martes, 29 de julio de 2014

TANGOGRAFÍA XXVI:

 La música del tango tiene ese don de apagar el interruptor de mi consciencia. Ebria de algo que ya no soy, me desplazo instintivamente por la pista, abandonada en los brazos de algún hombre, anestesiada de placer, fluyo, vuelo, abro los ojos hacia adentro. Siento que entro en la verdadera realidad: soy ese inconsciente sabio. Allí me encuentro.

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