lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 76:

"Las edades del tango"

Lo pensé esta tarde "Aprender a bailar tango es parecido al proceso de dibujar en determinadas edades".

Al principio el bebé garabatea sin que se reconozca lo que dibuja, busca motivos básicos y los asocia a un nombre. Así hace el bailarín en su primer contacto con el baile, le va poniendo nombres a bruscos movimientos, y empieza a decir: "esto es una caminata", "esto un paso básico", "esto un equilibrio"... aunque diste mucho de ser algo de esto. Los veteranos lo saben, pero le siguen el juego y con una sonrisa tierna valoran su esfuerzo.

Luego viene esa fase en que el niño, más o menos a la edad de tres años, empieza a jugar con los garabatos, y disfruta imaginando y creando sus propias historias. Al igual que el bailarín empieza a combinar figuras básicas para jugar con la música y su pareja. Quizá esta sea la primera fase de placer y libertad, lamentablemente truncada, por la siguiente etapa: la de la infancia insatisfecha.

Es aquel momento en que volvemos a salir de nosotros y tomamos también como referente la realidad. Es esa etapa de los siete u ocho años en que el niño dice "No sé dibujar", y el bailarín se plantea "¿acaso sé yo bailar?" en esa intención de mejorar, de ser más exigente, de tener ya más idea de todo. Es entonces cuando empiezas a repetir "no me sale esto", "no me sale lo otro" y dices que no eres bueno... allí donde sentías un movimiento de baile que te generaba placer, ahora ves un culo salido, un codo de lucha libre, un pie muy alejado del eje y un sinfín de cosas más que tienen que ver con la mejora consciente.

Luego vendría, supongo, una etapa rebelde, de encontrarse uno mismo en medio de la incertidumbre y de innumerables modelos y referencias de las que querrás alejarte, como corresponde a una típica adolescencia.

Menos mal que la vida nos ha enseñado que luego llega la madurez, y allí ya eres tú, en el baile, en el dibujo o en lo que sea. Vuelves a encontrar el placer, te aceptas y después de un largo viaje, sabes por fin lo que tienes que expresar, y de qué forma o con qué movimiento, necesariamente, se tiene que expresar.

Sea como fuere, el aprendizaje es inagotable, cada etapa tiene algo bello si tomas consciencia de que, haya más obstáculos o menos, progresas.

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