martes, 29 de julio de 2014
TANGOGRAFÍA 63:
En realidad parecía más un ritual mágico que un consejo tanguero: "Cuando desees mucho bailar con alguien, tú mírale los pies insistentemente, milonga tras milonga, semana tras semana. Así hasta que te saque a bailar". Eso me pareció una auténtica estupidez, atrayente por lo incoherente, pero innovador, sin duda, años luz del cabeceo tradicional. ¿De dónde había sacado ese hombre tal consejo? Lo cierto es que no me lo quitaba de la cabeza. Durante una semana, estuve observando pies en las rondas en que nadie me sacaba. ¡Vamos a ver!¿Qué pies me gustarían más?¿Con qué pies desearía bailar? Unos eran amenazantes, parecían que iban a morder pies femeninos, otros se deslizaban ligeros y elegantes, otros volaban o se enroscaban, otros marchaban al estilo militar... Había unos con estilo, es cierto, y otros más torpes, tampoco es un secreto. Pero ¿por qué la importancia debía de radicar en los pies? Sólo los veía como un cimiento de la persona que sustentaban. Unos pies elegantes estarían bien, pero ¿qué haría luego si la persona no era elegante, le faltaba calidad humana o empatía o, sencillamente, no tenía alma? Consideré que había más parte de cuerpo desconocido en este consejo que porción interesante y que, por sí solos, unos pies no debían de ser determinantes. No quise arriesgarme, tomé la decisión de que si debía estar semana tras semana observando algo iba a ser el alma de la gente que bailaba. Siempre me atrajo en todo el espíritu de la gente y, luego, posteriormente, todo lo demás.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario