Toda historia personal del tango tiene dos momentos, que corresponden en realidad con dos nacimientos: uno correspondería con todos esos momentos en que uno se ve desde dentro en el baile, y el otro sería el momento en que uno se convierte en observador de su propio baile y se ve bailando desde fuera. Este segundo nacimiento es revelador, da paso a la comunidad, al cuerpo y a los movimientos en sí, a todo lo que técnicamente hay que mejorar. En cambio, el primer nacimiento siempre es un secreto entre dos. El otro día al descubrirme por casualidad bailando en un vídeo tuve la certeza de que este baile funciona como una cinta de Moëbius. Lo externo y lo interno están continuamente enlazados. Comprendí que todos nos imaginamos bailando, pero que era muy diferente verte realmente bailando.
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