lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 101:



Cada paso es un tesoro en todos los sentidos, la consciencia de un paso convierte este hecho en algo especial. No es sólo una moda o un determinado requisito para un baile elegante o con buena técnica. En mi caso concreto es algo vital, que irradia magia en el acto de recrearlo.
En una pista, en una clase, a veces me vienen revelaciones y el recuerdo de dos personas que amo: mi sobrina, que empieza a caminar, y mi padre, que progresivamente está dejando de caminar a causa de una enfermedad degenerativa.
Un pie torpe, que se apoya como puede en el suelo, de forma brusca y con tambaleos, aún hace más bello un paso preciso, justo y ligero que consiga dar. Una continuidad por el piso es algo parecido a volar fluidamente por el cielo. Un equilibrio conseguido es un éxito en contraste con esas manos que siempre buscan la pared o cualquier superficie estática. La belleza de un movimiento elegante no sometido a la necesidad, una curva perfecta en vez del movimiento ametrallado, eso es lindo y no tiene precio. Hay un sinfín de tesoros escondidos en cada paso que damos: un pie moldeable, que se encorva y se estira, un pie con vida, que obedece órdenes, una postura concreta que sostiene nuestro peso, una fuerza y dirección en la pisada, un pie sabio, que salta peligros o nos avisa con dolor o rapidez... y lo más importante, con cada paso que damos se nos abre un espacio, el suelo o la calle se convierte en algo ilimitado.

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