lunes, 8 de septiembre de 2014
TANGOGRAFÍA 127: EL DÍA EN QUE SABRÁS BAILAR
Suena una música y el primer interruptor que se te enciende es la imaginación. Entras en una especie de trance arrollador y te sorprendes bailando con una fluidez... llevas el compás, los pies se deslizan con elegancia y ligereza, entiendes a tu pareja a la perfección, te salen unos voleos de vértigo y todo lo que haces en el baile, todo, todo... es una sorpresa oportuna: ¡Anda, mira que bien ha quedado esto aquí en este golpe de campanilla, o este vuelo de pierna con el violín...!
Pero no todo es este baile feliz que sirve como autopropulsión, luego llega el cuerpo y te jode el plan. El cuerpo es ese ser anciano con achaques, del que constantemente debes ir tirando: "¡Vamos, abuelo, que llegamos tarde en el compás, arrastra usted los pies como si cargase sacos de tierra, esos voleos además parecen coces y le viene a usted pisando desde hace un rato su compañero!"
Si no fuese por el cuerpo, el baile sería tan bello... pero le faltaría la casa al baile... Por eso hay que seguir mejorando ese hogar, hacer que la imaginación se alíe con esa carne y esos huesos que un día, con técnica, llegarán a ser más ligeros. Yo sólo me digo a veces con esperanza "Ya verás, imaginación, lo bella que te vas a ver el día en que te atrape el cuerpo". Será el día en que por fin sabrás bailar un tango.
TANGOGRAFÍA 128:
Aquel baile era nuestro escondite secreto. Lo guardamos todo en la música, pero ambos sabíamos en silencio la verdad.
TANGOGRAFÍA 139: "LA CULPA FUE DEL DJ"
Abres tu sonrisa y entro, sin preguntarme nada. Dices "Qué bonita música están poniendo hoy". Cierras los labios, suena otra pieza y empiezas a bailar. Siento tu alegría entrando por todo mi cuerpo y extendiéndose por la sala. Una inquietud me dice que estoy encerrada allí, en tu sonrisa, cautiva y libre en el lado interno de tu alma.
TANGOGRAFÍA 138: "PASO A PASO"
Todo comenzó a raíz de un comentario "Debes relajar aún más la cadera". Sí, eso ya lo sabía, lo entendía, pero seguía sin hacerlo... Entonces le pregunté: "¿Y cómo lo hago?"
El profesor me agarró de los brazos y, mientras nos movíamos hacia adelante, me explicó: "Primero practica un paso, cuando ya tengas controlado un paso relajado, da dos pasos, cuando domines esos dos pasos da tres... y así progresivamente hasta que aprendas a caminar..."
"¡Qué bella lección!"- pensé, quizá parezca evidente, pero ¿acaso hay muchos que la practican? Entonces me vino a la mente todo ese aluvión de gente que quiere aprender pasos rápidos, salir a bailar con un montón de cosas mal aprendidas... Abrí mi libreta de apuntes y anoté: "Nada sólido y de calidad se construye en escasos días y sin esfuerzo, todo es gradual". Aquel hombre me había enseñado una gran lección aquella mañana de forma muy sencilla: había que pisar bien a tierra, había que poner correctamente los pies en el suelo para tener algo sólido y relajado, había que olvidarse de los castillos en el aire y de las florituras, lo primordial era bailar con unos buenos cimientos en cada baile.
El profesor me agarró de los brazos y, mientras nos movíamos hacia adelante, me explicó: "Primero practica un paso, cuando ya tengas controlado un paso relajado, da dos pasos, cuando domines esos dos pasos da tres... y así progresivamente hasta que aprendas a caminar..."
"¡Qué bella lección!"- pensé, quizá parezca evidente, pero ¿acaso hay muchos que la practican? Entonces me vino a la mente todo ese aluvión de gente que quiere aprender pasos rápidos, salir a bailar con un montón de cosas mal aprendidas... Abrí mi libreta de apuntes y anoté: "Nada sólido y de calidad se construye en escasos días y sin esfuerzo, todo es gradual". Aquel hombre me había enseñado una gran lección aquella mañana de forma muy sencilla: había que pisar bien a tierra, había que poner correctamente los pies en el suelo para tener algo sólido y relajado, había que olvidarse de los castillos en el aire y de las florituras, lo primordial era bailar con unos buenos cimientos en cada baile.
TANGOGRAFÍA 137: "SE HACE TANGO AL CAMINAR"
(A G. por su bello caminar...)
No deja de tener su parte cómica el hecho de que te apuntes a clases de tango. Comienzas el primer día y te enseñan la caminata. Te vuelves rígido, pierdes el equilibrio, separas las piernas, haces las mil y una piruetas increíbles, todo lo antinatural que se te ocurre, pareces un extraterrestre, o un pato mareado, practicas la artificialidad en la pista, practicas lo imposible y acrobático, hasta que un día, pasado un año o más (a veces hay gente que ni se entera...) te viene la revelación: "¡Anda! Si lo que estoy haciendo es caminar..." Te emocionas, lloras de felicidad, aunque es una tontería, piensas: "¡joder! pues anda que no llevas años haciendo eso con naturalidad". Entonces te preguntas "¿Sólo era eso lo que tenía que hacer?" Y te respondes con una gran sonrisa: "Sí, sólo TODO eso". La consciencia del caminar con todos sus detalles, el propósito de mejorar la pisada con una elegancia exquisita, el placer de pisar sensualmente y de comunicarse con los pies, sólo de pensarlo se te abre un mundo nuevo tremendamente interesante... TODO un mundo secreto en una sencilla caminata. Eso ya lo saben los buenos bailarines. A estos los descubrirás, no por todas sus figuras y pasos, sino en el sencillo y bello acto de caminar.
No deja de tener su parte cómica el hecho de que te apuntes a clases de tango. Comienzas el primer día y te enseñan la caminata. Te vuelves rígido, pierdes el equilibrio, separas las piernas, haces las mil y una piruetas increíbles, todo lo antinatural que se te ocurre, pareces un extraterrestre, o un pato mareado, practicas la artificialidad en la pista, practicas lo imposible y acrobático, hasta que un día, pasado un año o más (a veces hay gente que ni se entera...) te viene la revelación: "¡Anda! Si lo que estoy haciendo es caminar..." Te emocionas, lloras de felicidad, aunque es una tontería, piensas: "¡joder! pues anda que no llevas años haciendo eso con naturalidad". Entonces te preguntas "¿Sólo era eso lo que tenía que hacer?" Y te respondes con una gran sonrisa: "Sí, sólo TODO eso". La consciencia del caminar con todos sus detalles, el propósito de mejorar la pisada con una elegancia exquisita, el placer de pisar sensualmente y de comunicarse con los pies, sólo de pensarlo se te abre un mundo nuevo tremendamente interesante... TODO un mundo secreto en una sencilla caminata. Eso ya lo saben los buenos bailarines. A estos los descubrirás, no por todas sus figuras y pasos, sino en el sencillo y bello acto de caminar.
TANGOGRAFÍA 135: "HAY QUE SALIR A BAILAR CON LOS COMPLEJOS"
Yo tuve dos complejos: uno se llamaba pie izquierdo y el otro pie derecho. Tenían los dedos redondos y cortos, las plantas anchas y estaban adornados por venas que parecían atadas a un tobillo ancho, robusto, como el tronco de un roble. A menudo los disimulaba ocultándolos cómodamente en algún zapato de punta redonda que no llamase excesivamente la atención. No cabe decir que comprar zapatos era un martirio y que lo que menos me apetecía era encontrarme con un sinfín de zapatos bonitos en las zapaterías todos acabados en una punta de Kilimanjaro con un tacón altísimo e imposible que daba mayor inestabilidad a mi pronunciado puente en el pie.
Viví con mis complejos muchos años. Estuvieron cómodamente ocultos hasta que un día me dio por aprender a bailar tango. Al principio, yo sólo me fijaba en las parejas, en un todo envolvente propiciado por un abrazo. Pero poco a poco fui descubriendo horrorizada que muchas de las miradas de los milongueros expertos y curiosos iban a parar a los pies. "¡Qué tragedia! -pensé- a medida que bailes mejor más se van a fijar en esa parte de tu cuerpo que menos te agrada...esto sí que es una auténtica desgracia..."
Durante los primeros meses, yo ocultaba mis complejos en unos zapatos de baile cerrados, negros y con un taco más grueso, nada sexy, me pareció una buena estrategia para despistar...
Pero iba avanzando en mis aprendizajes y llegó el momento en que pensé "o dejas de bailar, o te cortas los pies o conviertes los complejos en otra cosa y sigues con lo que te apasiona..."
Dejar de bailar no quería, cortarme los pies me parecía una medida drástica, así que tomé la decisión de empezar a lucir los complejos.
Poco a poco fui mimándolos, apreciando su utilidad y el placer que me daba redescubrirlos. Los enfundé en zapatos cada vez más bellos, me fijaba en la forma en que los apoyaba en el suelo gradualmente, deleitándome con cada caricia al piso o gozando su disposición en un adorno.
Y fue tal la fascinación que un día en un baile, ante una música increíble mientras me ponía mis zapatos de calle, salí a la pista descalza ante la invitación de un gentil bailarín. Descubrí entonces que mis complejos eran maravillosos, que independientemente de como fueran me proporcionaban la magia de bailar.
Llegué aquella noche a casa extasiada, pensando que en la vida lo mejor era bailar con los complejos, airearlos, mostrarlos, convertirlos en otra cosa. Nadie es perfecto y aceptarte como eres te hace fuerte, libre e invencible.
Viví con mis complejos muchos años. Estuvieron cómodamente ocultos hasta que un día me dio por aprender a bailar tango. Al principio, yo sólo me fijaba en las parejas, en un todo envolvente propiciado por un abrazo. Pero poco a poco fui descubriendo horrorizada que muchas de las miradas de los milongueros expertos y curiosos iban a parar a los pies. "¡Qué tragedia! -pensé- a medida que bailes mejor más se van a fijar en esa parte de tu cuerpo que menos te agrada...esto sí que es una auténtica desgracia..."
Durante los primeros meses, yo ocultaba mis complejos en unos zapatos de baile cerrados, negros y con un taco más grueso, nada sexy, me pareció una buena estrategia para despistar...
Pero iba avanzando en mis aprendizajes y llegó el momento en que pensé "o dejas de bailar, o te cortas los pies o conviertes los complejos en otra cosa y sigues con lo que te apasiona..."
Dejar de bailar no quería, cortarme los pies me parecía una medida drástica, así que tomé la decisión de empezar a lucir los complejos.
Poco a poco fui mimándolos, apreciando su utilidad y el placer que me daba redescubrirlos. Los enfundé en zapatos cada vez más bellos, me fijaba en la forma en que los apoyaba en el suelo gradualmente, deleitándome con cada caricia al piso o gozando su disposición en un adorno.
Y fue tal la fascinación que un día en un baile, ante una música increíble mientras me ponía mis zapatos de calle, salí a la pista descalza ante la invitación de un gentil bailarín. Descubrí entonces que mis complejos eran maravillosos, que independientemente de como fueran me proporcionaban la magia de bailar.
Llegué aquella noche a casa extasiada, pensando que en la vida lo mejor era bailar con los complejos, airearlos, mostrarlos, convertirlos en otra cosa. Nadie es perfecto y aceptarte como eres te hace fuerte, libre e invencible.
TANGOGRAFÍA 134:
Dejo aquí un consejo sabio que alguien me dio el otro día:
" Cuando salgas a bailar con alguien, con el que sea, sal si tu corazón te lo pide, si tus pies tienen ganas de moverse y si quieres entregarte realmente a esa persona para disfrutar del tango".
" Cuando salgas a bailar con alguien, con el que sea, sal si tu corazón te lo pide, si tus pies tienen ganas de moverse y si quieres entregarte realmente a esa persona para disfrutar del tango".
TANGOGRAFÍA 133: " QUE NOS QUITEN LO BAILAO"
Una milonguera entrañable me comentaba esta noche que el mundo del tango era realmente injusto para las mujeres: "Yo porque tengo pareja, pero la mayoría se cansa y abandona. Es realmente frustrante..." y, por supuesto, yo no le iba a llevar la contraria... Me estaba diciendo una verdad como una catedral. Pero me indignaba pensar "A pesar de todo lo frustrante que puede resultar el mundo del tango para una mujer ¿por qué tendría que abandonar yo algo que me gusta? Antes inventaría el tango individual, promovería el tango entre mujeres, las rondas donde las mujeres sacan a los hombres o crearía una consulta psicológica para bailarinas desanimadas. Lo importante es luchar por lo que te gusta, aunque lo tengas jodido, en vez de abandonar. Esta tangografía es una especie de reconocimiento a las mujeres que, a pesar de las dificultades y frustraciones tangueras, aún siguen yendo a las milongas de batalla. Ningún baile o bailarín debería matarnos el sueño o la ilusión.
TANGOGRAFÍA 132: "LESS IS MORE"
La regla de oro del tango debería de ser "Aprender al máximo y aplicar lo justo". Ya lo decía Mies van der Rohe: "Less is more". Eso es lo difícil.
