martes, 29 de julio de 2014

TANGOGRAFÍA XXXI:

¿Y QUÉ ES UN TANGO?- Últimamente le rondaba esa pregunta en el trayecto a casa a las dos o las tres de la madrugada. La cuestión aparecía justo después de un cúmulo de experiencias variadas relacionadas con este baile.

Cuanto más bailaba, y más gente conocía, mayor era la idea de que el tango era algo cargado de impresiones y necesidades muy diferentes. Así que era muy peligroso recogerlo todo por igual cuando se citaba esa palabra.

Fue así como descubrió al cabo de las semanas que el tango era para unos principalmente un medio para relacionarse, para romper la rutina o conocer gente nueva. Daba igual, pues, que fuese este baile u otro cualquiera. La gente se emperifollaba y se animaba para encontrarse y quedar, huyendo de la soledad. Era gente que por encima de todo buscaba la hermandad.

Luego estaban aquellos que probaban bailes. Que llegaban al tango inevitablemente después de haber practicado otros ritmos, otras técnicas, otros ambientes. Muchos de ellos alternaban los bailes: viernes tango, domingo salsa y jueves lindy-hop, por ejemplo. Los tenían en democracia y sin preferencia alguna. Sabía por intuición que este tipo de gente, tarde o temprano abandonaría y se dedicaría a otra inquietud o novedad sin que el tango hubiese dejado una huella más profunda que otro baile cualquiera.

También había quien en el baile le daba por comunicarse, por saber de ti... ¿Qué tal la semana?¿a qué milongas fuiste últimamente? Tienes cara de ser de no-sé-dónde... sin olvidar los que quieren ligar mientras bailas e intentan conseguir a toda costa el número de teléfono, facebook, cita o email. Este grupo en concreto era el que más concentración le exigía, pues, mientras escuchaba las palabras, intentaba captar al mismo tiempo la música y mantener un sentimiento adecuado, que se diluía entre racionalidad y pasos.

Y existía también esa tribu de los que se sentían a gusto mandando y dando órdenes a su pareja. Les encantaba dirigir y que el otro se amoldara a sus ideas. Eran los criticones, los expertos, los exigentes ajenos y con nula capacidad autocrítica. Eran los que pensaban que la pista de baile era como un gobierno que necesariamente debía pasar por su revisión, quién sabe si huyendo de su condición diaria de explotados o bien reforzando su rol del explotadores. Mejor dicho: eran los jueces y gobernantes del tango (por no decir tiranos). Dentro de este grupo también había quien quería ser estrella o protagonista en medio de la pista. El síndrome holliwoodiense, pero en espacio limitado.

Y todas estas actitudes, necesidades y objetivos no estaban mal. Ella pensó si acaso, algunas de éstas no se desarrollarían parcialmente también en su persona, pero aún así sentía que ninguna de éstas era la primordial. Y eso marcaba la diferencia que empezaba a vislumbrar con escándalo secreto entre un tipo de tanguero y otro tipo de tanguero.

Para ella ponerse los zapatos era mágico. Empezaba el cosquilleo de poder bailar. Era un amor por el baile. Esas ganas incontrolables de mover los pies. De que suene la música, de que alguien te saque, de saber amoldarte, de imaginarte cómo te vas a entender en un nuevo baile donde los pasos no siempre son los mismos, donde cada música y persona es diferente, donde no sabes aún siquiera lo que vas a sentir ni a manifestar. Le gustaba la idea de la complicidad, de crear algo en conjunto sin normas establecidas, de expresarlo desde adentro si el otro también está. Le gustaba esa idea de ir acompañada en el viaje, el reto del qué saldría, del abrazo en una sociedad que no se toca pero que constantemente escribe o dice "Un abrazo".

Y fue descubriendo así el sentido del tango en ella. Fue dándole forma hasta encontrar una imagen concreta para ese baile. En realidad era como un pozo en el que siempre había agua. Esa agua era ella, así que el tango era una vía para su autoconocimiento y también el canal de su expresión. Supo esto y vio que necesitaba más lenguaje para comunicarse: más técnica, más pasos, más atención, más observación, más experiencias. Tenía claro una cosa: había que avanzar para esa búsqueda personal y de expresión. No quería repetir año tras año, canción tras canción, pareja tras pareja siempre el mismo tango.

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