lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 91:

Un tango especial que hayas bailado es algo parecido a una fase de enamoramiento profundo, constantemente le das vueltas y más vueltas a cada uno de los más sutiles detalles, los recreas una y otra vez, lo sientes en diferentes momentos del día, te llena, te despierta la sonrisa tonta, piensas "Fue perfecto. No quiero que se vaya esta sensación"... 
El otro día me enamoré de un baile, mejor dicho, de un salto, que he reproducido mil veces en mi mente desde el jueves, maravillada, embobada. Un salto cualquiera, de esos que usas para pasar un charco y no mojarte los pies, o cuando esquivas un agujero en el suelo o un obstáculo, un simple "subo y bajo en un segundo". Mi salto también hubiese sido normal a no ser porque mi compañero y yo caímos en el momento preciso en que la música marcaba un "pam" muy pronunciado y nos quedamos clavados en el suelo pisando justamente la música, como si llevásemos años ensayando esa escena. Yo aún me pregunto ¿cómo con aquella milonga tan rápida, con tantos pasos acelerados y desconocidos fui capaz de intuir que tenía que saltar alto justo en el momento en que lo hacía mi compañero? Son esos misterios del tango, que despiertan mi lado brujo y esotérico. Ya lo decía un compañero "mejor no te explico nada, que tú lo sacas todo mejor bailando".

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