martes, 5 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 127:

 "EL ABRAZO DE LOS ABRAZOS"

Muchas veces se ha dicho que lo más bello del tango es el abrazo. Quizá será por eso: que se ha repetido tantas veces, que nos olvidamos de la magia del abrazo.
Me encanta ese ritual consciente, hacerlo lentamente. Rodear una espalda como si acogieses a alguien, suavemente, pero con firmeza, como si le dieses la bienvenida a ese desconocido, sosteniendo un poco hacia arriba, como quien invita a volar. Es un gesto que te hace sentir que ese baile será ligero y especial.
Luego el contacto con el torso ajeno, como quien se tumba suavemente en una cama. Estás en manos de un desconocido, ¡qué miedo!¡qué placer!¿Te maltratará bailando o será considerado? Aún no lo sabes, pero te dices que lo mejor es ser proactiva y confiar... sí, te convences, seguro que ese hombre desconocido te va a tratar como a una reina, hasta que se demuestre lo contrario... ¡Qué cosquilleo, qué bella sensación saber que sonará la música y que vas a construir un baile especial con alguien! Un baile inolvidable, de esos que te llevas a casa y recuerdas después de mucho tiempo.
Y mientras piensas todo eso y lo sientes con detalle, el caballero te ofrece la otra mano: cierras los dedos, cierras el abrazo, cierras los ojos. Sientes cerca los latidos, la tibieza de un cuerpo, la respiración, un perfume, un entusiasmo, un carácter en forma de movimiento. Ya sólo queda comenzar: mejor suave, que no arrastrar ya en la primera nota a tu pareja por la pista, mejor en silencio, que no contándote las mil y una historias que ensordecen la canción, mejor volcando algo de emoción, que no actuando como vigilante de patrulla por la pista.
Este primer momento del abrazo es fundamental, en eso se va o se gana el baile. A mí me gusta comparar ese momento con algo parecido a tomar una taza de café: hay quien le da dos tragos a la taza y ya está y hay quien se abandona al placer de tomar con consciencia un aromático café.
Así que ya lo saben, señoras y señores tangueros: manotear, hablar, o coger a la pareja como si fuese una presa no genera el mismo placer que dar un buen abrazo. No hay prisas, el tango no es un sprint, quien se detiene al principio con algo tan placentero, ya se ha ganado un tanto por ciento muy elevado de ese baile.

lunes, 4 de agosto de 2014

TANGOGRAFÍA 126:

 " LA MAGIA DE SER EN EL BAILE UN VIOLONCHELO"

Era violoncellista, lo supe en la pausa cuando comentó "Pugliese es el Beethoven del tango". Hice entonces el gran descubrimiento: aquél hombre me estaba tocando con la música como si fuese su instrumento. Era la primera vez que me sentí así: como un violonchelo. Movía mis piernas como cuerdas a diferentes velocidades y con distinto temperamento, clavaba y deslizaba a compás exacto mis pies por toda la pista.
Al finalizar la ronda él me dijo: "Si desde pequeñita te ha gustado el violonchelo debes de probar, nunca es tarde..."
Entonces le expliqué la sensación que acababa de vivir:
"¿Sabes qué? Acabo de descubrir bailando algo mejor: quiero ser toda yo un violonchelo, un instrumento entero que sienta con la música, que quiera sincronizarse y que se mueva en cada vibración de unas notas y una voz. Si esta caja de madera tuviese carne y huesos cuando la tocas seguro que se sentiría como yo".

TANGOGRAFÍA 124:

 "NOS OLVIDAMOS DE LA MAGIA"

A menudo nos preocupamos de la superficialidad del baile en exceso y nos olvidamos de lo mágico del tango. Hay tanto humano y cultural en este baile... y en cambio, la gente hace el tonto centrándose en los pasos. Lea antes sobre la cultura argentina, profundice en el porqué y encuentre una relación común y existencial, sumérjase en sus sentimientos y en su identidad, así como en los de la gente que baila con usted o en las milongas. Si no entiende esto, nunca podrá entrar en el mundo del tango, usted sigue una moda, está ciego y hace el paripé. Es como viajar a un sitio dos días en bus turístico, no conoce realmente la ciudad, pero usted en su ignorancia se queda bien, se dice y explica a los demás que ha estado allí y que lo ha visto todo o casi todo. El baile empieza en el momento en que usted conecta con su yo interno y con la cultura. Y si abre esta puerta, y tiene paciencia y tiempo, descubrirá el lado mágico del tango.

