lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 82:

SAN PUGLIESE, AMÉN (*)

¡Qué gusto bailar con un músico! Son personas que se toman la música como algo sagrado, que respetan cada detalle de lo que está sonando: el compás, el ritmo, la letra, la sensación que provoca...
A T. y a mí nos tocó una ronda de Pugliese. Era la primera vez que bailábamos. Mientras sonaban los primeros compases y nos disponíamos a cerrar el abrazo, él me dijo: "Oooh, nos ha tocado lo mejor ¡San Pugliese!" . Lo dijo emocionado, dirigiendo la vista hacia la pared de la Yumba, donde estaba colgada la fotografía de este autor. Sonreí y le contesté: "Pues mira tú qué casualidad... desde que un tanguero me dijo que era la 'chica Pugliese' este tipo no ha parado de perseguirme..." Se puso la mano en el bolsillo y sacó de su cartera una fotografía suya, que guardaba con recelo y como reliquia. Luego cerramos el abrazo y nos pusimos a bailar.
Yo no sé si serán los tangos del destino, pero aquella ronda resultó mágica, era como si fuésemos dos piezas de un puzzle que encajan, dos Puglieses complementarios, un Ying y un Yan bailando tango. Dejamos todo en la pista ¿Cuánta vida o cuánto sentimiento cabe en una sola canción interpretada? Tuve la certidumbre de que recogía en unos pocos minutos toda una vida, de que hablamos mucho sin hablarnos, de que nos quedamos vacíos y exhaustos de volcar tanto sentimientos en una sola canción.

TANGOGRAFÍA 81:

Bailar es hermoso, pero tomar consciencia del baile es aún más hermoso. Ser consciente de cada detalle, ir por partes: eso es saborear el baile y retenerlo dentro.
Ayer descubrí una cosa que me encantó bailando una canción de d'Arienzo: era la sincronía de la pisada con la música, que el pie cayese justo en el momento en que sonaba una determinada nota fuerte y que el peso de la pisada fuese más intenso o menos según la nota y su duración. La música era rápida e interrumpida y ahí caía el pie como un péndulo en el momento exacto en que sonaba el "chan", era una sensación mágica, de cosquilleo, ¿llegaré justo, llegaré...? era como tocar unas teclas de piano con los pies, o como explotar globos en la pista. Empecé a coquetear con la música, me gustó ese juego de parar justo en el momento y luego continuar, como en el "un dos tres pica-pared" pero con un poema, una pareja y un sentimiento.

TANGOGRAFÍA 78:

 Como en las bibliotecas, cuando uno entra en las milongas debería estar callado. Quizá haya que inventar ese cartel en el que aparece una boca con el dedo en vertical y unos zapatitos de tango y una música decorando la señalización, no sé exactamente... pero en definitiva algo que diese a entender este mensaje: "Silencio, baile, o contemple el baile, pero no distraiga. Las tertulias puede comenzarlas en una cafetería o en un bar".
Digo esto porque últimamente, cuando me siento a observar, que es lo que ahora pretendo en las milongas, alguien se me sienta al lado a disertar, a mantener una de esas conversaciones que no se acaban nunca... y ahí estoy yo, viendo como los bailes y los pasos del momento desaparecen como si fuese el agua que se traga un desagüe.

TANGOGRAFÍA 77:

Hay dos palabras que me encantan del tango: "fluir" y "avanzar", son términos muy arraigados a mi estilo personal.
En el tango, como en la vida misma, hay dos tipos de personas: las que se conforman con lo que han adquirido y las que siempre están insatisfechas y quieren aprender aún más.
Esto determina que haya unos bailes de tango cuya experiencia es parecida a tener un matrimonio rutinario y aburrido, y que haya otros que parezcan auténticas conquistas donde no sabes a priori qué pasará.
Últimamente, cuando bailo, tengo esta impresión, a veces acabo una ronda y me digo "estos bailes eran como un matrimonio" y otras veces me alegro y me entusiasmo y digo "¡Guau, menudo reto, cuánta improvisación y complicidad, esto sí que ha sido un tango!"
Me muero de ganas por caerme, tropezar, machacar el meñique o la planta de mi pareja, pegarle una patada, torcerme un tobillo... no sé, algo de aventura y riesgo, que me sirva para avanzar y dejar de lado la rutina de los mismos pasos en músicas tan distintas.
Cada música es un viaje interesante y es triste ver todas esas aventuras pasar mientras permaneces sentadita en casa, sin riesgos y sin variedad.

TANGOGRAFÍA 76:

"Las edades del tango"

Lo pensé esta tarde "Aprender a bailar tango es parecido al proceso de dibujar en determinadas edades".

