jueves, 19 de enero de 2017

TANGOGRAFÍA (19/01/2017)

¿Y SI NOS TOMÁRAMOS CON SERIEDAD LA GRAN LABOR DE ENSEÑAR TANGO?

En esta semana ya van dos ofertas de clases de tango que yo no he solicitado: una para unas clases mientras bailaba con un amigo de quien las dictaba y otra oferta, sin consentimiento y por intromisión en mi correo personal (a saber cómo encontraron mi dirección).
Tanta insistencia en una semana me ha hecho cuestionarme este tema y llegar a una firme conclusión: "¡Malo! Cuando el profesor te busca o te persigues sin que tú lo solicites... hay algo que no huele bien o no es agua clara... ¿será el negocio, quizá?¿Será que en el grupo hay pocos?¿Será que quieren que tenga más éxito su escuela o milonga...? Porque lo normal sería que cuando un alumno está interesado en recibir clases vaya él a buscar al profesor que le interesa o que busque publicidad de las ofertas, y no a la inversa.
Empieza a molestarme un poco esta moda e inercia de atreverse todo el mundo a dar clases de este baile. De manera humilde, antes de lanzarse cualquiera a esta misión, uno debería preguntarse si está realmente preparado para ello, y preparado en dos cosas: 1) en experiencia del baile y 2) para saber enseñar.
Quizá es que mi profesión como docente me hace cuestionarme estas cosas casi a diario. Tener alumnos a los que enseñar, si quieres hacerlo bien, es una gran responsabilidad. Y enseñar lo que es el tango, fuera de un baile de moda, con toda la complejidad cultural, musical y de consciencia corporal y de movimiento aún es mayor responsabilidad. Porque de esos profesores depende, así como del buen criterio y la consciencia de los alumnos, que el tango del presente y el futuro sea algo hermoso y profundo, en vez de un baile superficial, que se aprende rápido, de cualquier manera y sin personalidad.

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