TANGOGRAFÍA 122:

 "NO ME TOQUES LOS ADORNOS"

De una forma impulsiva y con cierta dosis de furia, Geraldina explotó un día: "¡Basta, Edgardo, deja ya de tocarme los adornos!" que era una forma sutil de decir "No me hinches más las narices o las pelotas y ve a lo tuyo". Consideraba que "adornos" era un buen término para el tango y que éste se adecuaba mejor al tema que despertó su irritación.

Edgardo llevaba casi un mes insistiendo: -¿Y los adornos?¿Has aprendido ya adornos?¿Los estás poniendo en práctica mientras estamos ensayando?
Ella no entendía la insistencia repentina ni por qué Edgardo metía las narices donde nadie le había llamado. Desde que escuchó decir a una profesora de tango "Los adornos son un tiempo de libertad que tenemos las mujeres para expresarnos" consideró que ese asunto era una cuestión muy suya, y que ella ya encontraría el momento oportuno para expresarse libremente y para estar cómoda con sus adornos.

Edgardo, en cambio, parecía sufrir con la decisión de su compañera de baile: la calma, el perfeccionamiento, la preocupación previa por la técnica, la conexión y musicalidad le parecían un avance demasiado lento para sus grandes propósitos... Debía encontrar urgentemente una estrategia para hacer cambiar de opinión a esa mujer. Probó entonces el método altruista:

- No creas que lo hago por mí, Geraldina - dijo con tono amistoso- es más, te estoy haciendo un favor. Me estoy olvidando de mi baile y me centro en el tuyo. ¿Qué otro hombre se sacrificaría así? Quiero que bailes bien bonito y que la gente diga en las milongas: "Mira qué bien baila esa mujer, mira qué adornos más bonitos hace..."

Geraldina le vio enseguida los dientes al lobo Edgardo. Nada le molestaba más que un individuo hipócrita que intentase aprovecharse de la gente para sus propósitos, y especialmente para lucirse.

Un día sin más, decidió resolver el asunto. Mientras Edgardo le planteaba el aburrido tema de siempre, Geraldine le preguntó:

-¿Tú has oído hablar de Adolf Loos?

- Ni idea, Geraldina, ya sabes que no domino el tema de las orquestas y de los bailarines de tango...
(En realidad era una pregunta retórica, pues lo sorprendente hubiese sido que Edgardo supiese que era un arquitecto de principios del s.XX nacido en la República Checa...)

- Pues creo que va a ser un tipo muy importante para ti...

- ¡Ah!¿sí...?¿Por qué?

- Escribió un artículo titulado "Ornamento y delito", y donde dice "ornamento", Edgardo, puedes poner "adorno"... (Tras un breve silencio incómodo de desconcierto)

- Pues no entiendo... ¿qué tiene que ver este libro y este tipo con nuestros ensayos o con el tango...?

-Es raro que no le encuentres enseguida la conexión... Loos comparaba los "adornos" con los tatuajes de los presos. A este arquitecto le parecía que un "adorno" mal puesto era una barbaridad, una aberración, algo similar a un crimen... ¡lástima que este tipo no se interesase por el tango!¿Sabes? Tengo la impresión de que Loos habría puesto a los asesinos tangueros en su sitio. Lo que no me queda claro es qué papel tendrías tú en esta nueva versión del artículo, Edgardo, no sé si serías un asesino tanguero o bien un adorno muy grande que le haría sombra al baile. Eso tendrías aún que pensarlo... céntrate en eso, querido, y deja de tocarme ya de una vez "los adornos"...

