lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 99:

 "HAY MAESTROS Y MAESTROS"

Gaspar Godoy se sentía agradecido por todos los cumplidos recibidos en sus clases, pero en parte había algo que le inquietaba y que así nos confesó:

- Muchas veces he escuchado lo mismo en diferentes partes del mundo, pero luego se olvidarán de nosotros y se lo repetirán a otros maestros.

Eso me dio que pensar, llegando a la conclusión de que la cuestión no era la calidad de su enseñanza ni los buenos e inmejorables consejos dados, sino que más bien se trataba de una cuestión de tiempo invertido en la enseñanza.

Mucha gente pierde la cabeza por apuntarse a talleres y poder presumir de que ha tenido como maestro o maestra a una figura internacional del tango. Seguro que sus enseñanzas y experiencias son valiosísimas, sin duda, pero duran unas horas o unos días.

En cambio, lo que mucha gente olvida o no valora tanto es que para recibir clases de estas eminencias internacionales, tú ya estás en un nivel de baile, y ese nivel de baile se lo debes a unos profesores con los que has estado meses o años, o bien compañeros asiduos de las milongas, que también se convierten en tus maestros.

Si ahora camino, giro, he mejorado mi postura y conexión, mantengo el equilibrio e interpreto determinadas intenciones, así como la música, es porque he tenido unos maestros que me han visto dar los primeros pasos, me han corregido, me han motivado e ilusionado y me han enseñado durante un largo periodo de tiempo. Y eso, por supuesto, está por encima de cualquier aprendizaje o mejora puntual. Porque han sido ellos, mis profesores diarios, quienes han pulido todo el material bruto, hasta que finalmente todo parece preparado para tener algo de brillo.

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