TANGOGRAFÍA 131: APRENDER A DECIR "NO"
Lo más frustrante del tango, como mujer, y con una diferencia descomunal, es proponerte mejorar en este baile. Eres crítica y analítica, practicas en casa, te fijas en otros bailarines, revisas todo lo que haces mal, escuchas orquestas para mejorar tu musicalidad... lo pones todo para mejorar, hasta el entusiasmo. Luego llegas a la pista y te sacan a bailar parejas que siempre hacen lo mismo, que van fuera de la música, que te sujetan tan fuerte que no puedes moverte, que se te tiran encima o se te derriten como flanes, que no saben lo que te marcan, que te van chocando con todo el mundo en unas músicas preciosas mientras te mueres de rabia y lloras en lo más profundo de impotencia. Es una situación tremendamente triste. He descubierto que para avanzar la palabra mágica es NO, no bailar casi nunca. Redefiní lo que se esconde detrás: si un hombre va a bailar con las chicas que quiere y cuando quiere y descarta a las otras, ¿por qué ha de estar mal visto que nosotras también tomemos capacidad de decisión sobre con quién queremos bailar? La única diferencia es que nos vienen hombres sin nosotras haberlos pedido. Por eso hay que decir NO. Mil veces estar sola en una silla escuchando música que bailar todas las rondas, creo que he entrado en esa fase de selección y exigencia, de mantener gente con la que he bailado muchas veces, pero también de conocer gente nueva con unos requisitos mínimos al bailar.
TANGOGRAFÍA 130: Y DICEN QUE VOLABA
El viernes me contaron una historia preciosa, de ésas que de alguna manera hay que inmortalizar. Siempre que suena un vals, Alfonsina mueve los pies, respira hondo y se pone a volar en secreto.
Nunca se levanta de la silla cuando suena esta modalidad. Y en el caso de que algún pretendiente osado se acerque para pedirle esa ronda, Alfonsina sonreirá y se despedirá de él con un amable "No".
Un No diferente al de otras rondas, un No misterioso, cargado de mucha coherencia. Un No de ésos que, cuando los descubres y te sumerges, te llegan al corazón y al resto de entrañas. Hay bailes que nunca mueren y que sobreviven aún a sus propios bailarines...
Alfonsina y Tito se conocieron en una milonga hace ya muchísimo tiempo. Él era un tipo enorme, con prestancia de tanguero innato y con una manera muy personal de bailar. Ella era una muñequita ágil y apasionada con el tango, quizá la palabra que mejor la definiría sería "amor".Dicen los milongueros concurrentes que formaban una pareja variopinta, pero muy hermosa y emotiva siempre que sonaba un vals.
De una manera instintiva, cuando la música esbozaba su primer compás, Alfonsina se abrazaba delicadamente al cuello de Tito y con indicaciones muy sutiles de su pecho ella era capaz de entender a la perfección los pasos y el sentimiento que le dictaba la canción y, al mismo tiempo, podía abandonarse al hermoso placer de volar , de volar como una gaviota en torno a un mástil, de volar como esos columpios de feria que van a gran velocidad suspendidos de la columna central. Eran esa pareja contraste de eje y ligereza, de ligereza y eje que van engendrando ebriamente una multitud de bailes indescriptibles.
Y así volaron mucho tiempo, por pistas diferentes, emocionándose ellos, y dejando boquiabiertos a quienes se paraban a observarlos. Un día, sin más, todo cambió bruscamente. Tito desapareció. Alfonsina se quedó triste sentada en uno de esos columpios de feria, aún agarrados por el gran mástil central, pero ya sin la energía ni el movimiento de los bailes de Tito. Fue entonces cuando descubrió que ya no podría bailar un vals con nadie más y que la estrategia era recordar y protegerse del resto de tangueros con un No especial que debería practicar.
Así llegó a la fase en que se acostumbró a decir No. Un No triste, un No indiferente. Pero los valses del recuerdo fueron meciendo poco a poco aquel columpio en el que estaba sentada en cada milonga. Desde sillas muy diferentes Alfonsina descubrió un día que seguía siendo aquella niña que disfrutaba dando vueltas como una loca abrazada al cuello de Tito. No podía evitarlo, en realidad no había parado de dar vueltas y de bailar todos esos valses, pero desde dentro, desde el recuerdo. Tito se había convertido en el mástil del recuerdo y el corazón, la silla, era el columpio que la hacía volar. Cuando sonaban las rondas de valses, ambos seguían danzando desde dentro, desde lo profundo, en completa libertad. Sólo las sillas de las milongas saben de esta historia. Se cuentan entre ellas los pasos secretos y emocionantes que bailan Alfonsina y Tito siempre que suena un vals.
Nunca se levanta de la silla cuando suena esta modalidad. Y en el caso de que algún pretendiente osado se acerque para pedirle esa ronda, Alfonsina sonreirá y se despedirá de él con un amable "No".
Un No diferente al de otras rondas, un No misterioso, cargado de mucha coherencia. Un No de ésos que, cuando los descubres y te sumerges, te llegan al corazón y al resto de entrañas. Hay bailes que nunca mueren y que sobreviven aún a sus propios bailarines...
Alfonsina y Tito se conocieron en una milonga hace ya muchísimo tiempo. Él era un tipo enorme, con prestancia de tanguero innato y con una manera muy personal de bailar. Ella era una muñequita ágil y apasionada con el tango, quizá la palabra que mejor la definiría sería "amor".Dicen los milongueros concurrentes que formaban una pareja variopinta, pero muy hermosa y emotiva siempre que sonaba un vals.
De una manera instintiva, cuando la música esbozaba su primer compás, Alfonsina se abrazaba delicadamente al cuello de Tito y con indicaciones muy sutiles de su pecho ella era capaz de entender a la perfección los pasos y el sentimiento que le dictaba la canción y, al mismo tiempo, podía abandonarse al hermoso placer de volar , de volar como una gaviota en torno a un mástil, de volar como esos columpios de feria que van a gran velocidad suspendidos de la columna central. Eran esa pareja contraste de eje y ligereza, de ligereza y eje que van engendrando ebriamente una multitud de bailes indescriptibles.
Y así volaron mucho tiempo, por pistas diferentes, emocionándose ellos, y dejando boquiabiertos a quienes se paraban a observarlos. Un día, sin más, todo cambió bruscamente. Tito desapareció. Alfonsina se quedó triste sentada en uno de esos columpios de feria, aún agarrados por el gran mástil central, pero ya sin la energía ni el movimiento de los bailes de Tito. Fue entonces cuando descubrió que ya no podría bailar un vals con nadie más y que la estrategia era recordar y protegerse del resto de tangueros con un No especial que debería practicar.
Así llegó a la fase en que se acostumbró a decir No. Un No triste, un No indiferente. Pero los valses del recuerdo fueron meciendo poco a poco aquel columpio en el que estaba sentada en cada milonga. Desde sillas muy diferentes Alfonsina descubrió un día que seguía siendo aquella niña que disfrutaba dando vueltas como una loca abrazada al cuello de Tito. No podía evitarlo, en realidad no había parado de dar vueltas y de bailar todos esos valses, pero desde dentro, desde el recuerdo. Tito se había convertido en el mástil del recuerdo y el corazón, la silla, era el columpio que la hacía volar. Cuando sonaban las rondas de valses, ambos seguían danzando desde dentro, desde lo profundo, en completa libertad. Sólo las sillas de las milongas saben de esta historia. Se cuentan entre ellas los pasos secretos y emocionantes que bailan Alfonsina y Tito siempre que suena un vals.
martes, 5 de agosto de 2014
TANGOGRAFÍA 127:
"EL ABRAZO DE LOS ABRAZOS"
Muchas veces se ha dicho que lo más bello del tango es el abrazo. Quizá será por eso: que se ha repetido tantas veces, que nos olvidamos de la magia del abrazo.
Me encanta ese ritual consciente, hacerlo lentamente. Rodear una espalda como si acogieses a alguien, suavemente, pero con firmeza, como si le dieses la bienvenida a ese desconocido, sosteniendo un poco hacia arriba, como quien invita a volar. Es un gesto que te hace sentir que ese baile será ligero y especial.
Luego el contacto con el torso ajeno, como quien se tumba suavemente en una cama. Estás en manos de un desconocido, ¡qué miedo!¡qué placer!¿Te maltratará bailando o será considerado? Aún no lo sabes, pero te dices que lo mejor es ser proactiva y confiar... sí, te convences, seguro que ese hombre desconocido te va a tratar como a una reina, hasta que se demuestre lo contrario... ¡Qué cosquilleo, qué bella sensación saber que sonará la música y que vas a construir un baile especial con alguien! Un baile inolvidable, de esos que te llevas a casa y recuerdas después de mucho tiempo.
Y mientras piensas todo eso y lo sientes con detalle, el caballero te ofrece la otra mano: cierras los dedos, cierras el abrazo, cierras los ojos. Sientes cerca los latidos, la tibieza de un cuerpo, la respiración, un perfume, un entusiasmo, un carácter en forma de movimiento. Ya sólo queda comenzar: mejor suave, que no arrastrar ya en la primera nota a tu pareja por la pista, mejor en silencio, que no contándote las mil y una historias que ensordecen la canción, mejor volcando algo de emoción, que no actuando como vigilante de patrulla por la pista.
Este primer momento del abrazo es fundamental, en eso se va o se gana el baile. A mí me gusta comparar ese momento con algo parecido a tomar una taza de café: hay quien le da dos tragos a la taza y ya está y hay quien se abandona al placer de tomar con consciencia un aromático café.
Así que ya lo saben, señoras y señores tangueros: manotear, hablar, o coger a la pareja como si fuese una presa no genera el mismo placer que dar un buen abrazo. No hay prisas, el tango no es un sprint, quien se detiene al principio con algo tan placentero, ya se ha ganado un tanto por ciento muy elevado de ese baile.
Muchas veces se ha dicho que lo más bello del tango es el abrazo. Quizá será por eso: que se ha repetido tantas veces, que nos olvidamos de la magia del abrazo.
Me encanta ese ritual consciente, hacerlo lentamente. Rodear una espalda como si acogieses a alguien, suavemente, pero con firmeza, como si le dieses la bienvenida a ese desconocido, sosteniendo un poco hacia arriba, como quien invita a volar. Es un gesto que te hace sentir que ese baile será ligero y especial.
Luego el contacto con el torso ajeno, como quien se tumba suavemente en una cama. Estás en manos de un desconocido, ¡qué miedo!¡qué placer!¿Te maltratará bailando o será considerado? Aún no lo sabes, pero te dices que lo mejor es ser proactiva y confiar... sí, te convences, seguro que ese hombre desconocido te va a tratar como a una reina, hasta que se demuestre lo contrario... ¡Qué cosquilleo, qué bella sensación saber que sonará la música y que vas a construir un baile especial con alguien! Un baile inolvidable, de esos que te llevas a casa y recuerdas después de mucho tiempo.
Y mientras piensas todo eso y lo sientes con detalle, el caballero te ofrece la otra mano: cierras los dedos, cierras el abrazo, cierras los ojos. Sientes cerca los latidos, la tibieza de un cuerpo, la respiración, un perfume, un entusiasmo, un carácter en forma de movimiento. Ya sólo queda comenzar: mejor suave, que no arrastrar ya en la primera nota a tu pareja por la pista, mejor en silencio, que no contándote las mil y una historias que ensordecen la canción, mejor volcando algo de emoción, que no actuando como vigilante de patrulla por la pista.
Este primer momento del abrazo es fundamental, en eso se va o se gana el baile. A mí me gusta comparar ese momento con algo parecido a tomar una taza de café: hay quien le da dos tragos a la taza y ya está y hay quien se abandona al placer de tomar con consciencia un aromático café.
Así que ya lo saben, señoras y señores tangueros: manotear, hablar, o coger a la pareja como si fuese una presa no genera el mismo placer que dar un buen abrazo. No hay prisas, el tango no es un sprint, quien se detiene al principio con algo tan placentero, ya se ha ganado un tanto por ciento muy elevado de ese baile.
lunes, 4 de agosto de 2014
TANGOGRAFÍA 126:
" LA MAGIA DE SER EN EL BAILE UN VIOLONCHELO"
Era violoncellista, lo supe en la pausa cuando comentó "Pugliese es el Beethoven del tango". Hice entonces el gran descubrimiento: aquél hombre me estaba tocando con la música como si fuese su instrumento. Era la primera vez que me sentí así: como un violonchelo. Movía mis piernas como cuerdas a diferentes velocidades y con distinto temperamento, clavaba y deslizaba a compás exacto mis pies por toda la pista.
Al finalizar la ronda él me dijo: "Si desde pequeñita te ha gustado el violonchelo debes de probar, nunca es tarde..."
Entonces le expliqué la sensación que acababa de vivir:
"¿Sabes qué? Acabo de descubrir bailando algo mejor: quiero ser toda yo un violonchelo, un instrumento entero que sienta con la música, que quiera sincronizarse y que se mueva en cada vibración de unas notas y una voz. Si esta caja de madera tuviese carne y huesos cuando la tocas seguro que se sentiría como yo".
Era violoncellista, lo supe en la pausa cuando comentó "Pugliese es el Beethoven del tango". Hice entonces el gran descubrimiento: aquél hombre me estaba tocando con la música como si fuese su instrumento. Era la primera vez que me sentí así: como un violonchelo. Movía mis piernas como cuerdas a diferentes velocidades y con distinto temperamento, clavaba y deslizaba a compás exacto mis pies por toda la pista.
Al finalizar la ronda él me dijo: "Si desde pequeñita te ha gustado el violonchelo debes de probar, nunca es tarde..."
Entonces le expliqué la sensación que acababa de vivir:
"¿Sabes qué? Acabo de descubrir bailando algo mejor: quiero ser toda yo un violonchelo, un instrumento entero que sienta con la música, que quiera sincronizarse y que se mueva en cada vibración de unas notas y una voz. Si esta caja de madera tuviese carne y huesos cuando la tocas seguro que se sentiría como yo".
