martes, 29 de julio de 2014

TANGOGRAFÍA 64:

 Yo bailaba por ahí sin darme cuenta de lo mágico que era en el baile respirar, hasta que alguien esta semana se detuvo en un paso mucho tiempo para alargarlo blandamente, y caer después como en una especie de montaña rusa o de cascada hasta llegar al siguiente paso. Me atrajo la sensación, así que le pregunté: "Oye, ¿cómo se llama este paso?". Me dijo: "Respirar". La respuesta me pareció aún más mágica que la sensación, descubrí que el baile no estaba muerto sino que tenía una vida interna. Era como un nacimiento y lo que estaba bailando era un ente vivo. Me puse contentísima con el descubrimiento, estaba fascinada "Oye, ¿podemos respirar unos bailes más?". Abrí los pulmones del alma y me puse a flotar por la pista, sin cuerpo, sintiendo sólo la ligereza de una respiración bailando.
Desde entonces cierro a menudo los ojos cuando salgo a la calle, voy al trabajo o me paro en algún semáforo. Inspiro hondo y suelto el aire, estoy respirando en secreto mientras dejo esbozado algún baile de tango.
Gracias, Alfonso.

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