TANGOGRAFÍA 121:

 "LA PAREJA DE BAILE QUE TE MERECES"

Lo más difícil del tango, como en la vida, es hacerte respetar como persona y como bailarina. Creo que a veces las mujeres perdemos el norte, principalmente cuando comenzamos en este mundo, parece que nuestro objetivo es que nos saquen más hombres y bailar más. Así se vende y así se cree, yo también caí al principio en este planteamiento erróneo.
Con el tiempo te das cuenta de que lo prioritario es preguntarse: "¿qué estoy buscando yo en este baile?" Lo digo porque esto puede evitarte un sinfín de enredos y confusiones.

Hace unos días un compañero de milonga me comentó en broma: "Algún día bailarás con los que están en el otro extremo de la pista, con los de la zona VIP... jajajajaja". A mí la verdad es que aquel comentario, más que causarme risa o parecerme un cumplido, me generó repelús. No estaba en mi lista de aspiraciones ese propósito, sinceramente, me daba cuenta de que mi deseo no era bailar con gente que domina una técnica pasando por alto mi valor como persona, o bien con gente que no entrega algo profundo al bailar. Me parecía humillante ir persiguiendo un baile con un hombre que me ignorara a priori por mi nivel. Es más, se me hacía que el hombre era tonto por fijarse sólo en eso... yo estoy, sin duda, por encima de todas esas cosas, el baile es mucho más que imitar pasos como un mono, requiere de un sinfín de habilidades personales que no todos los expertos tienen.

He bailado ya con bastantes hombres, y de momento tengo claro lo que me hace sentir bien: yo busco en el baile la parte humana, la conexión, la entrega. He vivido esta experiencia con hombres que comenzaban y también con maestros de muchos años (gente humilde y cercana sin aires de soberbia) . Así que hay que tener mucho cuidado cuando se cita la cuestión de los niveles, a mi entender es una actitud prejuiciosa. Supongo que quien la practica tiene esa inseguridad de no ser buen bailarín en el fondo (porque el buen bailarín baila bien con cualquiera y se adapta a todo) y porque, en el fondo, vive viendo su baile desde el exterior, sin contemplar la posibilidad de que el baile es disfrutar y sentir algo con alguien y aceptar el reto de la novedad.

Luego está ese otro tipo de hombre que no te respeta porque le parece que hay gente increíble bailando y entonces te rebaja comparándote con ellos. Pero lo cierto es que tú no quieres entrar en ese juego de comparaciones, sabes entonces que ese tipo de personas viven mirando y juzgando, y lo peor, no creo que con ese carácter débil lleguen a encontrar su estilo personal. A lo sumo serán copias de esas personas tan admiradas. Y serán esa masa criticona y rígida en las milongas.

Y ya por último, encontramos los dos especímenes peores. El que te saca para llenar un baile, sin ningún interés ni implicación, y el que te saca para lucirse, llámese narcisista. Éste último, además de anularte completamente o convertirte en la mujer florero, se mostrará insatisfecho y te exigirá que hagas adornos que él quiere y figuras hipercomplicadas que, en el caso de no seguir, luego te dará una lección, o bien aprovechará la propia pista para ello. Es un tipo peligroso, porque en el fondo quiere una bailarina brillante para canalizar su frustración como bailarín.

A mi entender, un baile puede convertirse en algo tóxico si se produce alguna de estas situaciones que he citado. Nunca hay que perder de vista todo lo que vales y puedes dar, si alguien cree lo contrario, o busca excusas diversas, es sencillamente porque no es la pareja de baile que te mereces.

TANGOGRAFÍA 120:

 "BAILAR TANGO PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD"