TANGOGRAFÍA 124:
"NOS OLVIDAMOS DE LA MAGIA"
A menudo nos preocupamos de la superficialidad del baile en exceso y nos olvidamos de lo mágico del tango. Hay tanto humano y cultural en este baile... y en cambio, la gente hace el tonto centrándose en los pasos. Lea antes sobre la cultura argentina, profundice en el porqué y encuentre una relación común y existencial, sumérjase en sus sentimientos y en su identidad, así como en los de la gente que baila con usted o en las milongas. Si no entiende esto, nunca podrá entrar en el mundo del tango, usted sigue una moda, está ciego y hace el paripé. Es como viajar a un sitio dos días en bus turístico, no conoce realmente la ciudad, pero usted en su ignorancia se queda bien, se dice y explica a los demás que ha estado allí y que lo ha visto todo o casi todo. El baile empieza en el momento en que usted conecta con su yo interno y con la cultura. Y si abre esta puerta, y tiene paciencia y tiempo, descubrirá el lado mágico del tango.
A menudo nos preocupamos de la superficialidad del baile en exceso y nos olvidamos de lo mágico del tango. Hay tanto humano y cultural en este baile... y en cambio, la gente hace el tonto centrándose en los pasos. Lea antes sobre la cultura argentina, profundice en el porqué y encuentre una relación común y existencial, sumérjase en sus sentimientos y en su identidad, así como en los de la gente que baila con usted o en las milongas. Si no entiende esto, nunca podrá entrar en el mundo del tango, usted sigue una moda, está ciego y hace el paripé. Es como viajar a un sitio dos días en bus turístico, no conoce realmente la ciudad, pero usted en su ignorancia se queda bien, se dice y explica a los demás que ha estado allí y que lo ha visto todo o casi todo. El baile empieza en el momento en que usted conecta con su yo interno y con la cultura. Y si abre esta puerta, y tiene paciencia y tiempo, descubrirá el lado mágico del tango.
TANGOGRAFÍA 122:
"NO ME TOQUES LOS ADORNOS"
De una forma impulsiva y con cierta dosis de furia, Geraldina explotó un día: "¡Basta, Edgardo, deja ya de tocarme los adornos!" que era una forma sutil de decir "No me hinches más las narices o las pelotas y ve a lo tuyo". Consideraba que "adornos" era un buen término para el tango y que éste se adecuaba mejor al tema que despertó su irritación.
Edgardo llevaba casi un mes insistiendo: -¿Y los adornos?¿Has aprendido ya adornos?¿Los estás poniendo en práctica mientras estamos ensayando?
Ella no entendía la insistencia repentina ni por qué Edgardo metía las narices donde nadie le había llamado. Desde que escuchó decir a una profesora de tango "Los adornos son un tiempo de libertad que tenemos las mujeres para expresarnos" consideró que ese asunto era una cuestión muy suya, y que ella ya encontraría el momento oportuno para expresarse libremente y para estar cómoda con sus adornos.
Edgardo, en cambio, parecía sufrir con la decisión de su compañera de baile: la calma, el perfeccionamiento, la preocupación previa por la técnica, la conexión y musicalidad le parecían un avance demasiado lento para sus grandes propósitos... Debía encontrar urgentemente una estrategia para hacer cambiar de opinión a esa mujer. Probó entonces el método altruista:
- No creas que lo hago por mí, Geraldina - dijo con tono amistoso- es más, te estoy haciendo un favor. Me estoy olvidando de mi baile y me centro en el tuyo. ¿Qué otro hombre se sacrificaría así? Quiero que bailes bien bonito y que la gente diga en las milongas: "Mira qué bien baila esa mujer, mira qué adornos más bonitos hace..."
Geraldina le vio enseguida los dientes al lobo Edgardo. Nada le molestaba más que un individuo hipócrita que intentase aprovecharse de la gente para sus propósitos, y especialmente para lucirse.
Un día sin más, decidió resolver el asunto. Mientras Edgardo le planteaba el aburrido tema de siempre, Geraldine le preguntó:
-¿Tú has oído hablar de Adolf Loos?
- Ni idea, Geraldina, ya sabes que no domino el tema de las orquestas y de los bailarines de tango...
(En realidad era una pregunta retórica, pues lo sorprendente hubiese sido que Edgardo supiese que era un arquitecto de principios del s.XX nacido en la República Checa...)
- Pues creo que va a ser un tipo muy importante para ti...
- ¡Ah!¿sí...?¿Por qué?
- Escribió un artículo titulado "Ornamento y delito", y donde dice "ornamento", Edgardo, puedes poner "adorno"... (Tras un breve silencio incómodo de desconcierto)
- Pues no entiendo... ¿qué tiene que ver este libro y este tipo con nuestros ensayos o con el tango...?
-Es raro que no le encuentres enseguida la conexión... Loos comparaba los "adornos" con los tatuajes de los presos. A este arquitecto le parecía que un "adorno" mal puesto era una barbaridad, una aberración, algo similar a un crimen... ¡lástima que este tipo no se interesase por el tango!¿Sabes? Tengo la impresión de que Loos habría puesto a los asesinos tangueros en su sitio. Lo que no me queda claro es qué papel tendrías tú en esta nueva versión del artículo, Edgardo, no sé si serías un asesino tanguero o bien un adorno muy grande que le haría sombra al baile. Eso tendrías aún que pensarlo... céntrate en eso, querido, y deja de tocarme ya de una vez "los adornos"...
De una forma impulsiva y con cierta dosis de furia, Geraldina explotó un día: "¡Basta, Edgardo, deja ya de tocarme los adornos!" que era una forma sutil de decir "No me hinches más las narices o las pelotas y ve a lo tuyo". Consideraba que "adornos" era un buen término para el tango y que éste se adecuaba mejor al tema que despertó su irritación.
Edgardo llevaba casi un mes insistiendo: -¿Y los adornos?¿Has aprendido ya adornos?¿Los estás poniendo en práctica mientras estamos ensayando?
Ella no entendía la insistencia repentina ni por qué Edgardo metía las narices donde nadie le había llamado. Desde que escuchó decir a una profesora de tango "Los adornos son un tiempo de libertad que tenemos las mujeres para expresarnos" consideró que ese asunto era una cuestión muy suya, y que ella ya encontraría el momento oportuno para expresarse libremente y para estar cómoda con sus adornos.
Edgardo, en cambio, parecía sufrir con la decisión de su compañera de baile: la calma, el perfeccionamiento, la preocupación previa por la técnica, la conexión y musicalidad le parecían un avance demasiado lento para sus grandes propósitos... Debía encontrar urgentemente una estrategia para hacer cambiar de opinión a esa mujer. Probó entonces el método altruista:
- No creas que lo hago por mí, Geraldina - dijo con tono amistoso- es más, te estoy haciendo un favor. Me estoy olvidando de mi baile y me centro en el tuyo. ¿Qué otro hombre se sacrificaría así? Quiero que bailes bien bonito y que la gente diga en las milongas: "Mira qué bien baila esa mujer, mira qué adornos más bonitos hace..."
Geraldina le vio enseguida los dientes al lobo Edgardo. Nada le molestaba más que un individuo hipócrita que intentase aprovecharse de la gente para sus propósitos, y especialmente para lucirse.
Un día sin más, decidió resolver el asunto. Mientras Edgardo le planteaba el aburrido tema de siempre, Geraldine le preguntó:
-¿Tú has oído hablar de Adolf Loos?
- Ni idea, Geraldina, ya sabes que no domino el tema de las orquestas y de los bailarines de tango...
(En realidad era una pregunta retórica, pues lo sorprendente hubiese sido que Edgardo supiese que era un arquitecto de principios del s.XX nacido en la República Checa...)
- Pues creo que va a ser un tipo muy importante para ti...
- ¡Ah!¿sí...?¿Por qué?
- Escribió un artículo titulado "Ornamento y delito", y donde dice "ornamento", Edgardo, puedes poner "adorno"... (Tras un breve silencio incómodo de desconcierto)
- Pues no entiendo... ¿qué tiene que ver este libro y este tipo con nuestros ensayos o con el tango...?
-Es raro que no le encuentres enseguida la conexión... Loos comparaba los "adornos" con los tatuajes de los presos. A este arquitecto le parecía que un "adorno" mal puesto era una barbaridad, una aberración, algo similar a un crimen... ¡lástima que este tipo no se interesase por el tango!¿Sabes? Tengo la impresión de que Loos habría puesto a los asesinos tangueros en su sitio. Lo que no me queda claro es qué papel tendrías tú en esta nueva versión del artículo, Edgardo, no sé si serías un asesino tanguero o bien un adorno muy grande que le haría sombra al baile. Eso tendrías aún que pensarlo... céntrate en eso, querido, y deja de tocarme ya de una vez "los adornos"...
TANGOGRAFÍA 121:
"LA PAREJA DE BAILE QUE TE MERECES"
Lo más difícil del tango, como en la vida, es hacerte respetar como persona y como bailarina. Creo que a veces las mujeres perdemos el norte, principalmente cuando comenzamos en este mundo, parece que nuestro objetivo es que nos saquen más hombres y bailar más. Así se vende y así se cree, yo también caí al principio en este planteamiento erróneo.
Con el tiempo te das cuenta de que lo prioritario es preguntarse: "¿qué estoy buscando yo en este baile?" Lo digo porque esto puede evitarte un sinfín de enredos y confusiones.
Hace unos días un compañero de milonga me comentó en broma: "Algún día bailarás con los que están en el otro extremo de la pista, con los de la zona VIP... jajajajaja". A mí la verdad es que aquel comentario, más que causarme risa o parecerme un cumplido, me generó repelús. No estaba en mi lista de aspiraciones ese propósito, sinceramente, me daba cuenta de que mi deseo no era bailar con gente que domina una técnica pasando por alto mi valor como persona, o bien con gente que no entrega algo profundo al bailar. Me parecía humillante ir persiguiendo un baile con un hombre que me ignorara a priori por mi nivel. Es más, se me hacía que el hombre era tonto por fijarse sólo en eso... yo estoy, sin duda, por encima de todas esas cosas, el baile es mucho más que imitar pasos como un mono, requiere de un sinfín de habilidades personales que no todos los expertos tienen.
He bailado ya con bastantes hombres, y de momento tengo claro lo que me hace sentir bien: yo busco en el baile la parte humana, la conexión, la entrega. He vivido esta experiencia con hombres que comenzaban y también con maestros de muchos años (gente humilde y cercana sin aires de soberbia) . Así que hay que tener mucho cuidado cuando se cita la cuestión de los niveles, a mi entender es una actitud prejuiciosa. Supongo que quien la practica tiene esa inseguridad de no ser buen bailarín en el fondo (porque el buen bailarín baila bien con cualquiera y se adapta a todo) y porque, en el fondo, vive viendo su baile desde el exterior, sin contemplar la posibilidad de que el baile es disfrutar y sentir algo con alguien y aceptar el reto de la novedad.
Luego está ese otro tipo de hombre que no te respeta porque le parece que hay gente increíble bailando y entonces te rebaja comparándote con ellos. Pero lo cierto es que tú no quieres entrar en ese juego de comparaciones, sabes entonces que ese tipo de personas viven mirando y juzgando, y lo peor, no creo que con ese carácter débil lleguen a encontrar su estilo personal. A lo sumo serán copias de esas personas tan admiradas. Y serán esa masa criticona y rígida en las milongas.
Y ya por último, encontramos los dos especímenes peores. El que te saca para llenar un baile, sin ningún interés ni implicación, y el que te saca para lucirse, llámese narcisista. Éste último, además de anularte completamente o convertirte en la mujer florero, se mostrará insatisfecho y te exigirá que hagas adornos que él quiere y figuras hipercomplicadas que, en el caso de no seguir, luego te dará una lección, o bien aprovechará la propia pista para ello. Es un tipo peligroso, porque en el fondo quiere una bailarina brillante para canalizar su frustración como bailarín.
A mi entender, un baile puede convertirse en algo tóxico si se produce alguna de estas situaciones que he citado. Nunca hay que perder de vista todo lo que vales y puedes dar, si alguien cree lo contrario, o busca excusas diversas, es sencillamente porque no es la pareja de baile que te mereces.
Lo más difícil del tango, como en la vida, es hacerte respetar como persona y como bailarina. Creo que a veces las mujeres perdemos el norte, principalmente cuando comenzamos en este mundo, parece que nuestro objetivo es que nos saquen más hombres y bailar más. Así se vende y así se cree, yo también caí al principio en este planteamiento erróneo.
Con el tiempo te das cuenta de que lo prioritario es preguntarse: "¿qué estoy buscando yo en este baile?" Lo digo porque esto puede evitarte un sinfín de enredos y confusiones.
Hace unos días un compañero de milonga me comentó en broma: "Algún día bailarás con los que están en el otro extremo de la pista, con los de la zona VIP... jajajajaja". A mí la verdad es que aquel comentario, más que causarme risa o parecerme un cumplido, me generó repelús. No estaba en mi lista de aspiraciones ese propósito, sinceramente, me daba cuenta de que mi deseo no era bailar con gente que domina una técnica pasando por alto mi valor como persona, o bien con gente que no entrega algo profundo al bailar. Me parecía humillante ir persiguiendo un baile con un hombre que me ignorara a priori por mi nivel. Es más, se me hacía que el hombre era tonto por fijarse sólo en eso... yo estoy, sin duda, por encima de todas esas cosas, el baile es mucho más que imitar pasos como un mono, requiere de un sinfín de habilidades personales que no todos los expertos tienen.
He bailado ya con bastantes hombres, y de momento tengo claro lo que me hace sentir bien: yo busco en el baile la parte humana, la conexión, la entrega. He vivido esta experiencia con hombres que comenzaban y también con maestros de muchos años (gente humilde y cercana sin aires de soberbia) . Así que hay que tener mucho cuidado cuando se cita la cuestión de los niveles, a mi entender es una actitud prejuiciosa. Supongo que quien la practica tiene esa inseguridad de no ser buen bailarín en el fondo (porque el buen bailarín baila bien con cualquiera y se adapta a todo) y porque, en el fondo, vive viendo su baile desde el exterior, sin contemplar la posibilidad de que el baile es disfrutar y sentir algo con alguien y aceptar el reto de la novedad.
