lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 121:

 "LA PAREJA DE BAILE QUE TE MERECES"

Lo más difícil del tango, como en la vida, es hacerte respetar como persona y como bailarina. Creo que a veces las mujeres perdemos el norte, principalmente cuando comenzamos en este mundo, parece que nuestro objetivo es que nos saquen más hombres y bailar más. Así se vende y así se cree, yo también caí al principio en este planteamiento erróneo.
Con el tiempo te das cuenta de que lo prioritario es preguntarse: "¿qué estoy buscando yo en este baile?" Lo digo porque esto puede evitarte un sinfín de enredos y confusiones.

Hace unos días un compañero de milonga me comentó en broma: "Algún día bailarás con los que están en el otro extremo de la pista, con los de la zona VIP... jajajajaja". A mí la verdad es que aquel comentario, más que causarme risa o parecerme un cumplido, me generó repelús. No estaba en mi lista de aspiraciones ese propósito, sinceramente, me daba cuenta de que mi deseo no era bailar con gente que domina una técnica pasando por alto mi valor como persona, o bien con gente que no entrega algo profundo al bailar. Me parecía humillante ir persiguiendo un baile con un hombre que me ignorara a priori por mi nivel. Es más, se me hacía que el hombre era tonto por fijarse sólo en eso... yo estoy, sin duda, por encima de todas esas cosas, el baile es mucho más que imitar pasos como un mono, requiere de un sinfín de habilidades personales que no todos los expertos tienen.

He bailado ya con bastantes hombres, y de momento tengo claro lo que me hace sentir bien: yo busco en el baile la parte humana, la conexión, la entrega. He vivido esta experiencia con hombres que comenzaban y también con maestros de muchos años (gente humilde y cercana sin aires de soberbia) . Así que hay que tener mucho cuidado cuando se cita la cuestión de los niveles, a mi entender es una actitud prejuiciosa. Supongo que quien la practica tiene esa inseguridad de no ser buen bailarín en el fondo (porque el buen bailarín baila bien con cualquiera y se adapta a todo) y porque, en el fondo, vive viendo su baile desde el exterior, sin contemplar la posibilidad de que el baile es disfrutar y sentir algo con alguien y aceptar el reto de la novedad.

Luego está ese otro tipo de hombre que no te respeta porque le parece que hay gente increíble bailando y entonces te rebaja comparándote con ellos. Pero lo cierto es que tú no quieres entrar en ese juego de comparaciones, sabes entonces que ese tipo de personas viven mirando y juzgando, y lo peor, no creo que con ese carácter débil lleguen a encontrar su estilo personal. A lo sumo serán copias de esas personas tan admiradas. Y serán esa masa criticona y rígida en las milongas.

Y ya por último, encontramos los dos especímenes peores. El que te saca para llenar un baile, sin ningún interés ni implicación, y el que te saca para lucirse, llámese narcisista. Éste último, además de anularte completamente o convertirte en la mujer florero, se mostrará insatisfecho y te exigirá que hagas adornos que él quiere y figuras hipercomplicadas que, en el caso de no seguir, luego te dará una lección, o bien aprovechará la propia pista para ello. Es un tipo peligroso, porque en el fondo quiere una bailarina brillante para canalizar su frustración como bailarín.

A mi entender, un baile puede convertirse en algo tóxico si se produce alguna de estas situaciones que he citado. Nunca hay que perder de vista todo lo que vales y puedes dar, si alguien cree lo contrario, o busca excusas diversas, es sencillamente porque no es la pareja de baile que te mereces.

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