martes, 29 de julio de 2014

TANGOGRAFÍA XLVII:


 Hay dos tipos de agotamiento en el tango. Lo descubrí por casualidad el otro día mientras bailaba. Uno es el agotamiento físico, que más tarde o más temprano te llega después de unos cuantos bailes o de una milonga completa. El otro agotamiento es emocional y personal. Es de un breve tiempo, a veces un solo baile. Me sucedió mientras bailaba un D'Arienzo. Sentí por unos momentos que me vaciaba, volcando todas mis emociones exclusivamente en la música y en los movimientos de mi pareja. Yo ya no existía, dejé de ser yo, salvo el latir de algo intenso que se desarrollaba, a veces con un gran temperamento, pasión y energía y de repente algo suave, sutil, elegante, seductor y delicado. Entonces desapareció todo, la pista, el público, la técnica, el raciocinio; el momento fluía, se desarrollaba, pero era eterno. El silencio se volvió sonoro y regresamos a la realidad de la pista. Me dirigí a la silla, agotada de todo lo que había dado en un solo baile. Fue increíble. Era como si hubiese abierto la caja prohibida de los misterios. Esbocé una sonrisa interna. Me sentí como Pandora. Había descubierto EL SECRETO.

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