Luego está ese otro tipo de hombre que no te respeta porque le parece que hay gente increíble bailando y entonces te rebaja comparándote con ellos. Pero lo cierto es que tú no quieres entrar en ese juego de comparaciones, sabes entonces que ese tipo de personas viven mirando y juzgando, y lo peor, no creo que con ese carácter débil lleguen a encontrar su estilo personal. A lo sumo serán copias de esas personas tan admiradas. Y serán esa masa criticona y rígida en las milongas.
Y ya por último, encontramos los dos especímenes peores. El que te saca para llenar un baile, sin ningún interés ni implicación, y el que te saca para lucirse, llámese narcisista. Éste último, además de anularte completamente o convertirte en la mujer florero, se mostrará insatisfecho y te exigirá que hagas adornos que él quiere y figuras hipercomplicadas que, en el caso de no seguir, luego te dará una lección, o bien aprovechará la propia pista para ello. Es un tipo peligroso, porque en el fondo quiere una bailarina brillante para canalizar su frustración como bailarín.
A mi entender, un baile puede convertirse en algo tóxico si se produce alguna de estas situaciones que he citado. Nunca hay que perder de vista todo lo que vales y puedes dar, si alguien cree lo contrario, o busca excusas diversas, es sencillamente porque no es la pareja de baile que te mereces.
TANGOGRAFÍA 120:
"BAILAR TANGO PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD"
Suelen decir lo contrario, se habla del beneficio de los abrazos, de que el tango fortalece los músculos, bombea mejor el corazón, modela la cintura y sube la autoestima, entre muchas otras ventajas. El tango parece el medicamento milagroso para ahorrarse uno el gimnasio y tener una figura envidiable.
Sin embargo, hay que tener cuidado, podría usted contagiarse de ciertos virus tangueros que rondan por las pistas. Los efectos de éstos suelen aparecer la misma noche, siendo los dolores más fuertes al día siguiente. De hecho, usted sentirá como si se le hubiese caído un bulldozer encima, una grúa o un autobús lleno de pasajeros. El dolor agudo se concentra en las rodillas, tobillos y en la espalda, soltando lamentables "ay, uy" cada vez que usted intenta mover levemente su cuerpo.
Sabrá que ha encontrado un virus tanguero gravemente perjudicial para su salud cuando alguien se le eche encima todo el tiempo y usted lleve el peso de los dos, cuando alguien le atrape como un muerto dejando el cuerpo muy rígido y guiándole con mucha fuerza con la mano, cuando alguien con el triple peso y altura que usted le envíe autopropulsada hacia el otro extremo de la pista y usted use el triple de fuerza en sentido contrario, también cuando se encuentre un hombre que parece un flan y usted sea el eje y el equilibrio de los dos.
Un virus suelto genera una leve molestia. Ahora bien, cinco virus seguidos, pueden dejarle secuelas para toda una semana. Téngalo en cuenta y alterne los bailes, si no queda otro remedio. Su salud es lo primero.
Suelen decir lo contrario, se habla del beneficio de los abrazos, de que el tango fortalece los músculos, bombea mejor el corazón, modela la cintura y sube la autoestima, entre muchas otras ventajas. El tango parece el medicamento milagroso para ahorrarse uno el gimnasio y tener una figura envidiable.
Sin embargo, hay que tener cuidado, podría usted contagiarse de ciertos virus tangueros que rondan por las pistas. Los efectos de éstos suelen aparecer la misma noche, siendo los dolores más fuertes al día siguiente. De hecho, usted sentirá como si se le hubiese caído un bulldozer encima, una grúa o un autobús lleno de pasajeros. El dolor agudo se concentra en las rodillas, tobillos y en la espalda, soltando lamentables "ay, uy" cada vez que usted intenta mover levemente su cuerpo.
Sabrá que ha encontrado un virus tanguero gravemente perjudicial para su salud cuando alguien se le eche encima todo el tiempo y usted lleve el peso de los dos, cuando alguien le atrape como un muerto dejando el cuerpo muy rígido y guiándole con mucha fuerza con la mano, cuando alguien con el triple peso y altura que usted le envíe autopropulsada hacia el otro extremo de la pista y usted use el triple de fuerza en sentido contrario, también cuando se encuentre un hombre que parece un flan y usted sea el eje y el equilibrio de los dos.
Un virus suelto genera una leve molestia. Ahora bien, cinco virus seguidos, pueden dejarle secuelas para toda una semana. Téngalo en cuenta y alterne los bailes, si no queda otro remedio. Su salud es lo primero.
TANGOGRAFÍA 117:
"EL PRINCIPITO DEL TANGO EN MI SALÓN"
(A Claudio, por concederme la libertad al bailar)
No sé muy bien, de qué planeta vino, pero estaba allí, plantado en mi salón. Había corrido todos los muebles aquella mañana y lo esperaba en mi casa para practicar. En principio, era yo quien debía guiarle, darle consejos en este mundo del tango que él apenas comenzaba a tantear. Le hablé deorquestas, de códigos y de un sinfín de detalles por los que una mujer tanguera podría odiar a un hombre en la pista. Le mostré parejas excelentes, vídeos y estilos de milonga y tangos. Él escuchaba absorbiéndolo todo, con curiosidad, con respeto. E incluso tuvo la cortesía de aguantar que le corrigiese en los pasos básicos: cuenta, junta tobillos, cierra...
Pero era de esperar que un ser así, en el más mínimo respiro reaccionase para encontrar y contagiar su rico mundo interior.
En un momento de ausencia aprovechó para ver en mi ordenador una pareja que interpretaba un tango nuevo. Allí me lo encontré absorto y maravillado, frente a la pantalla.
- ¿Ves lo que quiero decir? Él propone algo y ella le responde, están creando un baile y un diálogo. Es tremendamente aburrido tener que cargar con una mujer pasiva cuando bailas un tango. Da igual si es ligera o si la sostienes encima, no deja de ser un monólogo, un acto supremo de dominación machista. Yo quiero que la mujer me seduzca, me explique cosas bailando, que use el lenguaje del cuerpo para hablarme de sentimientos...
- Pues la bailarina sumisa es lo que la mayoría desea, C., eso te lo puedo asegurar, cuanto mejor te adaptes, mejor te considerarán - comenté desilusionada.
- Eso es porque los hombres por lo general no saben escuchar. ¿Y por qué le das importancia a lo que piensan los demás a la hora de bailar? Debería de importarte bailar con alguien que entienda y sienta el baile, no deberías de bailar con cualquiera.
Saltó del taburete y en un segundo se puso en el centro de nuestra pista de baile. Se movía como un mago del movimiento, al ritmo de la música, manteniendo el equilibrio y haciendo adornos a compás.
-¿Ves? Es tan sencillo como dejarte llevar por lo que te sugiere la música. El tango sale de dentro, de lo que sientes con esto que está sonando, junto a la energía y conexión que te transmite tu pareja. Es un concepto básico de la danza contemporánea y del teatro: emociónate y emociona a tu pareja y despierta la emoción de quien te observa. Ven para aquí, no quiero saber nada de pasos, invéntate los movimientos que te sugiera la música, junto al bailar conmigo, sin la teoría que te han enseñado, no quieras ser una copia de nadie, ni un estilo definido.
Así descubrí como el tango es un juego, el juego de ser tú, de liberar emociones, de interpretar papeles diversos para el otro, un baile donde no pasa nada si te equivocas porque todo vuelve a comenzar. Y lo más importante, aquel principito extraño me concedió por primera vez la libertad de crear y de ser yo al bailar.
Era un niño del tango, pero había descubierto el secreto y la magia del baile que la mayoría de los adultos tangueros ignoraban.
(A Claudio, por concederme la libertad al bailar)
No sé muy bien, de qué planeta vino, pero estaba allí, plantado en mi salón. Había corrido todos los muebles aquella mañana y lo esperaba en mi casa para practicar. En principio, era yo quien debía guiarle, darle consejos en este mundo del tango que él apenas comenzaba a tantear. Le hablé deorquestas, de códigos y de un sinfín de detalles por los que una mujer tanguera podría odiar a un hombre en la pista. Le mostré parejas excelentes, vídeos y estilos de milonga y tangos. Él escuchaba absorbiéndolo todo, con curiosidad, con respeto. E incluso tuvo la cortesía de aguantar que le corrigiese en los pasos básicos: cuenta, junta tobillos, cierra...
Pero era de esperar que un ser así, en el más mínimo respiro reaccionase para encontrar y contagiar su rico mundo interior.
En un momento de ausencia aprovechó para ver en mi ordenador una pareja que interpretaba un tango nuevo. Allí me lo encontré absorto y maravillado, frente a la pantalla.
- ¿Ves lo que quiero decir? Él propone algo y ella le responde, están creando un baile y un diálogo. Es tremendamente aburrido tener que cargar con una mujer pasiva cuando bailas un tango. Da igual si es ligera o si la sostienes encima, no deja de ser un monólogo, un acto supremo de dominación machista. Yo quiero que la mujer me seduzca, me explique cosas bailando, que use el lenguaje del cuerpo para hablarme de sentimientos...
- Pues la bailarina sumisa es lo que la mayoría desea, C., eso te lo puedo asegurar, cuanto mejor te adaptes, mejor te considerarán - comenté desilusionada.
- Eso es porque los hombres por lo general no saben escuchar. ¿Y por qué le das importancia a lo que piensan los demás a la hora de bailar? Debería de importarte bailar con alguien que entienda y sienta el baile, no deberías de bailar con cualquiera.
Saltó del taburete y en un segundo se puso en el centro de nuestra pista de baile. Se movía como un mago del movimiento, al ritmo de la música, manteniendo el equilibrio y haciendo adornos a compás.
-¿Ves? Es tan sencillo como dejarte llevar por lo que te sugiere la música. El tango sale de dentro, de lo que sientes con esto que está sonando, junto a la energía y conexión que te transmite tu pareja. Es un concepto básico de la danza contemporánea y del teatro: emociónate y emociona a tu pareja y despierta la emoción de quien te observa. Ven para aquí, no quiero saber nada de pasos, invéntate los movimientos que te sugiera la música, junto al bailar conmigo, sin la teoría que te han enseñado, no quieras ser una copia de nadie, ni un estilo definido.
Así descubrí como el tango es un juego, el juego de ser tú, de liberar emociones, de interpretar papeles diversos para el otro, un baile donde no pasa nada si te equivocas porque todo vuelve a comenzar. Y lo más importante, aquel principito extraño me concedió por primera vez la libertad de crear y de ser yo al bailar.
Era un niño del tango, pero había descubierto el secreto y la magia del baile que la mayoría de los adultos tangueros ignoraban.
TANGOGRAFÍA 118:
"LA HIGIENE DEL BAILE"
No hay nada malo en comenzar a bailar, hay que tener paciencia y ayudar a los principiantes, pues todos pasamos alguna vez por allí. Lo que me parece grave es que haya un número considerable de hombres que llevan meses bailando, e incluso años, sin corregir nociones básicas del baile como la musicalidad, el equilibrio, el eje, la conducción o la postura. ¿Por qué no hay una capacidad de autocrítica y mejora en estas cuestiones? Es un gesto de simpatía y consideración hacia la mujer que baila con uno. Así como uno se ducha y se arregla antes de ir a una milonga, porque ir desaliñado, sudoroso o apestoso le parecería inconcebible, uno debería de entrar en una preocupación profunda y principal al descuidar su baile.
No hay nada malo en comenzar a bailar, hay que tener paciencia y ayudar a los principiantes, pues todos pasamos alguna vez por allí. Lo que me parece grave es que haya un número considerable de hombres que llevan meses bailando, e incluso años, sin corregir nociones básicas del baile como la musicalidad, el equilibrio, el eje, la conducción o la postura. ¿Por qué no hay una capacidad de autocrítica y mejora en estas cuestiones? Es un gesto de simpatía y consideración hacia la mujer que baila con uno. Así como uno se ducha y se arregla antes de ir a una milonga, porque ir desaliñado, sudoroso o apestoso le parecería inconcebible, uno debería de entrar en una preocupación profunda y principal al descuidar su baile.
TANGOGRAFÍA 116:
CARTA DE UNA MUJER A LOS SEÑORES MILONGUEROS:
Apreciados Sres.
No salgan a las pistas como locos, a tontas y a ciegas, siendo inconscientes. Ninguna chica es igual, dediquen unos tangos a conquistar a cada una y conocerla. Seguramente no se lo dijeron nunca en una academia de baile: pero un tango no son pasos, sino un sentimiento que ustedes deben experimentar estando receptivos para emocionar y conquistar a una mujer. Practiquen eso, principalmente. Preocúpense antes de emocionarse y emocionar que de hacer figuras, porque es lo básico. Si ustedes no hacen el esfuerzo de comprender o llegar a una mujer, con todas esas emociones, intrigas y sorpresas que ella necesita, ustedes y ellas bailan otra cosa, pero nunca un tango.
Por otro lado, dejen su ego al lado, sé que es difícil para la mayoría de ustedes, que intentan lucirse, o no quedar en evidencia ante esos espectadores que no pierden de vista. Amen, hágannos ese favor, no disfruten sólo ustedes, ¿pueden contemplar la posibilidad de hacernos felices con su baile? Relájense, si queda feo o no sale, otra vez será, el baile es algo que constantemente se renueva. No es mejor bailarín quien nunca se equivoca sino el que es libre y experimenta. No se ponga muros, sino retos, haga lo que siente, invéntese el paso si así lo intuye en el momento, pero sin poner en riesgo a la mujer. Protéjala, no la descoyunte ni la forcejee, trátela bien.
