Bailar es hermoso, pero tomar consciencia del baile es aún más hermoso. Ser consciente de cada detalle, ir por partes: eso es saborear el baile y retenerlo dentro.
Ayer descubrí una cosa que me encantó bailando una canción de d'Arienzo: era la sincronía de la pisada con la música, que el pie cayese justo en el momento en que sonaba una determinada nota fuerte y que el peso de la pisada fuese más intenso o menos según la nota y su duración. La música era rápida e interrumpida y ahí caía el pie como un péndulo en el momento exacto en que sonaba el "chan", era una sensación mágica, de cosquilleo, ¿llegaré justo, llegaré...? era como tocar unas teclas de piano con los pies, o como explotar globos en la pista. Empecé a coquetear con la música, me gustó ese juego de parar justo en el momento y luego continuar, como en el "un dos tres pica-pared" pero con un poema, una pareja y un sentimiento.
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