Suelen decir lo contrario, se habla del beneficio de los abrazos, de que el tango fortalece los músculos, bombea mejor el corazón, modela la cintura y sube la autoestima, entre muchas otras ventajas. El tango parece el medicamento milagroso para ahorrarse uno el gimnasio y tener una figura envidiable.
Sin embargo, hay que tener cuidado, podría usted contagiarse de ciertos virus tangueros que rondan por las pistas. Los efectos de éstos suelen aparecer la misma noche, siendo los dolores más fuertes al día siguiente. De hecho, usted sentirá como si se le hubiese caído un bulldozer encima, una grúa o un autobús lleno de pasajeros. El dolor agudo se concentra en las rodillas, tobillos y en la espalda, soltando lamentables "ay, uy" cada vez que usted intenta mover levemente su cuerpo.
Sabrá que ha encontrado un virus tanguero gravemente perjudicial para su salud cuando alguien se le eche encima todo el tiempo y usted lleve el peso de los dos, cuando alguien le atrape como un muerto dejando el cuerpo muy rígido y guiándole con mucha fuerza con la mano, cuando alguien con el triple peso y altura que usted le envíe autopropulsada hacia el otro extremo de la pista y usted use el triple de fuerza en sentido contrario, también cuando se encuentre un hombre que parece un flan y usted sea el eje y el equilibrio de los dos.
Un virus suelto genera una leve molestia. Ahora bien, cinco virus seguidos, pueden dejarle secuelas para toda una semana. Téngalo en cuenta y alterne los bailes, si no queda otro remedio. Su salud es lo primero.

TANGOGRAFÍA 117:

 "EL PRINCIPITO DEL TANGO EN MI SALÓN"

(A Claudio, por concederme la libertad al bailar)

No sé muy bien, de qué planeta vino, pero estaba allí, plantado en mi salón. Había corrido todos los muebles aquella mañana y lo esperaba en mi casa para practicar. En principio, era yo quien debía guiarle, darle consejos en este mundo del tango que él apenas comenzaba a tantear. Le hablé deorquestas, de códigos y de un sinfín de detalles por los que una mujer tanguera podría odiar a un hombre en la pista. Le mostré parejas excelentes, vídeos y estilos de milonga y tangos. Él escuchaba absorbiéndolo todo, con curiosidad, con respeto. E incluso tuvo la cortesía de aguantar que le corrigiese en los pasos básicos: cuenta, junta tobillos, cierra...
Pero era de esperar que un ser así, en el más mínimo respiro reaccionase para encontrar y contagiar su rico mundo interior.
En un momento de ausencia aprovechó para ver en mi ordenador una pareja que interpretaba un tango nuevo. Allí me lo encontré absorto y maravillado, frente a la pantalla.
- ¿Ves lo que quiero decir? Él propone algo y ella le responde, están creando un baile y un diálogo. Es tremendamente aburrido tener que cargar con una mujer pasiva cuando bailas un tango. Da igual si es ligera o si la sostienes encima, no deja de ser un monólogo, un acto supremo de dominación machista. Yo quiero que la mujer me seduzca, me explique cosas bailando, que use el lenguaje del cuerpo para hablarme de sentimientos...
- Pues la bailarina sumisa es lo que la mayoría desea, C., eso te lo puedo asegurar, cuanto mejor te adaptes, mejor te considerarán - comenté desilusionada.
- Eso es porque los hombres por lo general no saben escuchar. ¿Y por qué le das importancia a lo que piensan los demás a la hora de bailar? Debería de importarte bailar con alguien que entienda y sienta el baile, no deberías de bailar con cualquiera.
Saltó del taburete y en un segundo se puso en el centro de nuestra pista de baile. Se movía como un mago del movimiento, al ritmo de la música, manteniendo el equilibrio y haciendo adornos a compás.
-¿Ves? Es tan sencillo como dejarte llevar por lo que te sugiere la música. El tango sale de dentro, de lo que sientes con esto que está sonando, junto a la energía y conexión que te transmite tu pareja. Es un concepto básico de la danza contemporánea y del teatro: emociónate y emociona a tu pareja y despierta la emoción de quien te observa. Ven para aquí, no quiero saber nada de pasos, invéntate los movimientos que te sugiera la música, junto al bailar conmigo, sin la teoría que te han enseñado, no quieras ser una copia de nadie, ni un estilo definido.
Así descubrí como el tango es un juego, el juego de ser tú, de liberar emociones, de interpretar papeles diversos para el otro, un baile donde no pasa nada si te equivocas porque todo vuelve a comenzar. Y lo más importante, aquel principito extraño me concedió por primera vez la libertad de crear y de ser yo al bailar.
Era un niño del tango, pero había descubierto el secreto y la magia del baile que la mayoría de los adultos tangueros ignoraban.