Y una cosa más, no dé por supuesto lo que quiere o le gusta a una mujer, son prejuicios suyos y de otros hombres. Escúchela y déjele su tiempo. Tire ahora mismo a la basura todas esas estupideces de sorprender a la mujer con un montón de pasos espectaculares y rápidos. Imagínese usted haciéndolos, ¿no le cansa?¿no odiaría a quien no le deja ni respirar un segundo? No tenga miedo de la mujer, esto no es un ascensor donde habla con los vecinos del tiempo para evitar el silencio cortante. Sea valiente, enfréntese espiritualmente a la mujer, pare, vaya lento. Disfrute, de la música y de su pareja. ¿Ve? Mire que detalle más sutil le acaba de marcar ahí la mujer ¿qué le ha dicho?¿Lo ha intuido? ¿Estará llorando con usted, lo está seduciendo o quizá está bordando la música?
No olvide nunca que el baile es una experiencia, ¿quiere acumular rutinas o quiere vivir sensaciones fuertes e irrepetibles?
Usted decide: ¿baila cualquier cosa o baila tango?
Apreciados Sres.
No salgan a las pistas como locos, a tontas y a ciegas, siendo inconscientes. Ninguna chica es igual, dediquen unos tangos a conquistar a cada una y conocerla. Seguramente no se lo dijeron nunca en una academia de baile: pero un tango no son pasos, sino un sentimiento que ustedes deben experimentar estando receptivos para emocionar y conquistar a una mujer. Practiquen eso, principalmente. Preocúpense antes de emocionarse y emocionar que de hacer figuras, porque es lo básico. Si ustedes no hacen el esfuerzo de comprender o llegar a una mujer, con todas esas emociones, intrigas y sorpresas que ella necesita, ustedes y ellas bailan otra cosa, pero nunca un tango.
Por otro lado, dejen su ego al lado, sé que es difícil para la mayoría de ustedes, que intentan lucirse, o no quedar en evidencia ante esos espectadores que no pierden de vista. Amen, hágannos ese favor, no disfruten sólo ustedes, ¿pueden contemplar la posibilidad de hacernos felices con su baile? Relájense, si queda feo o no sale, otra vez será, el baile es algo que constantemente se renueva. No es mejor bailarín quien nunca se equivoca sino el que es libre y experimenta. No se ponga muros, sino retos, haga lo que siente, invéntese el paso si así lo intuye en el momento, pero sin poner en riesgo a la mujer. Protéjala, no la descoyunte ni la forcejee, trátela bien.
Y una cosa más, no dé por supuesto lo que quiere o le gusta a una mujer, son prejuicios suyos y de otros hombres. Escúchela y déjele su tiempo. Tire ahora mismo a la basura todas esas estupideces de sorprender a la mujer con un montón de pasos espectaculares y rápidos. Imagínese usted haciéndolos, ¿no le cansa?¿no odiaría a quien no le deja ni respirar un segundo? No tenga miedo de la mujer, esto no es un ascensor donde habla con los vecinos del tiempo para evitar el silencio cortante. Sea valiente, enfréntese espiritualmente a la mujer, pare, vaya lento. Disfrute, de la música y de su pareja. ¿Ve? Mire que detalle más sutil le acaba de marcar ahí la mujer ¿qué le ha dicho?¿Lo ha intuido? ¿Estará llorando con usted, lo está seduciendo o quizá está bordando la música?
No olvide nunca que el baile es una experiencia, ¿quiere acumular rutinas o quiere vivir sensaciones fuertes e irrepetibles?
Usted decide: ¿baila cualquier cosa o baila tango?
TANGOGRAFÍA 112:
Me sentí como esa niña ingenua y curiosa que sorprende a los padres hablando detrás de una puerta entreabierta. Supe la verdad que intuía, pero que nadie me acababa de concretar.
En el recorrido a casa F. decía "El mundo del tango no deja de ser al fin y al cabo un mundo egoísta aquí en Barcelona. Hay gente enemistada y se mira por el interés personal. Cada grupo tiene sus defensores y adeptos. Esto ya lo notarás en los festivales y en las milongas: quien va, quien no va, quiénes se sientan a un lado o al otro de según quién..."
Por unos momentos mi mundo hermoso de abrazos, complicidad y tango se desmoronó y empezó a parecerme tan feo...
En el recorrido a casa F. decía "El mundo del tango no deja de ser al fin y al cabo un mundo egoísta aquí en Barcelona. Hay gente enemistada y se mira por el interés personal. Cada grupo tiene sus defensores y adeptos. Esto ya lo notarás en los festivales y en las milongas: quien va, quien no va, quiénes se sientan a un lado o al otro de según quién..."
Por unos momentos mi mundo hermoso de abrazos, complicidad y tango se desmoronó y empezó a parecerme tan feo...
TANGOGRAFÍA 111:
Hoy me pareció que el tango perfecto sería aquel cuya música fuese el silencio y que a pesar de eso, con sus diferentes armonías internas, una pareja se entendiese.
TANGOGRAFÍA 110:
"LA BAILARINA EMANCIPADA"
Una mujer emancipada en el tango es esa mujer que va sola a las milongas por placer o por curiosidad, que se ha cansado de estar en una silla, que ha tenido que romper la barrera de los miedos y enfrentarse a diversas negativas de baile por parte de diferentes hombres, que a pesar de eso ha seguido insistiendo, que poco a poco se ha olvidado de lo que piensan los demás o de si algo queda bien o mal (del baile y de los comportamientos estereotipados). Una mujer emancipada en el tango es aquella que a toda costa quiere bailar, que siente un cosquilleo en los pies cuando suena una canción especial, es un ser que a fuerza de bailar y de mejorar ha conseguido hombres que la van a buscar para bailar. Una mujer emancipada es aquella mujer exigente, con gusto y con criterio que ya no busca bailar con cualquier persona ni todos los tangos de cualquier manera. Una mujer emancipada en el baile se hace respetar y se valora a sí misma, entiende los mecanismos de las milongas y de los bailarines más variopintos, sabe discernir lo que ella debe mejorar de los errores del bailarín, que ciego, vuelca sobre ella. Está tranquila, sabe siempre que si ella quiere bailará, cueste lo que cueste, y con todos los obstáculos o negativas que tenga que saltar.
Toda tanguera debería de ser en algún momento así, dejar su capullo en la silla y convertirse en una bella mariposa emancipada. Queridas compañeras tangueras, no esperéis a los príncipes azules sentadas, porque éstos no llegarán.
Una mujer emancipada en el tango es esa mujer que va sola a las milongas por placer o por curiosidad, que se ha cansado de estar en una silla, que ha tenido que romper la barrera de los miedos y enfrentarse a diversas negativas de baile por parte de diferentes hombres, que a pesar de eso ha seguido insistiendo, que poco a poco se ha olvidado de lo que piensan los demás o de si algo queda bien o mal (del baile y de los comportamientos estereotipados). Una mujer emancipada en el tango es aquella que a toda costa quiere bailar, que siente un cosquilleo en los pies cuando suena una canción especial, es un ser que a fuerza de bailar y de mejorar ha conseguido hombres que la van a buscar para bailar. Una mujer emancipada es aquella mujer exigente, con gusto y con criterio que ya no busca bailar con cualquier persona ni todos los tangos de cualquier manera. Una mujer emancipada en el baile se hace respetar y se valora a sí misma, entiende los mecanismos de las milongas y de los bailarines más variopintos, sabe discernir lo que ella debe mejorar de los errores del bailarín, que ciego, vuelca sobre ella. Está tranquila, sabe siempre que si ella quiere bailará, cueste lo que cueste, y con todos los obstáculos o negativas que tenga que saltar.
Toda tanguera debería de ser en algún momento así, dejar su capullo en la silla y convertirse en una bella mariposa emancipada. Queridas compañeras tangueras, no esperéis a los príncipes azules sentadas, porque éstos no llegarán.
TANGOGRAFÍA 109:
"Las Juliografías"
Alguien me dijo esta noche, supongo que de forma cariñosa o en broma: "Allí donde ponga TANGO tú escribes tu nombre". No dejaba de ser una tontería suculenta pensar que me iba a pasar diversas horas en la milonga bailando JULIAS. ¡Ummnnn...! Si eso sucediese les iría cambiando de apellidos a las diferentes JULIAS, algunas serían JULIA PUGLIESE, JULIA TROILO, JULIA D'ARIENZO, JULIA DONATO y claro... el segundo apellido dependería del bailarín, de manera que quedaría JULIA PUGLIESE ALEX, JULIA CANARO AQUILINO, JULIA DEMARE KIKO, JULIA TANTURI ALFONSO... y en el caso de los que me hacen inventar tangografías JULIA D'ARIENZO NO-ME-MAREES, JULIA CALÓ NO-BAJES-LA-MANO, JULIA LEDESMA NO-ACTUAMOS, JULIA SEXTETO-A-VER-CUANDO-ME SACAS, JULIA DISCÉPOLO-HA-SIDO-UN PLACER... y así hasta inventar denominaciones de tangos, perdón, de Julias, ad infinitum, tantas como bailes. Un baile que pasaría a ser un lenguaje paralelo y personal. ¿Será por eso que TANGO tiene el mismo número de letras que JULIA? Muchas gracias, A. por la revelación. Te debo unas julias, con el apellido que quieras, la próxima vez que nos veamos.
Alguien me dijo esta noche, supongo que de forma cariñosa o en broma: "Allí donde ponga TANGO tú escribes tu nombre". No dejaba de ser una tontería suculenta pensar que me iba a pasar diversas horas en la milonga bailando JULIAS. ¡Ummnnn...! Si eso sucediese les iría cambiando de apellidos a las diferentes JULIAS, algunas serían JULIA PUGLIESE, JULIA TROILO, JULIA D'ARIENZO, JULIA DONATO y claro... el segundo apellido dependería del bailarín, de manera que quedaría JULIA PUGLIESE ALEX, JULIA CANARO AQUILINO, JULIA DEMARE KIKO, JULIA TANTURI ALFONSO... y en el caso de los que me hacen inventar tangografías JULIA D'ARIENZO NO-ME-MAREES, JULIA CALÓ NO-BAJES-LA-MANO, JULIA LEDESMA NO-ACTUAMOS, JULIA SEXTETO-A-VER-CUANDO-ME SACAS, JULIA DISCÉPOLO-HA-SIDO-UN PLACER... y así hasta inventar denominaciones de tangos, perdón, de Julias, ad infinitum, tantas como bailes. Un baile que pasaría a ser un lenguaje paralelo y personal. ¿Será por eso que TANGO tiene el mismo número de letras que JULIA? Muchas gracias, A. por la revelación. Te debo unas julias, con el apellido que quieras, la próxima vez que nos veamos.
TANGOGRAFÍA 108:
"UN TANGO ES UN TANGO ES UN TANGO ES UN TANGO..."
Llegué a casa cansada, debo ir a dormir, pero un tango me ronda aún por dentro desde hace aproximadamente dos horas.
¡Cómo explicar lo perfecto, lo profundo, lo que no tiene palabras...!
Un tango es un tango es un tango es un tango es un tango... y así hasta que te duermes y cuando te despiertas al día siguiente. Hay tangos que duran toda una vida.
Hoy tuve que enamorarme en una ronda de baile para descubrir dos secretos: 1) que puedo hablar desde mí expresando sentimientos con alguien y 2) Que Pugliese es el más romántico de todos los compositores tangueros. Un tango verdadero es eso: un enamoramiento de pocos minutos con un desconocido al que parece que conoces profundamente desde hace mucho tiempo. Acaba el baile y todo cambia, sabes que nada volverá a ser igual, empiezan a atacarte los sentimientos reveladores y las verdades místicas.
Por unos momentos me sorprendí bailando con dos hombres, con A. y con Pugliese. Íbamos los tres al unísono, como si la pista fuesen las teclas del piano y le imprimiésemos fuerza y delicadeza a la composición. Dejamos de preocuparnos de los pasos, el cuerpo era la boca de los sentimientos: ahora suave, ahora con una fuerza arrolladora y violenta.
Pugliese es encantador y cruel, te trata bien y luego te azota. Es capaz de mostrarte en una sola canción toda la gama de sentimientos diversos y contradictorios que debes experimentar en una vida. Por eso siento a Pugliese tan mío, en su música me reconozco, yo también soy así: dulce y seductora por momentos, unos instantes después temperamental, pura energía y fuerza a continuación, luego una se muere un poco muy intensamente y al rato siguiente una renace dando saltitos como si nada, como una mujer en una fiesta de barrio o como una niña retozona y risueña jugando en el campo.
Acabé la ronda tremendamente agotada, una vida en diez minutos te deja exhausta, y más cuando hay una complicidad perfecta, tu cuerpo entero habla años y años sin decir ni una palabra. Luego viene la tristeza, la pena de separarse, el fin, la ruptura de la unidad, el adiós de lo que ya no volverá... ¿Por qué una no podrá quedarse toda la vida en un tango?
Llegué a casa con el mismo baile perfecto explotándome por todo el cuerpo. La tortura de la perfección, el entusiasmo agotador, el sueño que te desvela. También la felicidad desgasta.
Mi cabeza no paraba de repetir en la cama "¡Qué bonito es ese baile, qué bonito es ese baile...! (en presente, como si aún lo bailara). Ese bello baile es el que lo borra todo: enfados, obstáculos, esfuerzos... y el que da sentido en unos segundos eternos a una parte de ti. Ese tango es ese tango es ese tango...
Gracias, A. por hacerme sentir.
TANGOGRAFÍA 101:
Cada paso es un tesoro en todos los sentidos, la consciencia de un paso convierte este hecho en algo especial. No es sólo una moda o un determinado requisito para un baile elegante o con buena técnica. En mi caso concreto es algo vital, que irradia magia en el acto de recrearlo.
En una pista, en una clase, a veces me vienen revelaciones y el recuerdo de dos personas que amo: mi sobrina, que empieza a caminar, y mi padre, que progresivamente está dejando de caminar a causa de una enfermedad degenerativa.
