lunes, 8 de septiembre de 2014
TANGOGRAFÍA 127: EL DÍA EN QUE SABRÁS BAILAR
Suena una música y el primer interruptor que se te enciende es la imaginación. Entras en una especie de trance arrollador y te sorprendes bailando con una fluidez... llevas el compás, los pies se deslizan con elegancia y ligereza, entiendes a tu pareja a la perfección, te salen unos voleos de vértigo y todo lo que haces en el baile, todo, todo... es una sorpresa oportuna: ¡Anda, mira que bien ha quedado esto aquí en este golpe de campanilla, o este vuelo de pierna con el violín...!
Pero no todo es este baile feliz que sirve como autopropulsión, luego llega el cuerpo y te jode el plan. El cuerpo es ese ser anciano con achaques, del que constantemente debes ir tirando: "¡Vamos, abuelo, que llegamos tarde en el compás, arrastra usted los pies como si cargase sacos de tierra, esos voleos además parecen coces y le viene a usted pisando desde hace un rato su compañero!"
Si no fuese por el cuerpo, el baile sería tan bello... pero le faltaría la casa al baile... Por eso hay que seguir mejorando ese hogar, hacer que la imaginación se alíe con esa carne y esos huesos que un día, con técnica, llegarán a ser más ligeros. Yo sólo me digo a veces con esperanza "Ya verás, imaginación, lo bella que te vas a ver el día en que te atrape el cuerpo". Será el día en que por fin sabrás bailar un tango.
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