Uno debería colgarse un cartelito en el que constase: nombre, reconocimiento y años de baile antes de entrar en las milongas. De esa manera se evitarían situaciones divertidas que pueden ocurrir entre principiantes y veteranos. Dejo aquí un ejemplo.
Me acababa de sacar a bailar un señor mayor, muy gentil y caballeroso que rondaría los setenta años, para nada aparentes según emoción y agilidad. Finalizado el primer baile le comento encantada: "Baila usted muy bien". El señor sonríe, me mira y me pregunta confiado: "¿No sabes quién soy?". Me sorprende la pregunta y lo primero que se me ocurre para mis adentros es " No, ¿Sabe usted acaso quién soy yo...?", pero me muerdo la lengua y le respondo que No con cordialidad, algo extrañada. Su pregunta no me parece una buena estrategia para relajarme en el siguiente baile, más bien enciende mi alarma y enseguida pienso "o este tipo es peligroso o este tipo es alguien que conoce mucha gente o este tipo es uno de esos que filosofan y se están preocupando siempre por la identidad..." Me dice que se llama Domingo Rey y yo le digo que encantada, que yo me llamo Julia Peralta. E insiste en la puñetera pregunta "¿Ahora sí?" "Pues no" - le digo- aunque el nombre me suena de algo y no sé de qué. En el siguiente cambio de música me dice que lleva cuarenta y cinco años enseñando tango y muchos más bailando. Yo sonrío y le digo que podría ser su tataranieta en este baile, que nos llevamos cuarenta y cuatro años y medio de diferencia en esta experiencia, más todos los otros años que no me cuenta. Acaba la ronda y el señor me besa la mano y me acompaña hasta mi mesa. ¡Qué galán!- pienso- ¡Lástima que ya no queden hombres así...!
Suena otra vez la música, una chica se me sienta al lado. Tiene pinta de haber bailado unos cuantos años. La curiosidad hace que la distraiga un momento y le pregunte:
- Perdona, ¿Tú sabes quién es Domingo Rey?
- Sí, aquel señor de allá...
- Y me puedes decir, si no es mucha indiscreción, ¿a qué se dedica?
- Tiene una milonga y es profesor y bailarín.
(¡Vaya!- me digo- ahora entiendo la sonrisa. Es como si a Leo Messi le digo que se le da bien jugar con la pelota...) Son cosas extrañas que pasan en todos los círculos, cuando llegas nuevo todo el mundo es ajeno. Y cuando estás adentro el extraño es el que llega. Aún así, hay algo que está por encima de todos los nombres, identidades y años de tango y es el simple hecho de encontrarse, de compartir unos bailes y de entablar complicidad.
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