lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 77:

Hay dos palabras que me encantan del tango: "fluir" y "avanzar", son términos muy arraigados a mi estilo personal.
En el tango, como en la vida misma, hay dos tipos de personas: las que se conforman con lo que han adquirido y las que siempre están insatisfechas y quieren aprender aún más.
Esto determina que haya unos bailes de tango cuya experiencia es parecida a tener un matrimonio rutinario y aburrido, y que haya otros que parezcan auténticas conquistas donde no sabes a priori qué pasará.
Últimamente, cuando bailo, tengo esta impresión, a veces acabo una ronda y me digo "estos bailes eran como un matrimonio" y otras veces me alegro y me entusiasmo y digo "¡Guau, menudo reto, cuánta improvisación y complicidad, esto sí que ha sido un tango!"
Me muero de ganas por caerme, tropezar, machacar el meñique o la planta de mi pareja, pegarle una patada, torcerme un tobillo... no sé, algo de aventura y riesgo, que me sirva para avanzar y dejar de lado la rutina de los mismos pasos en músicas tan distintas.
Cada música es un viaje interesante y es triste ver todas esas aventuras pasar mientras permaneces sentadita en casa, sin riesgos y sin variedad.

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