Un pie torpe, que se apoya como puede en el suelo, de forma brusca y con tambaleos, aún hace más bello un paso preciso, justo y ligero que consiga dar. Una continuidad por el piso es algo parecido a volar fluidamente por el cielo. Un equilibrio conseguido es un éxito en contraste con esas manos que siempre buscan la pared o cualquier superficie estática. La belleza de un movimiento elegante no sometido a la necesidad, una curva perfecta en vez del movimiento ametrallado, eso es lindo y no tiene precio. Hay un sinfín de tesoros escondidos en cada paso que damos: un pie moldeable, que se encorva y se estira, un pie con vida, que obedece órdenes, una postura concreta que sostiene nuestro peso, una fuerza y dirección en la pisada, un pie sabio, que salta peligros o nos avisa con dolor o rapidez... y lo más importante, con cada paso que damos se nos abre un espacio, el suelo o la calle se convierte en algo ilimitado.
TANGOGRAFÍA 99:
"HAY MAESTROS Y MAESTROS"
Gaspar Godoy se sentía agradecido por todos los cumplidos recibidos en sus clases, pero en parte había algo que le inquietaba y que así nos confesó:
- Muchas veces he escuchado lo mismo en diferentes partes del mundo, pero luego se olvidarán de nosotros y se lo repetirán a otros maestros.
Eso me dio que pensar, llegando a la conclusión de que la cuestión no era la calidad de su enseñanza ni los buenos e inmejorables consejos dados, sino que más bien se trataba de una cuestión de tiempo invertido en la enseñanza.
Mucha gente pierde la cabeza por apuntarse a talleres y poder presumir de que ha tenido como maestro o maestra a una figura internacional del tango. Seguro que sus enseñanzas y experiencias son valiosísimas, sin duda, pero duran unas horas o unos días.
En cambio, lo que mucha gente olvida o no valora tanto es que para recibir clases de estas eminencias internacionales, tú ya estás en un nivel de baile, y ese nivel de baile se lo debes a unos profesores con los que has estado meses o años, o bien compañeros asiduos de las milongas, que también se convierten en tus maestros.
Si ahora camino, giro, he mejorado mi postura y conexión, mantengo el equilibrio e interpreto determinadas intenciones, así como la música, es porque he tenido unos maestros que me han visto dar los primeros pasos, me han corregido, me han motivado e ilusionado y me han enseñado durante un largo periodo de tiempo. Y eso, por supuesto, está por encima de cualquier aprendizaje o mejora puntual. Porque han sido ellos, mis profesores diarios, quienes han pulido todo el material bruto, hasta que finalmente todo parece preparado para tener algo de brillo.
Gaspar Godoy se sentía agradecido por todos los cumplidos recibidos en sus clases, pero en parte había algo que le inquietaba y que así nos confesó:
- Muchas veces he escuchado lo mismo en diferentes partes del mundo, pero luego se olvidarán de nosotros y se lo repetirán a otros maestros.
Eso me dio que pensar, llegando a la conclusión de que la cuestión no era la calidad de su enseñanza ni los buenos e inmejorables consejos dados, sino que más bien se trataba de una cuestión de tiempo invertido en la enseñanza.
Mucha gente pierde la cabeza por apuntarse a talleres y poder presumir de que ha tenido como maestro o maestra a una figura internacional del tango. Seguro que sus enseñanzas y experiencias son valiosísimas, sin duda, pero duran unas horas o unos días.
En cambio, lo que mucha gente olvida o no valora tanto es que para recibir clases de estas eminencias internacionales, tú ya estás en un nivel de baile, y ese nivel de baile se lo debes a unos profesores con los que has estado meses o años, o bien compañeros asiduos de las milongas, que también se convierten en tus maestros.
Si ahora camino, giro, he mejorado mi postura y conexión, mantengo el equilibrio e interpreto determinadas intenciones, así como la música, es porque he tenido unos maestros que me han visto dar los primeros pasos, me han corregido, me han motivado e ilusionado y me han enseñado durante un largo periodo de tiempo. Y eso, por supuesto, está por encima de cualquier aprendizaje o mejora puntual. Porque han sido ellos, mis profesores diarios, quienes han pulido todo el material bruto, hasta que finalmente todo parece preparado para tener algo de brillo.
TANGOGRAFÍA 98:
"EL SUEÑO LABURADO"
(A mis profesores Graciela y Osvaldo, por hacernos partícipes de su sueño. ¡Enhorabuena por ese "Barcelona Tango Meeting" que tanto nos emocionó, nos hizo bailar y fue precioso en todos los sentidos)
¿Qué hay detrás de un sueño hecho realidad? Me gustaba la profundidad de ir al proceso, de no quedarme sólo con la apariencia o el resultado de una exhibición y de unos días concretos que nos han causado felicidad.
Detrás de un gran sueño siempre hay gente que sube, por ejemplo, neveras pesadas por grandes escalinatas, mil y una llamadas insospechadas a museos, consulados, agencias, bailarines y artistas, marketing constante, idas y venidas a imprenta o retoques de pósters por internet, revisión de lugares, imaginar inconvenientes, listas de lo que hace falta, y de la gente que hace falta, saltar obstáculos de última hora, generar alternativas, buscar las sillas y las mesas, recogerlas y volverlas a desplegar en un plis plas. Comprar las bebidas para los milongueros e invitados, atender una barra, recoger las latas vacías, barrer y fregar. Eso de elegante no tiene mucho, pero es una parte indispensable y necesaria. Se requieren noches sin dormir, con preocupaciones, con fiestas o con muchas horas de trabajo, y pese a todo, mantener la sonrisa, que no se note el cansancio, irse moviendo uno constantemente con una ligereza natural como quien no duerme nunca. Conviene llevar las cuentas y que todo cuadre, mantener la creencia en tu propuesta contra viento y marea, acallar los nervios, la inquietud y las expectativas propias y ajenas. Hay que combinar los trajes, preparar el show, tirar el sofá viejo y mover los muebles de la entrada de la escuela, buscar alternativas para la decoración, subirse a una silla para clavar unas cortinas de encaje o unos cuadros. Concertar hora y día con el Dj, poner a punto la música y el sonido, ir al aeropuerto, atender a los invitados, conciliar las discusiones y discrepancias de los colaboradores, dar besos y abrazos por aquí y por allá, continuar con el mismo ritual a la despedida. Y luego presentar el evento en cuerpo y alma, estar uno ya en su sueño, desgastarse uno de emoción, controlar las mariposillas del estómago y la piel de gallina, las lágrimas y quizá algún que otro recuerdo remoto, individual o compartido relacionado con el tango, con el aprendizaje, con gente querida o con la vida en general.
Luego el sueño se acaba, la gente se va, afloran las felicitaciones por lo bonito que ha quedado el encuentro. Después del final feliz, hay que limpiarlo todo, ordenar de nuevo, trasladar cosas de aquí para allá. Llega por fin otro momento muy ansiado: el de dormir, con el único riesgo de que al hacerlo, quizá le vengan a uno nuevos sueños. Sueños de soñadores laburantes, que tienen el mérito y el coraje de hacerlos realidad y de meter a otra gente en sus sueños. Ya lo decía Calderón de la Barca pensando en este tipo de gente, quizá... "y sí haremos, pues estamos en mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar. Y la experiencia me enseña que el hombre que vive sueña lo que es hasta despertar". Soñar por sí solo no tiene mérito, el mérito radica en hacer tus sueños realidad. Felicidades, Graciela y Osvaldo. Una actitud o un ejemplo, siempre vale más que mil palabras.
(A mis profesores Graciela y Osvaldo, por hacernos partícipes de su sueño. ¡Enhorabuena por ese "Barcelona Tango Meeting" que tanto nos emocionó, nos hizo bailar y fue precioso en todos los sentidos)
¿Qué hay detrás de un sueño hecho realidad? Me gustaba la profundidad de ir al proceso, de no quedarme sólo con la apariencia o el resultado de una exhibición y de unos días concretos que nos han causado felicidad.
Detrás de un gran sueño siempre hay gente que sube, por ejemplo, neveras pesadas por grandes escalinatas, mil y una llamadas insospechadas a museos, consulados, agencias, bailarines y artistas, marketing constante, idas y venidas a imprenta o retoques de pósters por internet, revisión de lugares, imaginar inconvenientes, listas de lo que hace falta, y de la gente que hace falta, saltar obstáculos de última hora, generar alternativas, buscar las sillas y las mesas, recogerlas y volverlas a desplegar en un plis plas. Comprar las bebidas para los milongueros e invitados, atender una barra, recoger las latas vacías, barrer y fregar. Eso de elegante no tiene mucho, pero es una parte indispensable y necesaria. Se requieren noches sin dormir, con preocupaciones, con fiestas o con muchas horas de trabajo, y pese a todo, mantener la sonrisa, que no se note el cansancio, irse moviendo uno constantemente con una ligereza natural como quien no duerme nunca. Conviene llevar las cuentas y que todo cuadre, mantener la creencia en tu propuesta contra viento y marea, acallar los nervios, la inquietud y las expectativas propias y ajenas. Hay que combinar los trajes, preparar el show, tirar el sofá viejo y mover los muebles de la entrada de la escuela, buscar alternativas para la decoración, subirse a una silla para clavar unas cortinas de encaje o unos cuadros. Concertar hora y día con el Dj, poner a punto la música y el sonido, ir al aeropuerto, atender a los invitados, conciliar las discusiones y discrepancias de los colaboradores, dar besos y abrazos por aquí y por allá, continuar con el mismo ritual a la despedida. Y luego presentar el evento en cuerpo y alma, estar uno ya en su sueño, desgastarse uno de emoción, controlar las mariposillas del estómago y la piel de gallina, las lágrimas y quizá algún que otro recuerdo remoto, individual o compartido relacionado con el tango, con el aprendizaje, con gente querida o con la vida en general.
Luego el sueño se acaba, la gente se va, afloran las felicitaciones por lo bonito que ha quedado el encuentro. Después del final feliz, hay que limpiarlo todo, ordenar de nuevo, trasladar cosas de aquí para allá. Llega por fin otro momento muy ansiado: el de dormir, con el único riesgo de que al hacerlo, quizá le vengan a uno nuevos sueños. Sueños de soñadores laburantes, que tienen el mérito y el coraje de hacerlos realidad y de meter a otra gente en sus sueños. Ya lo decía Calderón de la Barca pensando en este tipo de gente, quizá... "y sí haremos, pues estamos en mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar. Y la experiencia me enseña que el hombre que vive sueña lo que es hasta despertar". Soñar por sí solo no tiene mérito, el mérito radica en hacer tus sueños realidad. Felicidades, Graciela y Osvaldo. Una actitud o un ejemplo, siempre vale más que mil palabras.
TANGOGRAFÍA 95:
La felicidad de la ignorancia o del límite del saber. Para una mujer pasar la frontera entre la iniciación y un mínimo entendimiento de un baile puede ser una auténtica tragedia. El dolor de la consciencia de falta de autonomía, el saber que tu baile está en manos de otra persona. Suena una música que te encanta, que has escuchado miles de veces y es tuya, que sientes, echas el baile a suertes (cara o cruz), puede salir hermoso o ser un auténtico tormento, pero nunca es ese baile como tú lo bailarías. Frenas los pies, acallas tus impulsos, has escuchado miles de veces que el triunfo de una bailarina está en seguir al líder, en ser una buena sumisa.
Para la bailarina consciente el tango es una colección de abortos, de adaptaciones y de bailes preciosos ajenos, en los que con gusto colabora.
Para la bailarina consciente el tango es una colección de abortos, de adaptaciones y de bailes preciosos ajenos, en los que con gusto colabora.
TANGOGRAFÍA 94:
El único requisito indispensable que necesita una buena bailarina de tango es un gran bailarín, todo lo demás son adornos y complementos. Si falla el bailarín todo baile está condenado.
TANGOGRAFÍA 93
TANGOGRAFÍA 93:
"YO TANGO UNA PASIÓN Y UNA RAÍZ"
Un comentario de un milonguero me dio estos días que pensar: "Se nota que lo tuyo es pasión por el tango, porque miras tu facebook y está lleno de cosas de tango, pareces monotemática y te ha entrado fuerte el tema".
Pienso un rato, no había caído en la cuenta, casi que me entran ganas de decir "Lo siento, fulanito. Lo siento por todos los que leen mis enlaces".
Pero me guardo la impresión y le doy vueltas como una lavadora unos días "¿Y qué hay de malo en que algo te guste mucho, mucho, y que disfrutes descubriendo hasta morirte de placer...?" Empieza a parecerme estúpido eso de que lo bueno es lo equilibrado y lo que combina de todo, como si eso fuese la carta de la felicidad "¿Perder el tiempo con muchas cosas y comportarse como la mayoría de gente es lo que te hace feliz?" Me decepciono rápidamente "¡Vaya mierda de plan! Conmigo no va lo de las moderaciones... si me muero por algo... me muero como la que más, y si me entusiasmo con algo, me entusiasmo hasta agotarme. Todo al 100% para lo bueno y lo malo, forma parte de mi manera de ser y del sentido que tiene para mí la vida, la intensidad y yo, siempre indisociables... Así me pasó con la pintura, cuando aprendí sin que nadie me enseñase, así me pasó con la literatura, donde aprendí en un año lo que otros aprendieron en cinco, así me pasó con los viajes, cuando aprendí a viajar yendo a la aventura y comprando billetes con pocos días de antelación. Exploto las cosas, las escudriño, las miro por todas partes, las vivo a todas horas con sentimientos bien diferentes, busco el mundo que las rodea para entenderlas en conjunto. Así que la pasión es mi motor, no sólo en el tango, sino en la vida.
