lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 83:

 QUE NOS QUITEN LO BAILAO

Cuando ya llevas un tiempo rondando por pistas tangueras, sabes nada más entrar en una milonga si esa noche bailarás o no. Basta con ver el retrato familiar y su ubicación en la sala, el tanguero es un especimen de hábitos y lugares fijos, te dices "uno", "dos" o "muchos tangos". Eso no impide que bailes, sólo es cuestión de saber si la estrategia va a ser esa noche ir a lo Juana de Arco o si la cosa va a ser al estilo duelo entre caballeros, para cansancio de la dama que no se sienta ni a la de tres.
Ayer fue de las noches "ir a lo Juana de Arco", tenía unas ganas tremendas de bailar. La sala estaba abarrotada... mujeres sentadas por todos lados, hombres escasos en la pista y casi todos acompañados. Rápidamente pensé: "Esto pinta mal... hoy la milonga parece un harén...bien para el hombre, mal, nuevamente, para la mujer..." Esperé tres rondas, y viendo que el resultado era nulo, saqué unos exámenes del bolso y me puse a corregir. Mejor aprovechar el tiempo con una buena música de tango al fondo, que no quedarte viendo la tentación.
Luego marché a otra milonga cercana, donde el plan no cambió. Yo seguía con mis ganas de bailar y me propuse a toda costa bailar. Después de que tres gentiles caballeros se ofreciesen, empecé a experimentar el mal de la silla, el del culo inquieto mientras sonaban unas rondas preciosas. "¡Ay, qué triste es ser mujer y que te guste el tango! Es tan machista, sacrificado e injusto este baile... De hecho no sé qué le encuentro, ni por qué me sigue gustando..." Dirigí la mirada hacia la mesa contigua donde tres compañeras de tango siempre aguardaban pacientes las dos o tres rondas de toda la noche. "Eso sí que es triste", me dije, "que esperen tanto..." me recordaban a mí meses atrás.
Para conseguir cazar un baile en una canción sublime, oteé rápidamente la sala y fui a detener mi vista en un compañero de clase, Fernando, mi salvación de la noche, este hombre sí que me sacaría a bailar...
Acabó la ronda, esperé en mi asiento, volví a buscarlo (me importaban un bledo las normas y si quedaba mal) "¿Bailas de nuevo?"
"Sí, claro" volví a mi asiento, sonó la ronda, esperé a buscarlo "¿Bailas otra vez?"
Ya la segunda vez, un señor me advirtió "En Argentina es de mala educación que el mismo hombre te saque dos veces seguidas a bailar..." Entonces pensé: "Lo que faltaba, encima quieren que las mujeres seamos sadomasoquistas... para una vez que encuentras a alguien que quiere bailar...¡Aguafiestas! Hágase usted mujer y verá cómo rápidamente cambia de opinión..."
Pasé del consejo, olímpicamente, por supuesto. Volví a acercarme a Fernando por tercera vez y le volví a preguntar "¿Bailas este también?"
"Sí, claro"
Y así hasta siete u ocho rondas, hasta la última, en definitiva. Ya en los últimos bailes él decía:
-Creo que la gente va a pensar mal, llevamos tantas rondas...
- ¿Y a quién le importa, Fernando?¿Tú para quién bailas, para ellos o para ti y para mí? Lo importante es pasárselo bien y bailar. Creo que eso está por encima de todo.
Pasamos un buen rato, eso es lo que importa, junto con el hecho de que gané nuevamente mi batalla de Juana de Arco en el tango.

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