"NO ME TOQUES LOS ADORNOS"
De una forma impulsiva y con cierta dosis de furia, Geraldina explotó un día: "¡Basta, Edgardo, deja ya de tocarme los adornos!" que era una forma sutil de decir "No me hinches más las narices o las pelotas y ve a lo tuyo". Consideraba que "adornos" era un buen término para el tango y que éste se adecuaba mejor al tema que despertó su irritación.
Edgardo llevaba casi un mes insistiendo: -¿Y los adornos?¿Has aprendido ya adornos?¿Los estás poniendo en práctica mientras estamos ensayando?
Ella no entendía la insistencia repentina ni por qué Edgardo metía las narices donde nadie le había llamado. Desde que escuchó decir a una profesora de tango "Los adornos son un tiempo de libertad que tenemos las mujeres para expresarnos" consideró que ese asunto era una cuestión muy suya, y que ella ya encontraría el momento oportuno para expresarse libremente y para estar cómoda con sus adornos.
Edgardo, en cambio, parecía sufrir con la decisión de su compañera de baile: la calma, el perfeccionamiento, la preocupación previa por la técnica, la conexión y musicalidad le parecían un avance demasiado lento para sus grandes propósitos... Debía encontrar urgentemente una estrategia para hacer cambiar de opinión a esa mujer. Probó entonces el método altruista:
- No creas que lo hago por mí, Geraldina - dijo con tono amistoso- es más, te estoy haciendo un favor. Me estoy olvidando de mi baile y me centro en el tuyo. ¿Qué otro hombre se sacrificaría así? Quiero que bailes bien bonito y que la gente diga en las milongas: "Mira qué bien baila esa mujer, mira qué adornos más bonitos hace..."
Geraldina le vio enseguida los dientes al lobo Edgardo. Nada le molestaba más que un individuo hipócrita que intentase aprovecharse de la gente para sus propósitos, y especialmente para lucirse.
Un día sin más, decidió resolver el asunto. Mientras Edgardo le planteaba el aburrido tema de siempre, Geraldine le preguntó:
-¿Tú has oído hablar de Adolf Loos?
- Ni idea, Geraldina, ya sabes que no domino el tema de las orquestas y de los bailarines de tango...
(En realidad era una pregunta retórica, pues lo sorprendente hubiese sido que Edgardo supiese que era un arquitecto de principios del s.XX nacido en la República Checa...)
- Pues creo que va a ser un tipo muy importante para ti...
- ¡Ah!¿sí...?¿Por qué?
- Escribió un artículo titulado "Ornamento y delito", y donde dice "ornamento", Edgardo, puedes poner "adorno"... (Tras un breve silencio incómodo de desconcierto)
- Pues no entiendo... ¿qué tiene que ver este libro y este tipo con nuestros ensayos o con el tango...?
-Es raro que no le encuentres enseguida la conexión... Loos comparaba los "adornos" con los tatuajes de los presos. A este arquitecto le parecía que un "adorno" mal puesto era una barbaridad, una aberración, algo similar a un crimen... ¡lástima que este tipo no se interesase por el tango!¿Sabes? Tengo la impresión de que Loos habría puesto a los asesinos tangueros en su sitio. Lo que no me queda claro es qué papel tendrías tú en esta nueva versión del artículo, Edgardo, no sé si serías un asesino tanguero o bien un adorno muy grande que le haría sombra al baile. Eso tendrías aún que pensarlo... céntrate en eso, querido, y deja de tocarme ya de una vez "los adornos"...
No hay comentarios:
Publicar un comentario