martes, 29 de julio de 2014

TANGOGRAFÍA 68:

Me envía un amigo una imagen con este mensaje "En las milongas no se corrige ni se enseña a bailar". Hay milongueros que, efectivamente, no entienden la diferencia entre una clase de tango y una milonga. Son esos que siempre te dicen "¿Me permites un consejo?" mientras bailas, cortando todo tipo de empatía o magia, si es que a priori la había. Y es muy gracioso el comentario, porque si dices "No" generas mal rollo y es muy probable que te quedes sin compañero. En realidad es una pregunta con trampa, porque el consejo te lo dará independientemente de lo que digas... por supuesto, sin caer en la cuenta de que si tú quisieses a priori un consejo se lo pedirías tú de antemano.También es interesante la apreciación de que quien da el consejo se convierte automáticamente en experto.

Pero aún hay algo más importante en los bailes de las milongas, es algo que me inquieta sobremanera: son las intenciones de tu baile y lo que vas a buscar tú en las milongas. Hay quien va a divertirse y a socializarse como prioridad y el baile es algo ligero, es como una charla distendida con los pies y, mientras la mantienes, puedes saludar a otros, hablar con la pareja, ver a los que bailan delante, etc. Hay quien va a lucirse y piensa que todos lo están mirando, motivo por el cual sólo puede bailar con gente de "qualité" o gente a la que dar muchos consejos y, los hay, por último, que buscan en el baile algo profundo y de entrega y que se toman cada baile como algo muy especial y serio.

De momento, por lo que llevo de experiencia, lo normal son los dos primeros grupos, los que miran hacia afuera, en vez de mirar hacia adentro. La verdad es que es una pena, porque sin quererlo, muchos bailes están perdidos y se transforman en algo vacío, sin alma, sin entrega. Es lo que menos me gusta del tango.

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