lunes, 8 de septiembre de 2014

TANGOGRAFÍA 127: EL DÍA EN QUE SABRÁS BAILAR



Suena una música y el primer interruptor que se te enciende es la imaginación. Entras en una especie de trance arrollador y te sorprendes bailando con una fluidez... llevas el compás, los pies se deslizan con elegancia y ligereza, entiendes a tu pareja a la perfección, te salen unos voleos de vértigo y todo lo que haces en el baile, todo, todo... es una sorpresa oportuna: ¡Anda, mira que bien ha quedado esto aquí en este golpe de campanilla, o este vuelo de pierna con el violín...!
Pero no todo es este baile feliz que sirve como autopropulsión, luego llega el cuerpo y te jode el plan. El cuerpo es ese ser anciano con achaques, del que constantemente debes ir tirando: "¡Vamos, abuelo, que llegamos tarde en el compás, arrastra usted los pies como si cargase sacos de tierra, esos voleos además parecen coces y le viene a usted pisando desde hace un rato su compañero!"
Si no fuese por el cuerpo, el baile sería tan bello... pero le faltaría la casa al baile... Por eso hay que seguir mejorando ese hogar, hacer que la imaginación se alíe con esa carne y esos huesos que un día, con técnica, llegarán a ser más ligeros. Yo sólo me digo a veces con esperanza "Ya verás, imaginación, lo bella que te vas a ver el día en que te atrape el cuerpo". Será el día en que por fin sabrás bailar un tango.

TANGOGRAFÍA 128:

Aquel baile era nuestro escondite secreto. Lo guardamos todo en la música, pero ambos sabíamos en silencio la verdad.

TANGOGRAFÍA 139: "LA CULPA FUE DEL DJ"

Abres tu sonrisa y entro, sin preguntarme nada. Dices "Qué bonita música están poniendo hoy". Cierras los labios, suena otra pieza y empiezas a bailar. Siento tu alegría entrando por todo mi cuerpo y extendiéndose por la sala. Una inquietud me dice que estoy encerrada allí, en tu sonrisa, cautiva y libre en el lado interno de tu alma.

TANGOGRAFÍA 138: "PASO A PASO"

Todo comenzó a raíz de un comentario "Debes relajar aún más la cadera". Sí, eso ya lo sabía, lo entendía, pero seguía sin hacerlo... Entonces le pregunté: "¿Y cómo lo hago?"
El profesor me agarró de los brazos y, mientras nos movíamos hacia adelante, me explicó: "Primero practica un paso, cuando ya tengas controlado un paso relajado, da dos pasos, cuando domines esos dos pasos da tres... y así progresivamente hasta que aprendas a caminar..."
"¡Qué bella lección!"- pensé, quizá parezca evidente, pero ¿acaso hay muchos que la practican? Entonces me vino a la mente todo ese aluvión de gente que quiere aprender pasos rápidos, salir a bailar con un montón de cosas mal aprendidas... Abrí mi libreta de apuntes y anoté: "Nada sólido y de calidad se construye en escasos días y sin esfuerzo, todo es gradual". Aquel hombre me había enseñado una gran lección aquella mañana de forma muy sencilla: había que pisar bien a tierra, había que poner correctamente los pies en el suelo para tener algo sólido y relajado, había que olvidarse de los castillos en el aire y de las florituras, lo primordial era bailar con unos buenos cimientos en cada baile.

TANGOGRAFÍA 137: "SE HACE TANGO AL CAMINAR"

(A G. por su bello caminar...)

No deja de tener su parte cómica el hecho de que te apuntes a clases de tango. Comienzas el primer día y te enseñan la caminata. Te vuelves rígido, pierdes el equilibrio, separas las piernas, haces las mil y una piruetas increíbles, todo lo antinatural que se te ocurre, pareces un extraterrestre, o un pato mareado, practicas la artificialidad en la pista, practicas lo imposible y acrobático, hasta que un día, pasado un año o más (a veces hay gente que ni se entera...) te viene la revelación: "¡Anda! Si lo que estoy haciendo es caminar..." Te emocionas, lloras de felicidad, aunque es una tontería, piensas: "¡joder! pues anda que no llevas años haciendo eso con naturalidad". Entonces te preguntas "¿Sólo era eso lo que tenía que hacer?" Y te respondes con una gran sonrisa: "Sí, sólo TODO eso". La consciencia del caminar con todos sus detalles, el propósito de mejorar la pisada con una elegancia exquisita, el placer de pisar sensualmente y de comunicarse con los pies, sólo de pensarlo se te abre un mundo nuevo tremendamente interesante... TODO un mundo secreto en una sencilla caminata. Eso ya lo saben los buenos bailarines. A estos los descubrirás, no por todas sus figuras y pasos, sino en el sencillo y bello acto de caminar.

TANGOGRAFÍA 135: "HAY QUE SALIR A BAILAR CON LOS COMPLEJOS"

Yo tuve dos complejos: uno se llamaba pie izquierdo y el otro pie derecho. Tenían los dedos redondos y cortos, las plantas anchas y estaban adornados por venas que parecían atadas a un tobillo ancho, robusto, como el tronco de un roble. A menudo los disimulaba ocultándolos cómodamente en algún zapato de punta redonda que no llamase excesivamente la atención. No cabe decir que comprar zapatos era un martirio y que lo que menos me apetecía era encontrarme con un sinfín de zapatos bonitos en las zapaterías todos acabados en una punta de Kilimanjaro con un tacón altísimo e imposible que daba mayor inestabilidad a mi pronunciado puente en el pie.
Viví con mis complejos muchos años. Estuvieron cómodamente ocultos hasta que un día me dio por aprender a bailar tango. Al principio, yo sólo me fijaba en las parejas, en un todo envolvente propiciado por un abrazo. Pero poco a poco fui descubriendo horrorizada que muchas de las miradas de los milongueros expertos y curiosos iban a parar a los pies. "¡Qué tragedia! -pensé- a medida que bailes mejor más se van a fijar en esa parte de tu cuerpo que menos te agrada...esto sí que es una auténtica desgracia..."
Durante los primeros meses, yo ocultaba mis complejos en unos zapatos de baile cerrados, negros y con un taco más grueso, nada sexy, me pareció una buena estrategia para despistar...
Pero iba avanzando en mis aprendizajes y llegó el momento en que pensé "o dejas de bailar, o te cortas los pies o conviertes los complejos en otra cosa y sigues con lo que te apasiona..."
Dejar de bailar no quería, cortarme los pies me parecía una medida drástica, así que tomé la decisión de empezar a lucir los complejos.
Poco a poco fui mimándolos, apreciando su utilidad y el placer que me daba redescubrirlos. Los enfundé en zapatos cada vez más bellos, me fijaba en la forma en que los apoyaba en el suelo gradualmente, deleitándome con cada caricia al piso o gozando su disposición en un adorno.
Y fue tal la fascinación que un día en un baile, ante una música increíble mientras me ponía mis zapatos de calle, salí a la pista descalza ante la invitación de un gentil bailarín. Descubrí entonces que mis complejos eran maravillosos, que independientemente de como fueran me proporcionaban la magia de bailar.
Llegué aquella noche a casa extasiada, pensando que en la vida lo mejor era bailar con los complejos, airearlos, mostrarlos, convertirlos en otra cosa. Nadie es perfecto y aceptarte como eres te hace fuerte, libre e invencible.

TANGOGRAFÍA 134:

Dejo aquí un consejo sabio que alguien me dio el otro día: 
" Cuando salgas a bailar con alguien, con el que sea, sal si tu corazón te lo pide, si tus pies tienen ganas de moverse y si quieres entregarte realmente a esa persona para disfrutar del tango".