Más tarde pensé en otra cuestión, que el tango no era una sola cosa, sino una raíz y que de allí surgían un tronco fuerte y robusto con muchas ramas. Así que no me dedicaba a una sola cosa, sino a muchas relacionadas. El tango es la raíz de la música, del estudio de los sentimientos, del movimiento, de la psicología, de la sociología, de la historia, de la antropología y la cultura. ¡Ostia! Es una carrera, o mejor dicho, es un buen ejemplo para desarrollar un espíritu humanista, donde se encuentran todas las disciplinas. El tango es el mundo, y yo con curiosidad lo practico y lo estudio.
"YO TANGO UNA PASIÓN Y UNA RAÍZ"
Un comentario de un milonguero me dio estos días que pensar: "Se nota que lo tuyo es pasión por el tango, porque miras tu facebook y está lleno de cosas de tango, pareces monotemática y te ha entrado fuerte el tema".
Pienso un rato, no había caído en la cuenta, casi que me entran ganas de decir "Lo siento, fulanito. Lo siento por todos los que leen mis enlaces".
Pero me guardo la impresión y le doy vueltas como una lavadora unos días "¿Y qué hay de malo en que algo te guste mucho, mucho, y que disfrutes descubriendo hasta morirte de placer...?" Empieza a parecerme estúpido eso de que lo bueno es lo equilibrado y lo que combina de todo, como si eso fuese la carta de la felicidad "¿Perder el tiempo con muchas cosas y comportarse como la mayoría de gente es lo que te hace feliz?" Me decepciono rápidamente "¡Vaya mierda de plan! Conmigo no va lo de las moderaciones... si me muero por algo... me muero como la que más, y si me entusiasmo con algo, me entusiasmo hasta agotarme. Todo al 100% para lo bueno y lo malo, forma parte de mi manera de ser y del sentido que tiene para mí la vida, la intensidad y yo, siempre indisociables... Así me pasó con la pintura, cuando aprendí sin que nadie me enseñase, así me pasó con la literatura, donde aprendí en un año lo que otros aprendieron en cinco, así me pasó con los viajes, cuando aprendí a viajar yendo a la aventura y comprando billetes con pocos días de antelación. Exploto las cosas, las escudriño, las miro por todas partes, las vivo a todas horas con sentimientos bien diferentes, busco el mundo que las rodea para entenderlas en conjunto. Así que la pasión es mi motor, no sólo en el tango, sino en la vida.
Más tarde pensé en otra cuestión, que el tango no era una sola cosa, sino una raíz y que de allí surgían un tronco fuerte y robusto con muchas ramas. Así que no me dedicaba a una sola cosa, sino a muchas relacionadas. El tango es la raíz de la música, del estudio de los sentimientos, del movimiento, de la psicología, de la sociología, de la historia, de la antropología y la cultura. ¡Ostia! Es una carrera, o mejor dicho, es un buen ejemplo para desarrollar un espíritu humanista, donde se encuentran todas las disciplinas. El tango es el mundo, y yo con curiosidad lo practico y lo estudio.
TANGOGRAFÍA 91:
Un tango especial que hayas bailado es algo parecido a una fase de enamoramiento profundo, constantemente le das vueltas y más vueltas a cada uno de los más sutiles detalles, los recreas una y otra vez, lo sientes en diferentes momentos del día, te llena, te despierta la sonrisa tonta, piensas "Fue perfecto. No quiero que se vaya esta sensación"...
El otro día me enamoré de un baile, mejor dicho, de un salto, que he reproducido mil veces en mi mente desde el jueves, maravillada, embobada. Un salto cualquiera, de esos que usas para pasar un charco y no mojarte los pies, o cuando esquivas un agujero en el suelo o un obstáculo, un simple "subo y bajo en un segundo". Mi salto también hubiese sido normal a no ser porque mi compañero y yo caímos en el momento preciso en que la música marcaba un "pam" muy pronunciado y nos quedamos clavados en el suelo pisando justamente la música, como si llevásemos años ensayando esa escena. Yo aún me pregunto ¿cómo con aquella milonga tan rápida, con tantos pasos acelerados y desconocidos fui capaz de intuir que tenía que saltar alto justo en el momento en que lo hacía mi compañero? Son esos misterios del tango, que despiertan mi lado brujo y esotérico. Ya lo decía un compañero "mejor no te explico nada, que tú lo sacas todo mejor bailando".
El otro día me enamoré de un baile, mejor dicho, de un salto, que he reproducido mil veces en mi mente desde el jueves, maravillada, embobada. Un salto cualquiera, de esos que usas para pasar un charco y no mojarte los pies, o cuando esquivas un agujero en el suelo o un obstáculo, un simple "subo y bajo en un segundo". Mi salto también hubiese sido normal a no ser porque mi compañero y yo caímos en el momento preciso en que la música marcaba un "pam" muy pronunciado y nos quedamos clavados en el suelo pisando justamente la música, como si llevásemos años ensayando esa escena. Yo aún me pregunto ¿cómo con aquella milonga tan rápida, con tantos pasos acelerados y desconocidos fui capaz de intuir que tenía que saltar alto justo en el momento en que lo hacía mi compañero? Son esos misterios del tango, que despiertan mi lado brujo y esotérico. Ya lo decía un compañero "mejor no te explico nada, que tú lo sacas todo mejor bailando".
TANGOGRAFÍA 90:
EL TANGO Y LA TANGA
Ella bailaba ingenuamente pensando en el tango. Él bailaba maliciosamente pensando en la tanga. Bailaban juntos, los cuatro, mientras sonaba una canción preciosa de Canaro . Con cierta agilidad y destreza, la mano que la sostenía por la espalda fue deslizándose suavemente, zigzageando, hasta llegar al límite de la espalda. Ella se sobresaltó, dejó de lado la canción y se puso alerta. "¿Cómo es posible que este tipo no sepa que el cuerpo tiene una zona límite al bailar...?" Hizo un leve forcejeo, y alguna que otra señal más para avisar, pero la mano seguía deslizándose como una serpiente de arriba para abajo y sin fronteras. Poco a poco ella fue experimentando un leve enfado, que fue creciendo hasta convertir la canción en una auténtica caja de truenos y de venganzas: "Baja un centímetro más, sobón, y vas a experimentar el boleo más alto que te hayan hecho nunca por delante!". Se preguntaba cómo un baile tan hermoso se había convertido en algo tan asqueroso, sucio y mancillado. Y entendió como los voleos habían surgido como una potente arma de autodefensa.
Rápidamente recordó, ya completamente olvidada de la música, y esperando a que acabase pronto aquella ronda, las palabras de una profesora de tango que la había acercado a casa una semana antes: "Ten cuidado con los hombres del tango, y con los pasos, son muy peligrosos, los dos". Al principio le pareció una exageración, pero aquel baile le hizo comprender el mensaje. ¡Qué ingenua había sido!¿Acaso cambia un hombre cuando baila? No-se respondió- el que es rastrero lo es hasta cuando duerme. Compuso el puzzle y dividió la milonga en tres grupos: 1.- Los hombres caballerosos y amantes del baile, 2.- Los hombres solos, solteros, divorciados o mujeriegos, que aprenden a bailar para ligarse a las pibas jóvenes y guapas, y 3.- Los hombres guarros y malpensados que intentan aprovecharse usando como excusa la sensualidad de un baile.
A partir de aquel momento, se imaginó la pista como un infierno, llena de seres rastreros por todas partes, salvo algunas lucecitas aisladas, de unos cuantos hombres buenos que venían a bailar sin perder el respeto por las damas. Continuó su historia interna, vio como se abrían numerosos escotillones en el suelo de la milonga y por ellos caían súbita y trágicamente todos los que tenían propósitos indecentes. Caían poco a poco. En el fondo se escuchaban los gritos. Ella los despedía con una gran sonrisa mientras les decía "Ahora se van a escondidas al 'puticlub' o se apuntan a una página de contactos para ligar. No vuelvan por aquí, el tango es algo sincero y exclusivo de caballeros".
Ella bailaba ingenuamente pensando en el tango. Él bailaba maliciosamente pensando en la tanga. Bailaban juntos, los cuatro, mientras sonaba una canción preciosa de Canaro . Con cierta agilidad y destreza, la mano que la sostenía por la espalda fue deslizándose suavemente, zigzageando, hasta llegar al límite de la espalda. Ella se sobresaltó, dejó de lado la canción y se puso alerta. "¿Cómo es posible que este tipo no sepa que el cuerpo tiene una zona límite al bailar...?" Hizo un leve forcejeo, y alguna que otra señal más para avisar, pero la mano seguía deslizándose como una serpiente de arriba para abajo y sin fronteras. Poco a poco ella fue experimentando un leve enfado, que fue creciendo hasta convertir la canción en una auténtica caja de truenos y de venganzas: "Baja un centímetro más, sobón, y vas a experimentar el boleo más alto que te hayan hecho nunca por delante!". Se preguntaba cómo un baile tan hermoso se había convertido en algo tan asqueroso, sucio y mancillado. Y entendió como los voleos habían surgido como una potente arma de autodefensa.
Rápidamente recordó, ya completamente olvidada de la música, y esperando a que acabase pronto aquella ronda, las palabras de una profesora de tango que la había acercado a casa una semana antes: "Ten cuidado con los hombres del tango, y con los pasos, son muy peligrosos, los dos". Al principio le pareció una exageración, pero aquel baile le hizo comprender el mensaje. ¡Qué ingenua había sido!¿Acaso cambia un hombre cuando baila? No-se respondió- el que es rastrero lo es hasta cuando duerme. Compuso el puzzle y dividió la milonga en tres grupos: 1.- Los hombres caballerosos y amantes del baile, 2.- Los hombres solos, solteros, divorciados o mujeriegos, que aprenden a bailar para ligarse a las pibas jóvenes y guapas, y 3.- Los hombres guarros y malpensados que intentan aprovecharse usando como excusa la sensualidad de un baile.
A partir de aquel momento, se imaginó la pista como un infierno, llena de seres rastreros por todas partes, salvo algunas lucecitas aisladas, de unos cuantos hombres buenos que venían a bailar sin perder el respeto por las damas. Continuó su historia interna, vio como se abrían numerosos escotillones en el suelo de la milonga y por ellos caían súbita y trágicamente todos los que tenían propósitos indecentes. Caían poco a poco. En el fondo se escuchaban los gritos. Ella los despedía con una gran sonrisa mientras les decía "Ahora se van a escondidas al 'puticlub' o se apuntan a una página de contactos para ligar. No vuelvan por aquí, el tango es algo sincero y exclusivo de caballeros".
TANGOGRAFÍA 89:
EL VUELO DE LA BAILARINA
Volé, por unos segundos, con una ligereza indescriptible, sin esperarlo, me hallé suspendida al ritmo de la música. Acabé el baile, extasiada, acababa de sentirme como una mariposa o un pájaro.
TANGOGRAFÍA 88:
Abrí el correo, alguien, amablemente había contestado mi mensaje sobre una canción de Discépolo que parece una plegaria ("Tormenta"). Me comenta que la mayoría de tangos son tristes, excepto unos cuantos, y me cita un ejemplo de excepción: "Victoria", del mismo autor. Atraída por la curiosidad, busco la letra de esa canción inmediatamente. Explica la historia de un hombre que se alegra porque lo ha dejado su mujer. Me imagino una letra alegre, de tirar cohetes, no sin pensar también ("¡Ya!, eso querrían muchos hombres... los primeros días, pero cuando se tengan que lavar la ropa, se sientan solos o deseen vivir bien ya se volverán a acordar de aquella mujer que se fue..."). Busco a continuación la música y frunzo la nariz como un gato ante el peligro "¿Y esto qué es? No pega en absoluto... si le dejase sólo la música me causaría tristeza"...
Escribo inmediatamente a mi "recomendador", estas palabras:
"jajajajaja... la mujer del pobre marido de "Victoria" debió dejarlo exhausto, porque ya no tiene energía ni para alegrarse... La música sola no me transmite alegría, es más bien el contenido de la letra. De hecho, me parece fingido, me recuerda a una de esas situaciones en las que una persona te dice a la cara "¡Uy!¡Qué contento estoy...!" y tú notas que lo dice de mentirijilla porque su cara te revela que esa persona está a punto de llorar".
"Si yo fuese compositora - continúo- hubiese escogido un ritmo vigoroso y alegre para expresar esta alegría y liberación. Quizá le hubiese ido mejor componer una milonga, una salsa, una canción pop o una rumba, por ejemplo".
(¡Qué pena que no sepa componer para arreglar ese desatino! Pero me digo que puedo ejercer de chatarrera tanguera y reciclar material. Tuve a continuación una idea, a raíz de la pregunta que todo escritor o lector apasionado se haría "¿Y qué pasó con la mujer del tanguero?" Pues que también cantó la liberación, pero con alegría y vigor, así como con sinceridad. Dejo aquí las dos versiones, porque ya saben, en cuestiones del corazón, hay que ver las cosas desde los dos puntos de vista. No descato nada, después de esta inspiración, quizá algún día me anime a escribir un tango alegre, con música en consonancia...). Pero de momento le dejo a mi confidente "I'ts raining men" para aportar otro punto de vista.
Escribo inmediatamente a mi "recomendador", estas palabras:
"jajajajaja... la mujer del pobre marido de "Victoria" debió dejarlo exhausto, porque ya no tiene energía ni para alegrarse... La música sola no me transmite alegría, es más bien el contenido de la letra. De hecho, me parece fingido, me recuerda a una de esas situaciones en las que una persona te dice a la cara "¡Uy!¡Qué contento estoy...!" y tú notas que lo dice de mentirijilla porque su cara te revela que esa persona está a punto de llorar".
"Si yo fuese compositora - continúo- hubiese escogido un ritmo vigoroso y alegre para expresar esta alegría y liberación. Quizá le hubiese ido mejor componer una milonga, una salsa, una canción pop o una rumba, por ejemplo".