Al principio el bebé garabatea sin que se reconozca lo que dibuja, busca motivos básicos y los asocia a un nombre. Así hace el bailarín en su primer contacto con el baile, le va poniendo nombres a bruscos movimientos, y empieza a decir: "esto es una caminata", "esto un paso básico", "esto un equilibrio"... aunque diste mucho de ser algo de esto. Los veteranos lo saben, pero le siguen el juego y con una sonrisa tierna valoran su esfuerzo.

Luego viene esa fase en que el niño, más o menos a la edad de tres años, empieza a jugar con los garabatos, y disfruta imaginando y creando sus propias historias. Al igual que el bailarín empieza a combinar figuras básicas para jugar con la música y su pareja. Quizá esta sea la primera fase de placer y libertad, lamentablemente truncada, por la siguiente etapa: la de la infancia insatisfecha.

Es aquel momento en que volvemos a salir de nosotros y tomamos también como referente la realidad. Es esa etapa de los siete u ocho años en que el niño dice "No sé dibujar", y el bailarín se plantea "¿acaso sé yo bailar?" en esa intención de mejorar, de ser más exigente, de tener ya más idea de todo. Es entonces cuando empiezas a repetir "no me sale esto", "no me sale lo otro" y dices que no eres bueno... allí donde sentías un movimiento de baile que te generaba placer, ahora ves un culo salido, un codo de lucha libre, un pie muy alejado del eje y un sinfín de cosas más que tienen que ver con la mejora consciente.

Luego vendría, supongo, una etapa rebelde, de encontrarse uno mismo en medio de la incertidumbre y de innumerables modelos y referencias de las que querrás alejarte, como corresponde a una típica adolescencia.

Menos mal que la vida nos ha enseñado que luego llega la madurez, y allí ya eres tú, en el baile, en el dibujo o en lo que sea. Vuelves a encontrar el placer, te aceptas y después de un largo viaje, sabes por fin lo que tienes que expresar, y de qué forma o con qué movimiento, necesariamente, se tiene que expresar.

Sea como fuere, el aprendizaje es inagotable, cada etapa tiene algo bello si tomas consciencia de que, haya más obstáculos o menos, progresas.

TANGOGRAFÍA 75:

 En el fondo un baile no deja de ser una interpretación, cada música tiene su personaje a representar, un sentimiento que vestir, al que dar forma. Es una preocupación actual, hay bailes en el tango tan diferentes... no entiendo como hay gente que los baila todos igual y con los mismos pasos... hay algunos picaditos, que requieren de mucha energía en la pisada, de un tipo de pisada precisa y rápida (como si fuese una respiración entrecortada y acelerada) y otros románticos, lánguidos y suaves donde todo debería ser continuo, lento y liviano (como cuando uno está muy relajado). Otras veces el baile es muy triste y te tienes que morir en el baile, tu cuerpo debería estar muy pesado, como si te arrastraras y en otras situaciones la música te sugiere alegría y todo tiene estar cargado de vigor. En definitiva, que no se debería bailar por inercia, sino tomarse cada pieza de una manera muy especial, como si te diesen un papel a representar y tú te preguntases cómo hago esto para que parezca bien verosímil..., y el en tango es fácil porque si lo piensas y lo sientes eso enseguida se transmite.

TANGOGRAFÍA 74:

 Lo malo de estar sentada, o lo bueno, en una milonga es que en el momento más inesperado te puede sorprender un interrogatorio de alguien que está en la mesa contigua: 
-¿Y tú con quién has aprendido tango?¿Y tú de qué estilo de tango eres?¿del tango milonguero, del canyengue, del de salón, del fantasía, del nuevo tango...? (¡Buuuffff!!! Una apenas está aprendiendo a comunicarse con los pasos básicos y ya le andan con estas preguntas...)
- ¡Pues, ummnnnn... aún no sé... explícame, a ver!¿En qué se diferencian?
(escueta explicación que me abre la curiosidad y me deja con dudas)
- Pues sí que hay... ¿noooo...?
(Y yo que aspiraba a encontrar mi estilo propio y ahora resulta que primero tienes que pasar por uno de los grandes estilos y definirte en eso).
Son cosas que pasan cuando te atrae por sorpresa el tango. Sientes más ganas de bailar que no de no estar con milongas teóricas que te definan. Al menos de momento. Aunque tampoco está mal saber el territorio dancístico que pisas de cara a otros posibles interrogatorios. Pero mientras esas respuestas no lleguen, pueden preguntarle al tango de qué estilo soy.