martes, 29 de julio de 2014

TANGOGRAFÍA 62:

Cómo desearía que hubiese una Virginia Woolf del tango... una mujer que dejase de bailar y se pusiese por unos momentos a escribir esa especie de "Habitación propia" de este baile, o "Una milonga propia", si se prefiere.
¿Dónde está esa libertad de la mujer al bailar? A veces la vislumbro y experimento bailando con algunos hombres que tienen una capacidad de escucha, de empatía, de apertura, de dejarte tiempo y voz. Son unos pocos hombres y unos pocos momentos mágicos.
Otras veces sencillamente es colaborar en el buen desarrollo de un baile ajeno a grandes rasgos. Suena una música que te encanta, que te emociona, que tu impulso te lleva a bailar de una manera. Y estás allá esclava, limitada, en los brazos de un hombre que le imprime a esa pieza que tanto te emociona otro ritmo, otro sentimiento, otro estado de ánimo. Es lo más parecido a coger un pájaro volando en el cielo y apretarlo. Eres una buena bailarina, te metes en la jaula, sueñas con el bailarín ideal que te haría volar en ese tango.

No hay comentarios:

Publicar un comentario