(¡Qué pena que no sepa componer para arreglar ese desatino! Pero me digo que puedo ejercer de chatarrera tanguera y reciclar material. Tuve a continuación una idea, a raíz de la pregunta que todo escritor o lector apasionado se haría "¿Y qué pasó con la mujer del tanguero?" Pues que también cantó la liberación, pero con alegría y vigor, así como con sinceridad. Dejo aquí las dos versiones, porque ya saben, en cuestiones del corazón, hay que ver las cosas desde los dos puntos de vista. No descato nada, después de esta inspiración, quizá algún día me anime a escribir un tango alegre, con música en consonancia...). Pero de momento le dejo a mi confidente "I'ts raining men" para aportar otro punto de vista.
TANGOGRAFÍA 87:
TODO EL MUNDO PUEDE TANGOGRAFIAR
A veces te encuentras con gente que te hace unas preguntas más raras... de ésas de niños que no sabes qué contestar...
Estas mañana alguien me preguntó:
- ¿Qué diferencia hay entre una fotografía y una tangografía?
Y yo le dije:
- ¡Mira tú, menganito... que ahora me vas a hacer pensar...!
Creo que la diferencia principal está en los ojos y en el soporte. En la fotografía debes abrir los ojos para captar la imagen y encuadrar; en cambio, en la tangografía debes cerrar los ojos para buscar la imagen en tu interior, y encima ésta se mueve y suena, así que nunca acabas de capturarla del todo.
En cuanto al soporte, la fotografía hace uso del papel fotográfico o del medio digital, en la tangografía, en cambio, el soporte eres tú por dentro. Así que para ver esa imagen debes mirarte el corazón y las entrañas, pues la luz viene de dentro. Es algo así como una cámara oscura humana...
No sé si te quedó claro, fulanito, en todo caso, la tangografía resulta más económica vque la fotografía, pues el rebelado es instantáneo y no pagas, puedes corregir además las imágenes, y no necesitas cámara, contigo mismo basta. Todo el mundo puede tangografiar, si se lo propone.
A veces te encuentras con gente que te hace unas preguntas más raras... de ésas de niños que no sabes qué contestar...
Estas mañana alguien me preguntó:
- ¿Qué diferencia hay entre una fotografía y una tangografía?
Y yo le dije:
- ¡Mira tú, menganito... que ahora me vas a hacer pensar...!
Creo que la diferencia principal está en los ojos y en el soporte. En la fotografía debes abrir los ojos para captar la imagen y encuadrar; en cambio, en la tangografía debes cerrar los ojos para buscar la imagen en tu interior, y encima ésta se mueve y suena, así que nunca acabas de capturarla del todo.
En cuanto al soporte, la fotografía hace uso del papel fotográfico o del medio digital, en la tangografía, en cambio, el soporte eres tú por dentro. Así que para ver esa imagen debes mirarte el corazón y las entrañas, pues la luz viene de dentro. Es algo así como una cámara oscura humana...
No sé si te quedó claro, fulanito, en todo caso, la tangografía resulta más económica vque la fotografía, pues el rebelado es instantáneo y no pagas, puedes corregir además las imágenes, y no necesitas cámara, contigo mismo basta. Todo el mundo puede tangografiar, si se lo propone.
TANGOGRAFÍA 84:
‘Una canción es un traje que busca un cuerpo que le quede bien’. Lo dijo Discépolo, que componía tangos, pero a mí me parece una frase muy oportuna para aplicar al baile. Me gusta pensar que la pista de una milonga es como un campo para sembrar. Suena la misma música y se esparce como si fuesen semillas, pero no todas las semillas van a parar al mismo lugar. Hay espacios de la pista muy fructíferos, incluso con muy poco espacio, hay zonas de escasa productividad, y a hay zonas completamente desérticas.
A la afirmación de Discépolo sólo habría que cambiarle una cosa "Una canción es un único traje que busca dos cuerpos que le queden bien".
A la afirmación de Discépolo sólo habría que cambiarle una cosa "Una canción es un único traje que busca dos cuerpos que le queden bien".
TANGOGRAFÍA 83:
QUE NOS QUITEN LO BAILAO
Cuando ya llevas un tiempo rondando por pistas tangueras, sabes nada más entrar en una milonga si esa noche bailarás o no. Basta con ver el retrato familiar y su ubicación en la sala, el tanguero es un especimen de hábitos y lugares fijos, te dices "uno", "dos" o "muchos tangos". Eso no impide que bailes, sólo es cuestión de saber si la estrategia va a ser esa noche ir a lo Juana de Arco o si la cosa va a ser al estilo duelo entre caballeros, para cansancio de la dama que no se sienta ni a la de tres.
Ayer fue de las noches "ir a lo Juana de Arco", tenía unas ganas tremendas de bailar. La sala estaba abarrotada... mujeres sentadas por todos lados, hombres escasos en la pista y casi todos acompañados. Rápidamente pensé: "Esto pinta mal... hoy la milonga parece un harén...bien para el hombre, mal, nuevamente, para la mujer..." Esperé tres rondas, y viendo que el resultado era nulo, saqué unos exámenes del bolso y me puse a corregir. Mejor aprovechar el tiempo con una buena música de tango al fondo, que no quedarte viendo la tentación.
Luego marché a otra milonga cercana, donde el plan no cambió. Yo seguía con mis ganas de bailar y me propuse a toda costa bailar. Después de que tres gentiles caballeros se ofreciesen, empecé a experimentar el mal de la silla, el del culo inquieto mientras sonaban unas rondas preciosas. "¡Ay, qué triste es ser mujer y que te guste el tango! Es tan machista, sacrificado e injusto este baile... De hecho no sé qué le encuentro, ni por qué me sigue gustando..." Dirigí la mirada hacia la mesa contigua donde tres compañeras de tango siempre aguardaban pacientes las dos o tres rondas de toda la noche. "Eso sí que es triste", me dije, "que esperen tanto..." me recordaban a mí meses atrás.
Para conseguir cazar un baile en una canción sublime, oteé rápidamente la sala y fui a detener mi vista en un compañero de clase, Fernando, mi salvación de la noche, este hombre sí que me sacaría a bailar...
Acabó la ronda, esperé en mi asiento, volví a buscarlo (me importaban un bledo las normas y si quedaba mal) "¿Bailas de nuevo?"
"Sí, claro" volví a mi asiento, sonó la ronda, esperé a buscarlo "¿Bailas otra vez?"
Ya la segunda vez, un señor me advirtió "En Argentina es de mala educación que el mismo hombre te saque dos veces seguidas a bailar..." Entonces pensé: "Lo que faltaba, encima quieren que las mujeres seamos sadomasoquistas... para una vez que encuentras a alguien que quiere bailar...¡Aguafiestas! Hágase usted mujer y verá cómo rápidamente cambia de opinión..."
Pasé del consejo, olímpicamente, por supuesto. Volví a acercarme a Fernando por tercera vez y le volví a preguntar "¿Bailas este también?"
"Sí, claro"
Y así hasta siete u ocho rondas, hasta la última, en definitiva. Ya en los últimos bailes él decía:
-Creo que la gente va a pensar mal, llevamos tantas rondas...
- ¿Y a quién le importa, Fernando?¿Tú para quién bailas, para ellos o para ti y para mí? Lo importante es pasárselo bien y bailar. Creo que eso está por encima de todo.
Pasamos un buen rato, eso es lo que importa, junto con el hecho de que gané nuevamente mi batalla de Juana de Arco en el tango.
Cuando ya llevas un tiempo rondando por pistas tangueras, sabes nada más entrar en una milonga si esa noche bailarás o no. Basta con ver el retrato familiar y su ubicación en la sala, el tanguero es un especimen de hábitos y lugares fijos, te dices "uno", "dos" o "muchos tangos". Eso no impide que bailes, sólo es cuestión de saber si la estrategia va a ser esa noche ir a lo Juana de Arco o si la cosa va a ser al estilo duelo entre caballeros, para cansancio de la dama que no se sienta ni a la de tres.
Ayer fue de las noches "ir a lo Juana de Arco", tenía unas ganas tremendas de bailar. La sala estaba abarrotada... mujeres sentadas por todos lados, hombres escasos en la pista y casi todos acompañados. Rápidamente pensé: "Esto pinta mal... hoy la milonga parece un harén...bien para el hombre, mal, nuevamente, para la mujer..." Esperé tres rondas, y viendo que el resultado era nulo, saqué unos exámenes del bolso y me puse a corregir. Mejor aprovechar el tiempo con una buena música de tango al fondo, que no quedarte viendo la tentación.
Luego marché a otra milonga cercana, donde el plan no cambió. Yo seguía con mis ganas de bailar y me propuse a toda costa bailar. Después de que tres gentiles caballeros se ofreciesen, empecé a experimentar el mal de la silla, el del culo inquieto mientras sonaban unas rondas preciosas. "¡Ay, qué triste es ser mujer y que te guste el tango! Es tan machista, sacrificado e injusto este baile... De hecho no sé qué le encuentro, ni por qué me sigue gustando..." Dirigí la mirada hacia la mesa contigua donde tres compañeras de tango siempre aguardaban pacientes las dos o tres rondas de toda la noche. "Eso sí que es triste", me dije, "que esperen tanto..." me recordaban a mí meses atrás.
Para conseguir cazar un baile en una canción sublime, oteé rápidamente la sala y fui a detener mi vista en un compañero de clase, Fernando, mi salvación de la noche, este hombre sí que me sacaría a bailar...
Acabó la ronda, esperé en mi asiento, volví a buscarlo (me importaban un bledo las normas y si quedaba mal) "¿Bailas de nuevo?"
"Sí, claro" volví a mi asiento, sonó la ronda, esperé a buscarlo "¿Bailas otra vez?"
Ya la segunda vez, un señor me advirtió "En Argentina es de mala educación que el mismo hombre te saque dos veces seguidas a bailar..." Entonces pensé: "Lo que faltaba, encima quieren que las mujeres seamos sadomasoquistas... para una vez que encuentras a alguien que quiere bailar...¡Aguafiestas! Hágase usted mujer y verá cómo rápidamente cambia de opinión..."
Pasé del consejo, olímpicamente, por supuesto. Volví a acercarme a Fernando por tercera vez y le volví a preguntar "¿Bailas este también?"
"Sí, claro"
Y así hasta siete u ocho rondas, hasta la última, en definitiva. Ya en los últimos bailes él decía:
-Creo que la gente va a pensar mal, llevamos tantas rondas...
- ¿Y a quién le importa, Fernando?¿Tú para quién bailas, para ellos o para ti y para mí? Lo importante es pasárselo bien y bailar. Creo que eso está por encima de todo.
Pasamos un buen rato, eso es lo que importa, junto con el hecho de que gané nuevamente mi batalla de Juana de Arco en el tango.
TANGOGRAFÍA 82:
SAN PUGLIESE, AMÉN (*)
¡Qué gusto bailar con un músico! Son personas que se toman la música como algo sagrado, que respetan cada detalle de lo que está sonando: el compás, el ritmo, la letra, la sensación que provoca...
A T. y a mí nos tocó una ronda de Pugliese. Era la primera vez que bailábamos. Mientras sonaban los primeros compases y nos disponíamos a cerrar el abrazo, él me dijo: "Oooh, nos ha tocado lo mejor ¡San Pugliese!" . Lo dijo emocionado, dirigiendo la vista hacia la pared de la Yumba, donde estaba colgada la fotografía de este autor. Sonreí y le contesté: "Pues mira tú qué casualidad... desde que un tanguero me dijo que era la 'chica Pugliese' este tipo no ha parado de perseguirme..." Se puso la mano en el bolsillo y sacó de su cartera una fotografía suya, que guardaba con recelo y como reliquia. Luego cerramos el abrazo y nos pusimos a bailar.
Yo no sé si serán los tangos del destino, pero aquella ronda resultó mágica, era como si fuésemos dos piezas de un puzzle que encajan, dos Puglieses complementarios, un Ying y un Yan bailando tango. Dejamos todo en la pista ¿Cuánta vida o cuánto sentimiento cabe en una sola canción interpretada? Tuve la certidumbre de que recogía en unos pocos minutos toda una vida, de que hablamos mucho sin hablarnos, de que nos quedamos vacíos y exhaustos de volcar tanto sentimientos en una sola canción.
¡Qué gusto bailar con un músico! Son personas que se toman la música como algo sagrado, que respetan cada detalle de lo que está sonando: el compás, el ritmo, la letra, la sensación que provoca...
A T. y a mí nos tocó una ronda de Pugliese. Era la primera vez que bailábamos. Mientras sonaban los primeros compases y nos disponíamos a cerrar el abrazo, él me dijo: "Oooh, nos ha tocado lo mejor ¡San Pugliese!" . Lo dijo emocionado, dirigiendo la vista hacia la pared de la Yumba, donde estaba colgada la fotografía de este autor. Sonreí y le contesté: "Pues mira tú qué casualidad... desde que un tanguero me dijo que era la 'chica Pugliese' este tipo no ha parado de perseguirme..." Se puso la mano en el bolsillo y sacó de su cartera una fotografía suya, que guardaba con recelo y como reliquia. Luego cerramos el abrazo y nos pusimos a bailar.
Yo no sé si serán los tangos del destino, pero aquella ronda resultó mágica, era como si fuésemos dos piezas de un puzzle que encajan, dos Puglieses complementarios, un Ying y un Yan bailando tango. Dejamos todo en la pista ¿Cuánta vida o cuánto sentimiento cabe en una sola canción interpretada? Tuve la certidumbre de que recogía en unos pocos minutos toda una vida, de que hablamos mucho sin hablarnos, de que nos quedamos vacíos y exhaustos de volcar tanto sentimientos en una sola canción.
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