tienen más ganas de bailar, su entrega será total". Además, si los feos ya bailan bien, imagínense las mujeres, por alguna extraña razón, se dice que cogen antes el ritmo y los truquillos del baile que los hombres, y como encima dicen que somos unas sentimentales... pues esa parte ya está. Sólo hay que sacarlas a bailar. Así que chicos, ya lo saben "Bailen también con las feas"...
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